Próximamente la nueva Asociación de Antiguos alumnos UESD comenzará su andadura.

Su Director, Ángel Castaño, nos la presenta.

Corría el año 1984 cuando pisé por primera vez las aulas del Seminario Conciliar de la Diócesis de Madrid-Alcalá, para cursar el Ciclo Institucional en el Estudio Teológico que ya llevaba el título de San Dámaso. Desde entonces he sido testigo del crecimiento de aquella comunidad académica y eclesial, que ya resultaba muy estimulante para los que allí estudiábamos, la mayoría de los cuales éramos seminaristas, aunque no todos, pues ya había laicos estudiando entre nosotros. A lo largo del tiempo he ido siendo testigo de los sucesivos acontecimientos que jalonan su historia, del cambio de sede, de la incorporación de nuevos centros académicos, de la integración de los mismos y del crecimiento institucional hasta la erección de la Universidad Eclesiástica San Dámaso, en 2011.

No ha sido, como se puede comprender, un recorrido puramente institucional. Los proyectos no caminan solos, siempre son obra de personas, de muchas personas, algunas bien conocidas por su responsabilidad pública y, las más, anónimas pero del todo necesarias. Lo que siempre he reconocido en todos estos años es algo que nunca se debe dar por descontado y que continuamente debemos agradecer: el clima humano de cooperación, de cordialidad, de afecto mutuo; el deseo de contribuir a un bien mayor que el meramente personal y la conciencia viva de que lo académico y lo eclesial no deben, no pueden, ir por separado.

El enriquecimiento de los programas académicos, la dotación de más y mejores recursos pedagógicos y científicos, la búsqueda de la calidad han ido acompañados del crecimiento de la comunión eclesial, del mutuo conocimiento e intercambio de dones y carismas , del clima fraterno de amistad que ha reinado, aunque lógicamente con tribulaciones e imperfecciones. Ha sido fundamentalmente una historia de intercambios humanos, de relaciones personales, de enriquecimiento mutuo a través del conocimiento y del afecto.

Parece natural y obvio, por tanto, que llegue el momento de enriquecer institucionalmente la universidad con la creación de una Asociación de Antiguos alumnos que sirva de testigo, en primer lugar, de esta historia humana de cooperación y amistad. Puede ser una realidad viva y variada, dado el número de alumnos que tenemos registrados -tres mil novecientos ochenta y cuatro- desde la erección de la Facultad de Teologia y contando con las cuatro Facultades, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas y las Cátedras especiales de Misionología y Vida Consagrada. A este dato habría que añadir la variedad de las procedencias tanto geográficas (están representados los cinco continentes) como eclesiales.

La primera y más obvia finalidad de la misma es preservar y ampliar en profundidad el tesoro de relaciones que cuajan en los años dedicados al estudio. El estudio solo resulta fecundo en un clima de confianza y amistad, y la sabiduría crece sólo en la medida en que la razón -conciencia y corazón- se abre a los demás para escucharlos con afecto. Se trata de la amistad que -especialmente en tiempos antiguos- fue valorada siempre como indispensable para el crecimiento personal y también para la consecución de la sabiduría. “No se ha de olvidar que también la razón necesita ser sostenida en su búsqueda por un diálogo confiado y una amistad sincera”, decía san Juan Pablo II en Fides et Ratio. Sería una pérdida considerable que los momentos fecundos de nuestro pasado no pudieran permanecer en el presente de algún modo y no sólo en la memoria. No se trata sólo del vínculo entre universidad y alumnos, sino de garantizar y hacer posible el contacto entre todos y cada uno de los que formamos parte de esta historia.

En la vida de la única y católica Iglesia, estos vínculos personales se resuelven también en conocimiento sobre las realidades en las que se encuentran las respectivas iglesias particulares en las que cada uno está inserto de un modo u otro. Para el trabajo teológico no es en absoluto irrelevante conocer las situaciones, los problemas y desafíos, las respuestas que el Espíritu va suscitando en otros lugares del mundo.

Queremos que sea, en primer lugar, una plataforma que posibilite información actualizada sobre el devenir pastoral y/o profesional de nuestros antiguos alumnos. También de los eventos personales que cada alumno quiera compartir (cumpleaños, aniversarios…) que permitan estrechar los lazos del mutuo conocimiento personal. Para ello queremos también incorporar los medios técnicos que permitan la conversación personal en vivo y en directo entre unos y otros, en conversación privada o conversación de grupo.

Será ocasión también para compartir noticias relevantes tanto eclesiales como sociales o políticas de los diversos lugares donde nuestros asociados vivan. Esto es -en el mundo de hoy- una inmensa posibilidad de conocimiento directo de los hechos, pero también, y sobre todo, del modo en que los juzgamos y valoramos a la luz de la fe que compartimos, así como ocasión de estrechar el vínculo de la solidaridad.

Inquietudes, publicaciones, intervenciones públicas de nuestros asociados… podrán aparecer y discurrir para interpelarnos a todos y para ser ocasión de un intercambio que se promete rico y variado. Los asociados que así lo deseen podrán publicar online sus trabajos académicos para bien de todos.

Otras iniciativas irán surgiendo, tales como concursos de literatura narrativa, o de fotografía, o de ensayos teológico-pastorales. Como toda realidad naciente, la Asociación necesitará y valorará las aportaciones personales y sugerencias de los Asociados.

Estos podrán también aprovechar los recursos virtuales que la universidad pone en marcha: correo electrónico propio, acceso a la biblioteca y a las bases de datos, información de primera mano sobre la vida de la universidad y de los actos académicos… De este modo serviremos también a la formación permanente de los alumnos. Se entregará a cada uno un pin de la Asociación y una beca que podremos usar (al menos para las fotos) en los encuentros que puedan realizarse. Dada la variedad de lugares de procedencias, encuentros de todos los alumnos serán difíciles, aunque no descartaremos la posibilidad de encuentros regionales.

Ya está preparándose el lanzamiento de la Asociación. Una sección nueva en la página web de la universidad dará la información oportuna para todo aquel que desee asociarse, aunque los antiguos alumnos serán avisados también por correo electrónico o postal. Dispondremos para ello de una plataforma virtual específica que posibilite todo ello, que está todavía en fase de implementación.

He sido encargado por el Excmo. Sr. Rector, D. Javier Prades de la coordinación y dirección de la Asociación. Le agradezco muy sinceramente la confianza otorgada, así como agradezco a un pequeño grupo de alumnos a quienes he pedido ayuda. Quiero desde aquí animar a todos para que esta proyectada y nueva realidad institucional sirva también para dar a conocer la rica realidad humana, eclesial y teológica de nuestra universidad, ante los cristianos de tantas comunidades dispersas y, muchas de ellas, sufrientes. Los lazos del afecto y de la fraternidad necesitan concretarse para no perderse en una especie de filantropía religiosa abstracta que esteriliza el corazón. Solo este contacto vivo asegura la verdadera comunión en la Verdad a la que aspiramos y que cumple el deseo del corazón. Me gustaría terminar con una exhortación de Claudiano Mamerto, uno de los últimos representantes de la patrística occidental: “Ama a tu Dios,en tu Dios, ama a tu amigo, imagen de tu Dios. Y que también él, amando a Dios, te ame en Dios. Si ambos buscáis lo que es uno, si tendéis a lo que es uno, estaréis siempre cerca uno del otro, porque os habéis establecido en lo que es uno”.

Me pongo, con estas líneas a disposición de todos.

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Angel Castaño Félix