Acogidos en parroquias: San Miguel Arcángel

La parroquia de San Miguel Arcángel (Carabanchel) acoge desde hace años a sacerdotes de la Diócesis de Huambo (Angola) enviados por su obispo para completar sus estudios en la Universidad Eclesiástica San Dámaso. Recogemos el testimonio del párroco Miguel Ángel Torrente y del sacerdote y alumno de la UESD, Alcino Henrique Chingueta. Publicados originalmente en el número 4 de la revista institucional de la Universidad.

Un apoyo en el trabajo pastoral y estímulo para escuchar siempre al Señor

Me preguntan qué significa la presencia del padre Alcino en nuestra parroquia. ¿Qué puedo decir? Quizá lo mejor sea que hablen los hechos. Hace casi tres años que nos acompaña nuestro hermano angoleño, y allá donde se acerca se cruzan las sonrisas de sacerdote y feligreses. Alcino trae una alegría limpia y fresca que contagia allá donde va. Intuyo que es la alegría con la que África se hace presente en nuestra parroquia.

En estos años ha compartido muchas cosas de su querido país, Angola, y de cómo vive allí la Iglesia. En este sentido su colaboración en las campañas del Domund y Manos Unidas, entre otras, han conseguido que muchos sintieran este continente hermano muy cerca. Pero, ha sido, indudablemente, ese aire fresco y limpio que acompaña a D. Alcino lo que más nos ha hecho recibir a África y a su Iglesia en el corazón. Su ministerio entre nosotros estos años ha agrandado los horizontes de nuestra parroquia. San Miguel de Carabanchel ha cruzado el mar y somos conscientes de que nuestra vida de fe está también en Angola gracias al padre Alcino.

Como párroco me parece que es una gran riqueza nuestra colaboración con la diócesis de Huambo. La presencia de sacerdotes en formación académica nos da la oportunidad de colaborar en la misión a través de nuestra sencilla pero profunda aportación en la formación de los presbíteros que pastorearán a nuestros hermanos africanos. Me parece éste un modo muy fecundo de comprometernos con la misión y, además, de enriquecernos también los que peregrinamos en San Miguel.

Esta preciosa comunión se traduce en un montón de pequeños e importantes servicios para los fieles de
nuestra parroquia. Desde la atención entrañable a los enfermos, como la dedicación al confesionario y en las misas, o el servicio en el cementerio hasta la colaboración en catequesis o con los jóvenes hay muchas cosas valiosas y bellas que no se ven. De todas ellas me quedo con la caridad serena y pacífica que D. Alcino irradia en la presencia cotidiana entre nosotros. No se ha escondido en su casa, ni se ha limitado a sus estudios académicos, sino que ha seguido siendo pastor para los fieles y compañero y apoyo cercano y valioso para mí.

Creo que esta experiencia de convivir y compartir el ministerio con hermanos de otros países es muy buena tanto para nosotros, los sacerdotes, como para la comunidad parroquial entera. No sólo por el mutuo intercambio de bienes, tan propio de la vida cristiana, sino también y de modo singular, por el crecimiento en la experiencia viva que todos hemos tenido de la catolicidad de la Iglesia y de la belleza de la comunión. Se contagia corazón a corazón la espiritualidad de comunión de la que con tanta belleza y pasión nos hablara san Juan Pablo II en su carta apostólica Novo Millenio Ineunte.

Por eso, doy gracias a Dios por el padre Alcino. Ha sido un don para todos, también para mí en esta etapa nueva en la que la Iglesia me confió este hermoso ministerio de servir a todos como párroco. Tenerle cerca en este tiempo ha sido apoyo en el trabajo pastoral y estímulo para escuchar siempre al Señor y remar mar adentro buscando siempre el bien de las almas y el crecimiento de la comunión eclesial. Por todo ello, Alcino, ¡gracias!

Miguel Ángel Torrente Vigil Párroco

Estudiar en la UESD es una gracia y una alegría

Soy un sacerdote de la Archidiócesis de Huambo-Angola enviado por mi obispo para estudiar Teología catequética en la UESD, lo que considero una gracia. Llevo dos años y seis meses en Madrid. Los primeros días fueron duros. En el primer semestre estudié para aprobar el Bachiller en Teología, y tuve dificultades con el idioma y la adaptación. En febrero de 2016 empecé la licenciatura en Evangelización y Catequesis.

He sido destinado a la Parroquia de San Miguel Arcángel de Carabanchel, donde fui acogido afectuosamente por entonces párroco, D. José Andrés Silva y su coadjutor D. Miguel Ángel Torrente, ahora párroco. Esta parroquia está llena de vida: niños, adolescentes, jóvenes y mayores. Es abierta y acogedora, con gente maja y muchísimas actividades para ayudar a la gente a encontrase con Cristo.

En el día a día, por la mañana voy a la Universidad, por la tarde los lunes y miércoles, tenía clase de idioma. Después vuelvo a la parroquia para celebrar la misa y a ayudar a la gente a encontrarse con Cristo misericordioso en el confesionario. En la parroquia, como humilde servidor, acompaño el grupo de visitadores de enfermos y mayores, que nos reunimos en los primeros y terceros lunes de cada mes. Los sábados o domingos visito, confieso y llevo la comunión a los enfermos y mayores. Cuando hay entierro celebro las exequias. El años pasado también di catequesis a un grupo de confirmación.

Estudiar en la UESD es una gracia y una alegría. Después de una experiencia pastoral en mi diócesis, el Señor ha querido enviarme a Madrid, a través de mi obispo, para estudiar teología catequética, una especialidad que me gusta. He tenido buenos profesores. Colegas de diversas partes del mundo, Europa, África, América Latina y Asia, que me han ayudado mucho a sentirme como persona amada y querida. Hasta he sentido el cariño, la cercanía y la amistad de muchos de los trabajadores. Y ahora me toca escribir la tesina de licenciatura.

Lo que he aprendido, conocimientos y experiencias, lo llevaré conmigo para servir humildemente al Señor en mi tierra. En la parroquia, el trato alegre, la ayuda de los sacerdotes, la cercanía, los consejos, particularmente, de José Andrés, antiguo párroco y de Miguel Ángel el nuevo párroco, me hacen sentirme feliz. El trato con los niños, adolescentes, jóvenes y mayores también me ayudan mucho a no sentirme solo, abandonado.

Todo esto me hace compartir la alegría del Evangelio, que nace del encuentro con Cristo (cf. EG 1). Comparto esta alegría, sobre todo con aquellos que necesitan de quien les escuche, con las personas tristes. Cuando voy a visitar a los enfermos es una oportunidad de llevar a Cristo a las periferias de la vida. Con todos en la parroquia intento ser un instrumento de paz, de cariño y de amor, y ellos me hacen sentirme parte de una familia que es la Iglesia.

Alcino Henrique Chingueta Epalanga

Estudiar Máster / Licenciatura en Teología

Étude Théologie à Madrid, Espagne