Alumni de San Dámaso cuenta su testimonio desde Tanzania

Tumsifu Yesu Kristu,

Este es uno de los saludos propios entre los católicos de Tanzania. Es lo primero que dirán al
saludar y, después, ya vendrán los demás saludos que nos son familiares: “Buenos días”, “¿Cómo
estás?”,… Significa algo así como “alabado sea Jesucristo” o “glorifica a Jesucristo”. La respuesta
adecuada a este saludo es “milele. Amina”, que quiere decir: “por siempre. Amén”. Otro saludo
que suelen hacer es: Kristu; a lo que se responde Tumaini letu. También pueden empezar al revés
y entonces se contesta “Kristu”. Significa que “Jesús es nuestra esperanza”.

Como ya sabéis, llevo algo más de un mes en esta Diócesis de Bunda, Tanzania, y quiero compartir con vosotros algo de lo que estoy viviendo, puesto que sé que estáis deseando tener noticias.

Bunda pertenece a la Región de Mara, al noroeste de Tanzania, y es capital de distrito. Esto
quiere decir que, dentro de que es una zona rural, vivo en una ciudad de cierta importancia. El
distrito está dividido en 28 territorios, por decirlo de alguna manera, y nosotras vivimos en
Nyiendo.

Desde el punto de vista eclesiástico, el papa Benedicto XVI erigió la Diócesis de Bunda el 27 de
noviembre de 2010. Se separaba así de la diócesis de Mwanza, aunque sigue perteneciendo a esta
archidiócesis. Hablamos de una extensión de 5530 km 2 . Forma parte de la diócesis todo el distrito
de Bunda, Ukerewe y todas sus islas (más de 30) y dos parroquias de Musoma.

Su primer obispo fue Mons. Renatus Leonard Nkwande, desde el 27 de noviembre de 2010 hasta el 11 de febrero de 2019, fecha en la que fue nombrado Arzobispo de Mwanza.

Actualmente, es el Administrador Apostólico de la diócesis. Aproximadamente hay 1 sacerdote por
cada 14.200 personas. Hasta donde yo sé, que no es mucho, en la propia ciudad de Bunda estamos
presentes seis congregaciones religiosas.

La gente aquí, por regla general, es muy amable y enseguida le hacen sentir a uno que está en casa. Nos han invitado a ir a varias casas, pero todavía no hemos podido ir a visitarlas todas; hemos empezado, algún fin de semana a visitar las casas de los niños que vienen a jugar aquí por la tarde.

Me da mucha alegría ver cómo viven aquí la conciencia de comunidad eclesial. Están organizados en jumuia, que es una agrupación de 10 o 15 familias; kigango, es una agrupación de jumuia y donde se celebra la misa los domingos. Por decisión del obispo, un kigango puede convertirse en parroquia, lo que supone, entre otras cosas, tener un presbítero viviendo en esa zona. Pues bien, hemos participado en la celebración eucarística de distintas parroquias y vigango (es el plural de kigango) y siempre me llama la atención ver cómo entre todos preparan la iglesia o el espacio preparado para la celebración y como, sobre todo en los vigango, se espera a comenzar la Eucaristía a que la asamblea esté reunida (a veces lo que hay que esperar es a que llegue el sacerdote).

En las celebraciones importantes, cada uno tiene asignado un sitio. En una semana hemos
podido participar en dos ordenaciones sacerdotales. La primera fue en la parroquia de
Manyamanyama (no os preocupéis, el obispo también se trabó varias veces pronunciándolo).
Todas las religiosas tenemos un sitio reservado, cerca del presbiterio y el resto de la gente está
organizada en función de la parroquia a la que pertenece. Esto significa que para estas ocasiones,
hay realmente un movimiento de gente, porque no vienen solamente de alrededor, sino que
también viene gente de las parroquias más lejanas. Cuando termina la celebración (unas cuatro
horas) se da a todo el mundo de comer, aunque todavía no sé muy bien cómo se organizan para
eso.

La segunda ordenación fue a la semana de haber llegado, y era en Ukerewe, la isla más grande de las que hay en el lago Victoria. Fuimos el viernes por la mañana, en el ferry nosm juntamos con gente y sacerdotes de otras parroquias de tierra firme. Para el alojamiento, nos distribuyeron entre varias parroquias y colegios de la isla; a nosotras nos tocó en Nansío y la ordenación era en Itira. Esto, en la práctica, significa atravesar la isla de un extremo a otro. Se me había olvidado decir que la celebración comienza con la oración de vísperas el día antes (como es lógico). Vísperas cantadas, pausadamente y sin prisa; esto puede durar alrededor de la hora. Al terminar nos dan de cenar y luego cada uno vuelve a su lugar de alojamiento. La ordenación era el sábado por la mañana. Íbamos tranquilas sabiendo que era imposible llegar tarde, ya que fuimos a Itira en el coche del Sr. Obispo. Para este día me habían pedido que leyese la primera lectura (en suajili), a lo que yo accedí; leer es muy sencillo. Al finalizar la celebración, se me acercó mucha gente para felicitarme, y su sorpresa no fue pequeña al descubrir que no sabía hablar más allá de darles las gracias.

Otra cosa que me impresiona mucho y me llena de consuelo es el silencio en el lugar en el que
se va a celebrar la Eucaristía. Como ya he dicho, esta gente es muy cordial, y saludarse es casi
como un ritual con los saludos y las contestaciones adecuadas para ese saludo. Cuando llegas a un
grupo no basta con decir un “Hola, ¿qué tal?”, así en plan general, sino que hay que saludar
personalmente a cada uno de los presentes. Pues bien, cuando la gente va llegando para la misa (a
algunos niños los recogimos en el coche de camino, para ahorrarles un trecho de caminata) se crea
este alegre encuentro (estoy hablando de las 6:30 de la mañana o de las 7:00), pero en cuanto
cruzan el umbral de la puerta, el silencio es absoluto. Lo que desde fuera puede parecer un
granero, se convierte en morada del cielo porque, aunque en los vigango no haya sagrario, es el
lugar en el que se va a hacer presente Jesús por medio de la celebración de la Eucaristía.

Hemos estado alojadas durante un mes en la casa de formación de los preseminaristas, hace
apenas una semana que nos hemos mudado a la casa (que sigue estando en el mismo recinto que
la casa de formación) que nos presta el obispo hasta que podamos construir la casa de ejercios.

Pues un día salimos a caminar con dos de estos formandos para ir conociendo la zona. Nos
preguntaron que hacia dónde íbamos y contestamos que hacia donde ellos quisieran y decidieron
que caminaríamos hasta la parroquia de Nyasura (otro de los territorios del distrito de Bunda). Nos
pareció bien y echamos a andar (tengo que decir que está a algo más de 4 km de distancia del
lugar en el que nosotras vivimos; creo que la ciudad de Bunda tiene unos 7 km de radio, pero esto
no lo puedo asegurar). Cuando íbamos de camino nos avisan que vamos a comer allí. Eran
alrededor de las 11 de la mañana (u hora quinta, según el modo de contar el tiempo aquí, del que
hablaré más adelante) y se suele comer sobre las 12:30 del mediodía. Yo pregunté si nos íbamos a
presentar, así sin más, cinco personas a comer siendo tan tarde. La respuesta que me dieron fue
que la Iglesia es nuestra casa. Uno puede ir, venir, comer, pasar a saludar,… y que eso se puede
hacer en cualquier parroquia. Lo cierto es que es lo que he visto este mes en la casa de formación;
aquí vienen a desayunar o cenar con absoluta libertad. Cuando llegamos, teníamos la mesa
preparada para los cinco (el párroco ni siquiera estaba en la parroquia ese día) y a Mama Anna, la
cocinera, dándonos las gracias por haber querido ir a comer a Nyasura. Para ir aprendiendo las
costumbres (y los caminos) a la semana siguiente me autoinvité a comer a Nyasura, esta vez
estando el párroco, porque decía que le debíamos una visita.

Cuando nos mudamos a nuestra casa provisional, había que hacer limpieza porque acababan
de terminar la obra y llevaba seis meses deshabitada. Nos ayudaron dos de los pre-seminaristas,
toda la tropa de niños (unos 20) y los dos gatos. El sistema consistió prácticamente en sacar todos
los muebles al jardín, unos lavaban las cortinas, otros limpiaban los muebles y los demás
convertimos la casa en una piscina con jabón y comenzamos a frotarlo todo y poco a poco ir sacando el agua. Entre medias de todo este alboroto, los gatos danzaban por la casa a la caza de
lagartos, salamandras y escorpiones; un verdadero festín.

He hablado antes de la hora; aquí vamos con el ritmo solar. Aproximadamente tenemos 12
horas de día y 12 horas de noche todo el año. Empieza a amanecer a las 6:30 de la mañana; esto
significa que la primera hora del día son las 7 de la mañana, saamoja en suajili. Así pues, nuestro
reloj va desde la hora primera hasta la hora duodécima y sólo tienes que especificar si es del día o
de la noche. Para hacer la conversión con cierta facilidad me es de gran ayuda pensar en latín:
hora tertia (9), sexta (12) y nona (15); estas tres horas me sirven como punto de referencia.

Y hablando del suajili, tengo varias anécdotas. Ya soy capaz de entender conversaciones
cotidianas, como describir lo que se ha hecho durante el día y también puedo expresarme, todavía
un poco ortopédicamente aunque se me entiende, en el mismo nivel. Pero en el proceso de
aprendizaje pasa un poco de todo. Todavía no llevaba una semana en Bunda cuando pensé que
había aprendido a ofrecer algo de beber. Pues bien, estamos de visita en una casa, sacan las
bebidas y las dejan encima de la mesa. A mi lado tengo un sacerdote con un brazo en cabestrillo y
yo pienso que es mi oportunidad para preguntarle lo que quiere de beber y acercárselo a su sitio.

Lanzo mi pregunta y veo que, sin perder la compostura, mira al seminarista que tiene sentado al
lado, me miran los dos y me pregunta: “¿sabes lo que acabas de decir?”. Yo ya me había dado
cuenta, cuando cruzaron la mirada, que algo no marchaba según lo previsto, así que me apresuré
a explicar, en inglés, que había querido preguntarle: “¿quieres beber soda?”. Me contestó
diciendo: “Sé que has querido decir eso, pero realmente lo que me has preguntado es ‘¿Estás
cagando soda?’. La carcajada que solté fue muy buena y solo entonces, cuando vieron que yo me
tomaba bien la equivocación, sintieron que podían reírse y lo hicieron a gusto. En castellano puede
parecer que hay un abismo entre una y otra, pero en suajili la diferencia entre “unakunywa”
(¿quieres beber?) y “unakunya” es mínima.

Otra graciosa fue cuando me preguntaron: “¿Has entendido? (umeelewa?) y yo, en lugar de
responder ‘nimeelewa’ (he entendido), dije ‘nimelewa’, que significa ‘estoy borracha’.
El domingo pasado salí por la tarde a estar un rato con los niños, pero no podían jugar porque
estaban ensayando los bailes para la misa del domingo siguiente. Había una niña sentada leyendo
la biblia y le pregunté si le gustaba leer y me dijo que sí y que si yo sabía, dándome la biblia para
que leyese. Leí el pasaje que me señaló y me dijo que lo había hecho muy bien. Le expliqué que
podía leer pero que no entendía el significado de las palabras. Lo que vino a continuación me
conmovió muchísimo: la niña empezó, palabra por palabra, a intentar explicármelas poniendo
ejemplos o señalando cosas. Muchas cosas las comprendí, en parte porque conocía el pasaje, que
era el de Marta y María, y otras seguí sin entender nada, porque la explicación seguía siendo en
suajili, pero lo que me emocionaba era ver el esfuerzo que estaba haciendo esta niña de 10 años
para que yo pudiese entender la lectura.

Estos días están sacando sol el maíz para que se seque, pero esto supone que hay que estar
alerta, porque tener toda una manta de comida extendida en el suelo es una gran tentación para
los monos (tumbili) y si te descuidas, puede que no recojas nada. Gracias a Dios, los perros saben
muy bien cuál es su trabajo, y están todo el día haciendo la ronda. Los pobres se desesperan
cuando los monos suben al tejado o a los árboles, porque no les pueden alcanzar, pero por lo
menos los tienen alejados de la comida. Y os aseguro que tener 10 monos saltando encima del
tejado, que es de chapa, es una experiencia bastante interesante, porque el estruendo es bastante ensordecedor: monos saltando y chillando y perros ladrando,… menos mal que por la noche los
monos no vienen y podemos dormir tranquilas.

Tendría muchas más cosas que contar, pero espero poder irlo haciendo poco a poco porque,
de momento, no tengo más tiempo. Estoy muy contenta, intentando recibir el regalo que Dios me
ha hecho al traerme aquí y esforzándome en aprender suajili, requisito indispensable para
plantearse cualquier tipo de pastoral. Seguid rezando por nosotras y por la fundación; yo rezo por
vosotros.

Bunda (Tanzania), 24 de julio de 2019

Almudena de Jesús Crucificado


HABARI ZA SIKU NYINGI?

O lo que es lo mismo, ¿qué tal estos días? La palabra habari significa ‘noticias’, así que cuando
quieren preguntar cómo estás o cómo anda el día, la tarde,… lo que te van a pedir es que les des las
noticias. Como curiosidad, una forma de preguntarle a alguien de dónde viene es decir: “habari za
wapi?”, que significa ‘¿noticias de dónde?’

Debo pedir disculpas, porque ya sois varios los que estáis pidiendo la crónica tanzana, pero
debo decir que no me es fácil encontrar un hueco lo suficientemente largo y tranquilo como para
ponerme a escribir; lo que quiere decir que, gracias a Dios, tengo mucho trabajo. El Señor Obispo
me ha pedido que les dé clase de latín, griego, español y espiritualidad a los preseminaristas, así que
la mañana del lunes a viernes las tengo completas desde hace dos meses. No tenemos una sala
apropiada para tener la clase, así que la damos en una esquina de la iglesia: apoyamos la pizarra
(que costó dos semanas conseguir) contra la pared, sobre un cajón para que esté un poco más alta y
ellos se sientan alrededor.

Como la actividad de las tardes es más variada, me cuesta un poco resumir cómo es el día a día,
pero voy a intentarlo. Por regla general, me levanto a las seis menos cinco de la mañana, de lunes a
domingo —aunque el primer despertar es a las cinco, con la campana de las hermanas carmelitas de
clausura, y el canto del gallo, que lleva unos días despistado con la hora y está cantando cerca de las
seis—. Rezamos el oficio de lecturas y laudes y vamos a misa al convento de Carmelitas de
Clausura (la mayoría de las hermanas vienen de la India). De lunes a miércoles la misa es en suajili
y de jueves a sábado en inglés; los domingos no lo sé porque nunca hemos ido con ellas, sino que
vamos al kigango (cf. carta anterior) que está cerca o acompañamos al sacerdote en su ruta matutina
por otros kigango. Después de misa desayunamos y a trabajar. Como ya he dicho, las mañanas las
dedico a las clases y las tardes son de actividades varias: desde clases de refuerzo de inglés,
catequesis o visitas a las comunidades. Comemos sobre las 12:30 y la cena es sobre las 19:30 o las
20:00, según lo que estemos haciendo o cuando terminemos la hora de oración personal y vísperas.
Después de cenar tenemos un rato de sobremesa y de trabajo y a dormir, que el día empieza
temprano.

En estos dos meses hemos tenido varias celebraciones: 12 años de ordenación de un sacerdote,
la fiesta de los alumnos de primaria que, después de la reválida, pasan a la educación secundaria,
una boda,… Procedo a narrar la boda:

Como la celebración iba a ser a las 10 de la mañana, pudimos rezar tranquilamente una hora
después de laudes, desayunar y prepararnos. A las nueve ya estábamos esperando junto con los
seminaristas, pero hasta las 9:30 no llegaron los coches. Nos acercaron a la Catedral y estuvimos
saludando y felicitando a la familia. La misa empezó un poco tarde, supongo que esperando a la
novia pero eso no lo sabemos. En la misma celebración ella, junto con dos niños, recibieron el
sacramento de la Confirmación.

Después de la Eucaristía, salimos afuera para recibir a los novios junto con la banda de música
y estuvieron bailando un rato alrededor de los novios (nosotras mirábamos y aplaudíamos) y
después preparamos la comitiva. En primer lugar iba una camioneta con la banda, que no paró de
tocar en ningún momento. Detrás iba el coche de los novios y detrás de ellos todos los demás
coches. Dimos una vuelta por Bunda, la banda tocando y los coches pitando con el claxon. La gente
de la calle se unía a nuestra alegría saludando, pitando,… Fuimos hasta la orilla del lago Victoria
para la sesión de fotos, pero no sé decir cuánto tiempo estuvimos porque no miré el reloj. Allí
conocimos a un grupo de niños y también tuve tiempo de estar un rato con ellos. En el camino de
vuelta repetimos la comitiva, esta vez hasta la casa de Benedictus, que era donde se celebraba la
fiesta. Cuando estábamos llegando salieron un montón de señoras y niños cantando, bailando y
andando al lado del coche.

Cuando el coche de los novios llegó hasta el patio de la casa, toda la gente inició una danza que
duró unos diez minutos, alrededor del coche, hasta que finalmente les dejaron bajarse y ocupar el
asiento de honor que tenían debajo de la carpa. La madre inició el encuentro con una oración y
luego empezaron los discursos y las presentaciones. No me acuerdo de si lo he contado ya o no,
pero como la repetición es algo muy ignaciano, más vale que sobre la información y no que falte.
Cuando organizan fiestas, dan por hecho de que no todo el mundo se conoce entre sí, por lo tanto,
cuando llega la hora de los discursos y las palabras a los homenajeados, lo primero que se hace es
una breve presentación. A veces se presenta cada uno y otras, como fue en este caso, son los
anfitriones los que presentan a los invitados por grupos.

Después de este momento fue la comida. Por orden, fuimos organizando la cola (nosotras
fuimos inmediatamente después de la familia) pasamos en fila delante de cada perola esperando a
que nos fuesen sirviendo la comida: arroz, algo de carne, verdura y plátano. Es costumbre invitar a
comer, no sólo a los invitados a la boda, sino también a todos los niños del barrio o a quien pase por
allí y se acerque a comer. Yo no sé cuánto tiempo estuvieron cocinando ni cuanta gente ayudó a
prepararlo todo, porque os aseguro que la cantidad de niños que se arremolinó, esperando su turno,
era muy grande. Nadie se quedó sin comer. Cuando terminamos, nosotras volvimos a casa porque
ya no hacíamos mucho en el resto de la fiesta.

La otra celebración en la que estuvimos fue en la del colegio diocesano (lo dirigen las hermanas
Misioneras Carmelitas), que coincidió con el día de la Exaltación de la Santa Cruz. Un poco antes
de las nueve comenzó la procesión desde el colegio hasta la catedral. Delante iban las niñas que
bailaban, seguidas de todos los graduados, que también entraban bailando. Y, a renglón seguido,
nosotras tres con las demás religiosas. Cerrando la columna iba la banda de música. Así que,
cuando nos encontramos metidas en la fila, no nos quedó más remedio que coger el ritmo al baile y
entrar igual que todos. Era sencillo: derecha, espera, izquierda, espera,… y así todo el rato hasta que
llegamos hasta nuestro sitio, junto con las demás hermanas de la comunidad.

No me entretengo en contar de nuevo toda la celebración de la Eucaristía, pausada, salvo por el
detalle que más nos llamó la atención. A la hora de las lecturas, el Evangeliario entró en procesión a
manos de un niño, que iba sentado dentro de un barreño (muy bien decorado) y llevado a hombros
por cuatro estudiantes. Detrás de este grupo había otros dos alumnos, que andaban de espaldas, con
sendas lanzas, impidiendo que el demonio (uno de los profesores pintado) se acercase a tocar la
Palabra de Dios.

La homilía me gustó, al menos lo que pude entender: les explicó que la palabra “graduación”
viene del latín y que significa paso, que es lo que ellos iban a hacer: dar el paso de primaria a
secundaria. Luegó pasó a hablar de la sal y les dijo que tenía una doble función, para conservar y
para sanar, y que así tenía que ser su presencia en el mundo como cristianos y su fe. El desarrollo
completo de la homilía todavía no soy capaz de entenderlo.

Al finalizar la misa volvimos al recinto del colegio (esta vez sólo iban bailando los graduados)
y pasamos a desayunar con las hermanas. Tomamos un café y para elegir entre chapati (una torta de
harina), mandazi (una especie de buñuelo) y una empanadilla cuyo nombre no recuerdo. Una vez
que terminamos, fuimos a ocupar nuestro sitio, en la carpa principal, dos filas por detrás de la mesa
presidencial, en la que se sentaba un profesor, la superiora y la directora, un invitado representante
del gobierno y los sacerdotes que habían celebrado la Eucaristía. Serían alrededor de las doce
cuando comenzó la ceremonia de la graduación. Cada clase tenía algo preparado: los más pequeños
cantaban alguna canción o recitaban algún poema; los más mayores demostraban lo que habían
aprendido, haciedo una exposición en inglés de distintas asignaturas: nos enseñaron el esqueleto
humano, con sus cartílagos y músculos, el funcionamiento del cerebro y el sistema hormonal.
Me gustaron mucho las últimas palabras que la directora dirigió a los niños, advirtiéndoles que
debían conservar la disciplina que habían aprendido en el colegio, que eso les prevendría de hacer
cosas que a la larga les iban a hacer mal. También les encomendó que siguiesen rezando el rosario,
como habían aprendido en el colegio y, sobre todo, que no olvidasen que la sabiduría que tenían que
buscar con más interés, es la que proviene de Dios.

Todo esto terminó como a las cuatro de la tarde, momento en el que pasamos a comer. Como
siempre, una fila por orden y, después de coger el plato, vamos pasando por delante de cada perola,
donde van sirviendo la comida: arroz, carne, pescado, plátano, patata, col hervida y sandía. No es
obligatorio servirse de todo, sino que puedes decir que no quieres más y pasar de largo (lo que no
sucede cuando visitas una casa, que hay que acabarse todo lo que te ponen). Al terminar de comer,
ellos siguieron con la fiesta, pero nosotras nos volvimos a casa, porque teníamos que hacer la
recarga de la electricidad, antes de que se nos cortase y estropease la comida de la nevera.
Podríamos decir que funciona algo así como el móvil; se recarga el contador de la electricidad
y mientras tengas saldo, tienes luz (sin contar los días que no tenemos porque se corta), por eso hay
que estar pendiente de recargar.

En otro orden de cosas, este mes hemos podido hacer una visita al Parque del Serengeti, una de
las reservas naturales más grandes del país. La ocasión fue aprovechando que llegó la nueva
hermana que va a formar parte de la comunidad y todavía no se había ido la que sólo había venido a
pasar tres meses, así que estábamos las cuatro.

A las 6 de la mañana celebramos la Eucaristía, que terminó a las siete menos diez y para
cuando llegamos a casa ya eran las siete. Como nota a pie de página diré que el cambio de hora
(normalmente es a las 7) fue un detalle de las hermanas carmelitas para que pudiésemos participar
en la celebración Eucarística antes del viaje (son ocho horas en coche) y que fue una misa rápida
para que no se nos hiciese muy tarde. La prisa por salir era para aprovechar mejor el día y porque se
ven más animales al amanecer que al mediodía.

Durante el viaje pudimos ver: impalas (animal parecido a la gacela), antílopes, ñúes, búfalos,
cocodrilos, hipopótamos, jirafas, cebras, babuinos, una hiena, avestruces, jabalíes, estorninos
soberbio, cercopitecos verde (aunque este mono, que en suajili se dice tumbili, lo vemos casi todas
las tardes en casa, como os contaré más adelante), águilas y varios hyrax de roca.

Todo esto lo vimos en cuatro horas de adentrarnos en el parque y otras cuatro de salida. Sobre
todo después de comer hubo un tramo largo en el que no vimos nada y ahí nos entró un poco el
sueño (entre el madrugón y el bamboleo del coche) pero nos espabilamos ante la vista de una
familia de babuinos. Paramos a comer en una loma preparada a tal efecto, con sus mesitas y unos
baños de estilo occidental que agradecimos mucho. De comer habíamos preparado tortilla de
patatas, taquitos de cerdo, aguacate y plátano. Comimos muy a gusto los cinco (el quinto es el
conductor del obispo, que es el que nos llevó a hacer la visita para que no tuviésemos que pagar a
una agencia de turismo, que ya suponéis cómo se disparan los precios).

Disfrutamos muchísmo todo el día, pese a que fueron ocho horas sentadas. Nos faltaron los
elefantes y los rinocerontes, pero en otra ocasión será. Vimos un león, pero estaba muy lejos y
tumbado, con lo que apenas se le distinguía entre la maleza, así que tampoco lo contamos como
visto (de todos modos, el P. Masondole dijo que mejor verlos tumbados, porque quiere decir que
tienen la tripa llena. En otras condiciones son muy peligrosos).

Hubo un día, antes de la visita al Parque, en el que estábamos tranquilamente sentadas de
sobremesa cuando vemos desde la ventana a uno de los sacerdotes venir corriendo a nuestra casa.
Traía un mensaje de parte del Señor Obispo, que acababa de llamar para informarnos que a poco
distancia de Bunda (él iba de camino a Mwanza) acababa de ver un elefante, por si queríamos
intentar verlo. Salimos corriendo con el cura, que nos llevó en coche, pero cuando llegamos al
punto que nos había dicho ya no se veía nada. De momento soy la única que ha visto elefantes, y
fue el día que viajé a Mwanza para recoger a la hermana que llegaba nueva; había unos 15
comiendo cerca de la carretera.

Antes de cambiar completamente de tercio, os tengo que seguir hablando de los monos, que
educadamente (o descaradamente) se autoinvitaron a hacernos una visita, no hace muchos días.
Después de comer nos fuimos a descansar un poco; normalmente, cuando vamos a descansar,
cerramos la puerta principal de la casa, pero dejamos la de la cocina abierta para que entre el aire;
hasta hoy nunca nos había pasado nada. La primera hermana que se levantó de la siesta, al salir de la habitación, se encontró con el siguiente espectáculo: tres tumbili (o cercopiteco verde) sentados
encima de la mesa comiéndose los cacahuetes. Los ha espantado como ha podido (salieron por la
ventana) y se fue a la cocina para cerrar la puerta. En ese momento que se dio la vuelta, volvió a
entrar otro descarado, no dispuesto a renunciar a su plato de comida. En ese momento, al segundo
grito de Arantxa, salí yo de mi habitación y terminé de espantar al último mono.

El balance final de daños es que se comieron casi todos los cacahuetes, rompieron un huevo y
se comieron media papaya, que estaba sin empezar. Además nos dejaron de regalo sendos charcos,
(ya os podéis imaginar de qué). Nos estuvimos riendo con la aventura todo el resto del día. Ahora la
hermana piensa que cada vez que va a entrar en la habitación se va a encontrar a los monos saltando
encima de la cama y, cuando lo pensamos nosotras, nos vuelve a dar la risa.

En agosto hice mi primera práctica de conducir: el secretario de la Diócesis tenía que hacer un
viaje a Kibara, pero entre un quehacer y otro, iba a tener casi una hora libre, así que me invitó a
acompañarle para, en ese rato, pudiese practicar con el coche. Cuando llegamos allí, me dejó en el
hospital, a cargo del sacerdote de allí (el de Kibara es el único hospital que hay en toda la diócesis),
mientras él iba a hacer su primera parte del trabajo. Aproveché el tiempo para conocer el hospital y
visitar a los enfermos.

Cuando volvió el P.Albert nos fuimos a un campo que había cerca de un colegio y allí empecé a
practicar a conducir. Empezó despacio, para ver cómo me arreglaba con las marchas y las medidas
del coche (por si alguien no lo sabe, aquí el conductor se sienta en el lado derecho y se conduce por
la izquierda; y los coches son grandes y muy altos, para evitar las rocas y los altibajos del terreno).
Cuando vio que con eso no tenía problema, empezó el examen de conducir: entra por este camino y
mete el coche entre esos árboles, sal de aquí marcha atrás sin pisar esa fila de piedras, curva cerrada
con puente estrecho en mitad de la curva, mantén controlados a los treinta niños que empiezan a
correr alrededor del coche cuando te ven aparecer, por dónde llevas el coche cuando tienes un frente
de socavones delante,… Estuvimos como 45 minutos en este plan, yo disfrutando como una enana
porque el coche iba como la seda. Al final me dijo que conducía muy bien, que sólo necesitaba
practicar un poco más y grabarme a fuego que tenía que circular por la izquierda.

Ahora sí, en otro orden de cosas, en estos dos meses hemos visitado dos veces las diez jumuiya
que pertenecen a nuestro kigango. Como son diez, esto supone dos semanas, porque cada una de las
comunidades nos lleva la tarde completa. Normalmente, salimos a caminar entre las 15:30 y las
16:00. Tenemos que esperar a que llegue el guía de cada zona, porque es el que conoce su parte de
la montaña y también las casas de la gente que pertenece a la comunidad.. Así que son 10 días de ir
monte arriba y valle abajo, visitando por casa. El paisaje es espectacular y las puestas de sol son
increíbles, con la pega que tiene ver la puesta de sol en la montaña, que quiere decir que se nos va a
hacer de noche cuando estamos a más de una hora de regreso (porque aquí es noche cerrada desde
las siete de la tarde), pero con los guías no hemos tenido nunca ningún problema. Estas visitas nos
permiten ir conociendo el entorno y la gente, poco a poco vamos comprendiendo las necesidades,
las dificultades, cómo es la vida ordinaria,… Todos están diciendo que necesitan más formación en
la fe y en la vida cristiana, por lo que estamos deseando poder aprender suajili cuanto antes para
poder ponernos a trabajar en serio (aunque ni siquiera el suajili nos abrirá todas las puertas, porque
he conocido a una señora que sólo habla sukuma. Es verdad que sólo las personas más mayores no
hablan suajili, pero me gustaría poder acercarme a todos.

Aunque me esté alargando mucho, no quiero terminar esta carta sin antes decir el motivo de
estas visitas. La primera ronda fue una visita pastoral del sacerdote, para conocer el estado de las
comunidades, sus necesidades,… pero esta segunda ha sido para hacer una colecta. Como ya os dije
en la anterior, ahora mismo tenemos Administrador Apostólico, pero estamos esperando que en
cualquier momento se nombre a un nuevo Obispo para la Diócesis. En resumen, lo que estoy pudiendo vivir aquí es la experiencia de lo que es la comunidad cristiana y cómo toda la Diócesis
está expectante aguardando este momento. Llevamos dos meses en los que todos los días hacemos
rezamos una oración, pidiendo al Señor que nos conceda tener un nuevo obispo y hemos visitado
casa por casa anunciando la situación de la Diócesis. Como ya he dicho, aquí, en las celebraciones,
todo el mundo participa y, después de la celebración, se dará de comer a todo el mundo. Si ya os
conté cómo fue una ordenación sacerdotal, no soy capaz de imaginarme lo que será una
consagración episcopal. Y todo esto requiere organización, dinero,… Me da mucha alegría ver la
sencillez con la que cada uno colabora, dando lo que puede: doscientos chelines, mil,… hay días que
la ofrenda es a título individual y otros que es de parte de la comunidad; a veces dan dinero y otras
una cabra, una gallina,…

Realmente estamos experimentando que toda la Diócesis se está preparando para recibir al
nuevo Obispo, y el clima es de oración, expectación y fiesta (supongo que para los que lo están
organizando, también de quebraderos de cabeza). Os pido, pues, que os unáis a nuestra oración, para
que el Señor nos conceda pronto esta gracia.

Todavía no hemos podido comenzar a construir la casa de ejercicios, aunque esperamos que
pueda ser pronto. Como algunos ya sabéis, en agosto celebramos el Capítulo General de la
Congregación, y con todos los cambios que eso supone, necesitamos un poco de tiempo hasta que
todo empiece a asentarse, aunque esperamos que sea pronto.

Seguid rezando por nosotras, para que aprendamos bien el suajili y para que seamos capaces de
discernir y llevar a cabo la obra que la Diócesis y la Congregación nos ha encomendado.
Mañana, 30 de septiembre, celebramos el fallecimiento de D. Pedro, nuestro Padre Fundador, a
él encomendamos nuestros deseos y necesidades para que se los presente al Señor.

Bunda (Tanzania), 29 de septiembre de 2019

Almudena de Jesús Crucificado

Asociación de Antiguos Alumnos de San Dámaso