Entrevista a Carlos Lévy: «¡No son lenguas muertas!»

Entre los días 12 y 13 de noviembre de 2018, la Facultad de Literatura Cristiana y Clásica San Justino (FLCC) organizó las XVI Jornadas de Filiación en los inicios de la reflexión cristiana que tuvo lugar en la Universidad Eclesiástica de San Dámaso de Madrid.

Como cada año, la experiencia de contar con destacados profesores en diversos campos de investigación no hace más que consolidar el prestigio de estas Jornadas, haciendo que aumente el deseo de profundizar en los temas que cada ponencia ofrece.

Entre los ilustres profesores que nos visitaron, es de destacar la presencia del Dr. Carlos Lévy. Su curriculum no deja indiferente a nadie. El profesor Lévy es profesor de Lengua y Literatura Latinas, especialista en filosofía helenística y romana, en la Universidad París-Sorbona.

Fundador del Centro de Filosofía Helenística y Romana, en 1995 en la Universidad de Paris-Val de Marne, actualmente es responsable del equipo de investigación “Roma y sus renacimientos”, que creó en 2002, con Perrine Galand-Hallyn, ahora Directora de Estudios en EPHE (4ta sección).

Es autor de numerosas publicaciones sobre Cicerón, Filón de Alejandría, antiguo escepticismo y retórica. También trabaja en varias versiones del escepticismo moderno y contemporáneo y sobre Michel Foucault.

Nacido en Tánger (Marruecos) y ciudadano francés, sus ojos siguen brillando cuando se tratan temas de su mundo sefardí o la sabiduría de la Torah y el Talmud, algo que se mantiene latente en sus estudios sobre Filón de Alejandría, según la Dra. Cayetana Johnson (UESD).

Entre sus publicaciones hay que destacar Cicero Academicus, Rome, 1992, Les philosophies hellénistiques, Paris, 1997, Les scepticismes, Paris, 2008, Genèses de l’acte de parole (éd. B. Cassin et C. Lévy), Turnhout, 2012, Devenir dieux, Paris, “Les Belles Lettres”, 2010. A raíz de su visita pudimos entrevistarle.

¿Qué le trae a Madrid?

Bueno, diré que regreso a Madrid puesto que mi familia es de origen sefardí. Dejó España en el siglo XV y se trasladó a Marruecos. Después, una parte de mi familia, mi madre, mi hermana regresaron a España cinco siglos más tarde, al final del siglo XX. Participa en las XVI Jornadas sobre la filiación que organiza la FLCC “San Justino”.

¿Cuál es su primera impresión?

Me parecen interesantísimas, de un alto nivel. Digamos que voces así no suelen oírse tanto en Francia. Ya sabe que en Francia tenemos una separación bastante estricta entre lo laico y lo religioso. No tenemos facultades de teología de Estado, salvo en Estrasburgo y unas pocas otras ciudades. Para mí es muy interesante oír otras voces sobre un problema fundamental como es la filiación.

Las voces, que en muchos casos son muy jóvenes…

Son muy jóvenes, sí. Estoy verdaderamente maravillado de ver el nivel de filología clásica, siriaca y otras. También del nivel de reflexión, la serenidad de estos jóvenes que plantean problemas muy difíciles, y que ellos descubrirán –por lo menos lo espero–: la filiación o la paternidad o la maternidad después.

Llama la atención la participación de jóvenes ponentes pero también la edad del público.

Sí, yo vengo de la filología clásica, de la filosofía antigua y llegamos a casos en los cuales los oyentes son los hablantes, o sea, no hay nadie que venga a oír o a participar. Aquí veo una presencia, una energía, un interés que son espectaculares y muy gratos.

En este contexto, ¿cómo valora que la Universidad Eclesiástica San Dámaso tenga una Facultad de Literatura Cristiana y Clásica?

La presencia de los estudiosos cristianos en la tradición de los estudios clásicos no me molesta. Es evidente que la literatura cristiana por lo menos en Occidente se construyó sobre el conocimiento de la literatura clásica. Esto me parece ser una evidencia. Ahora ¿cómo coexisten los dos? Pues hay varias posibilidades de hacerlas coexistir y lo que veo aquí pues me parece excelente.

¿Qué le parece que la Universidad apueste tan fuerte por la enseñanza de lenguas clásicas y otras orientales: georgiano, siriaco, armenio…, algo realmente excepcional?

Estuve durante ocho meses el año pasado en Jerusalén en la Universidad Hebraica en un grupo de investigación donde se investigaba la interrogación académica occidental sobre el self, sobre el yo. Fue tratada añadiendo textos rabínicos, talmúdicos –más o menos contemporáneos– y eso nos demostró la riqueza de un método.

Por lo tanto, primero: yo creo que la tendencia actual en ciertos países, como Francia e Italia, a olvidar las lenguas y las literaturas clásicas es un desastre. Es un desastre, pero a la vez yo creo que las literaturas clásicas deben mantener el rigor de su método, sus tradiciones filológicas y abrirse al mundo, abrirse a problemáticas actuales, abrirse a otras lenguas, a otras literaturas. No es renunciar. Es enriquecerse.

¿Cree que el estudio y conocimiento de las humanidades y de la filosofía son o pueden ser importantes para nuestra sociedad de hoy?

Yo creo que la pregunta podría ser reformulada de la manera siguiente: ¿es bueno para un ser humano ser amnésico? ¿Quién contestaría sí a esa pregunta? Nadie. En una época donde todo se sondea, ir a la calle con un micrófono y preguntarle a alguien ¿le gustaría a usted ser amnésico? Claro que no. Pues lo que es válido para los individuos, ¿no lo sería para las sociedades? Y a menudo se oye a propósito de tal o tal persona “¡Es increíble!, ¡qué memoria tan fantástica que tiene!”.

Bueno, muy bien, pues tengamos también al nivel colectivo una memoria fantástica. Y la paradoja es que ahora tenemos todos los instrumentos electrónicos que se pueda uno imaginar para que la transmisión sea más fácil, y la paradoja es que en el momento en el cual todo se hace más fácil pues se renuncia. Es absurdo.

Por tanto, en esta época de nuevas tecnologías estudiar latín o griego parece absurdo…

A veces se les tiene el respeto que se debe a los muertos o a las personas que son muy ancianas o muy enfermas. El respeto siempre es respetable pero yo creo que no necesitamos ese respeto, necesitamos vida, energía, entusiasmo, juventud. Y yo odio la expresión “Lenguas muertas”. No son lenguas muertas, son lenguas que viven con una descendencia increíble. ¿Que son el castellano, el francés, el italiano sino hijos de una lengua madre?

Volviendo a la tradición sefardí. ¿Cómo están actualmente los estudios sefardíes en los países como Francia? ¿Cómo podríamos colaborar nosotros desde la Universidad?

Creo que hay en Israel un gran afán por desarrollar ese tipo de estudios puesto que hasta ahora en Israel la tradición mayoritaria es sobre los estudios del judaísmo ashkenazi de Europa central y de Europa oriental. Yo creo que hay que hacer dos o tres cosas.

Primero, desarrollar el estudio del hebreo que es esencial no solo para los estudios sefardíes sino para los estudios sobre el cristianismo, es una cosa fundamental. Dos: Desarrollar intercambios, colaboraciones con universidades israelíes, con departamentos que desean multiplicar esos estudios. Y tercero: se ha progresado mucho en hacer que España tenga una conciencia más clara de su pasado cristiano, de su presente cristiano pero digamos de su pasado sefardí y árabe.

¿Cómo definiría al ser humano de hoy?

Digamos que la respuesta podría ser factual o normativa. En los hechos lo que vemos es, en una mayoría de los casos, un ser humano inquieto, un ser humano para quien todo va demasiado rápido, un ser humano lleno de interrogaciones, y para quien los conceptos tradicionales de naturaleza, de transmisión, también de respeto, de vergüenza, son conceptos que parecen peligrar.

La respuesta normativa la tenemos en la literatura latina en la frase célebre que se encuentra en el autor cómico Terencio pero que fue difundida y fortalecida por Cicerón: “Soy humano y nada de lo que es humano me es extraño”. Yo creo que más allá de esto no podemos ir, o sea, el humanismo es la conciencia de lo que tenemos todos en común a pesar del nuestras evidentes diferencias.

Viendo nuestro mundo, lo que nos rodea hoy ¿cuál sería su sueño?

Creo que mi sueño podría resumirlo en una palabra: Shalom, la paz. Mi nombre es Carlos, pero mi nombre hebreo, el de mi abuelo, el de mis antepasados es Shalom y, de manera algo extraña, nadie aparte de mi familia lo sabe. O sea, Shalom está disimulado detrás de Carlos. Y yo creo que pedir el mundo ideal sería excesivo. El mundo que yo desearía es un mundo en el cual Carlos y Shalom puedan convivir en una paz perfecta.

Muchas gracias por su tiempo. Espero que pronto podamos vernos aquí de nuevo.

Muchas gracias. Es siempre un placer para mí venir a Madrid, volver a casa y venir a esta nueva casa que es la Universidad San Dámaso.

Entrevista originalmente publicada en el número 5 de la revista institucional de la UESD

Filón de Alejandría. De Ebrietate. El uso de los tópicos filosóficos griegos