La revista Vida Nueva ha publicado una entrevista con el profesor de Mariología de nuestra universidad, Ángel Castaño, a propósito de la reciente Nota de la Doctrina de la Fe Mater Populi fidelis. En ella analiza con profundidad el sentido de algunos títulos marianos y su recepción en el momento actual de la Iglesia.
En relación con el término Corredentora, Castaño explica que la Nota “no lo condena directamente, lo desaconseja porque es confuso y porque —como ya decía Ratzinger siendo prefecto y siendo Benedicto XVI— es demasiado distinto al lenguaje de la Escritura y de la Tradición”. A su juicio, si se sustituye esa expresión por la de “cooperadora singular en la Redención”, se mantiene “una afirmación profundamente tradicional que la Iglesia sigue viviendo y enseñando en su liturgia y en su magisterio”.
El profesor subraya que para comprender el documento es imprescindible tomar en serio el testimonio del Nuevo Testamento, que afirma “un único y exclusivo Redentor del género humano”. Por ello, el término corredentora puede dar a entender una cierta igualdad entre María y Cristo, lo que “en el lenguaje actual se presta a confusión”. No obstante, aclara que la Nota “no pretende agotar el debate ni prohibirlo”, sino favorecer un camino de “respeto mutuo y caridad” dentro del diálogo eclesial.
Sobre el valor del documento, Castaño destaca especialmente su claridad y su referencia constante a la Tradición: “Su mayor valor es remitirse continuamente a los Santos Padres y mostrar cómo la Iglesia ha discernido con precisión lo que puede decirse de María”. Al mismo tiempo, señala la importancia de “valorar debidamente la devoción popular y el culto que la Iglesia tributa a la Virgen”, reconociendo sus matices y los límites que no deben sobrepasarse.
La entrevista aborda también el concepto de Mediadora de todas las gracias. Castaño reconoce que algunas expresiones pueden exigir una catequesis más precisa, pero recuerda que “la mediación de la Virgen María es un dato bien arraigado en la Tradición y en el Magisterio de la Iglesia”. Eso sí, conviene evitar posibles confusiones: no puede entenderse que María sea fuente de la gracia —algo que sólo puede decirse de Dios— ni es exacto pensar que media en todas las gracias. En cualquier caso, subraya que títulos como Madre de la Iglesia o Madre de la gracia mantienen plena vigencia si se explican adecuadamente.
Respecto al arraigo de algunos títulos en ciertos sectores, el profesor rechaza lecturas simplistas: “No creo que se pueda dividir entre tradicionalistas y progresistas; la devoción mariana reúne a personas muy distintas en sensibilidad e ideas”. Para él, muchos títulos tienen hondas raíces históricas y teológicas, y han sido sostenidos por “buenos teólogos con más sutileza de lo que a veces se piensa”.
Finalmente, Castaño propone algunas vías para aterrizar el contenido de Mater Populi fidelis en la vida pastoral. Recuerda la abundancia de documentos recientes del Magisterio y anima a aprovechar las fiestas marianas y las devociones populares para “orientar debidamente el culto a la Virgen María”. En esta tarea —subraya— es esencial que las oraciones y devociones marianas “muestren cómo la Madre del Señor está siempre en relación con Cristo y con la Iglesia”.
La devoción mariana, bien vivida, puede ser “factor de renovación de las comunidades, motor para la evangelización y signo de la misericordia materna de la Iglesia”. Además, sostiene que puede abrir caminos de diálogo y unidad entre cristianos, recordando con Pablo VI que, aun existiendo obstáculos teológicos, “María, Madre de todos, nos invita a trabajar y orar por la unidad”.
Aquí la entrevista completa:
