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Carolina Blázquez Casado, profesora de la Facultad de Teología de la UESD, publica en ABC un artículo sobre la profunda huella agustiniana del papa León XIV durante su primer año de pontificado. 

En el texto, Blázquez parte de las primeras palabras pronunciadas por el nuevo Papa tras su elección: “Soy un hijo de san Agustín”. Para la autora, aquella afirmación, marcada por la emoción del momento, no fue solo una presentación personal, sino una clave de lectura de todo su pontificado. A lo largo de este primer año, señala, León XIV ha ido confirmando con gestos, visitas y palabras su pertenencia espiritual a la familia agustiniana. 

La profesora de la UESD recuerda algunos momentos significativos de este primer año, como la visita del Papa al santuario de la Madre del Buen Consejo, en Genazzano, apenas dos días después de su elección. Esta advocación mariana, especialmente vinculada a la Orden de San Agustín, estuvo también presente en la misa de inicio del pontificado, lo que subraya la continuidad entre la vida religiosa del Papa y su nueva misión como sucesor de Pedro. 

El artículo destaca también la cercanía de León XIV a sus hermanos agustinos. Blázquez menciona su visita a la Curia General de la Orden, donde el Papa había compartido oración y vida cotidiana durante su etapa como prefecto del Dicasterio para los Obispos. Esa despedida, escribe la autora, fue “a medias”, ya que no han faltado nuevos encuentros con la comunidad agustiniana en momentos especialmente significativos. 

Otro de los episodios que recoge el artículo es la visita del Papa a un monasterio de hermanas agustinas de vida contemplativa en Montefalco, con ocasión de su viaje a Asís. Allí, León XIV quiso compartir un tiempo de oración y fraternidad con una comunidad que conocía desde sus años de estudiante de teología en Roma y posteriormente como padre general de la Orden. Blázquez presenta este gesto como expresión de una espiritualidad marcada por la oración, la sencillez y la memoria agradecida de la tradición agustiniana. 

La autora se detiene también en el viaje del Papa a Argelia, donde León XIV quiso encontrarse con la comunidad de Agustinas Misioneras y rezar por las hermanas Caridad y Esther, mártires en 1994 y beatificadas junto al grupo de los 19 mártires de Argelia. En ese mismo viaje, la presencia del Papa en Annaba, antigua sede episcopal de san Agustín de Hipona, aparece como uno de los momentos de mayor intensidad espiritual, vivido “a pesar de la lluvia y el viento” en un clima de silencio, emoción y gratitud. 

Blázquez subraya que la impronta de san Agustín no se percibe únicamente en los lugares visitados por el Papa, sino también en el contenido de su magisterio y en su modo de ejercer el ministerio petrino. Su invitación a vivir desde el interior, a profundizar en la pertenencia a Cristo, su comprensión de la Iglesia como comunión y su apuesta por la paz, el diálogo y la fraternidad son, según la profesora de la UESD, rasgos característicos de una espiritualidad profundamente agustiniana. 

El artículo recuerda, finalmente, que León XIV ha expresado abiertamente a sus hermanos agustinos que estaba dispuesto a renunciar a muchas cosas por el servicio que se le pedía, pero no a su condición e identidad de agustino. Para Carolina Blázquez, precisamente desde esa fidelidad a su historia humana, cristiana y religiosa, el Papa puede entregarse plenamente al servicio de la Iglesia universal. 

El texto completo puede leerse en ABC