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La Universidad Villanueva acogió el pasado jueves, 13 de noviembre, una sesión académica dedicada a profundizar en “La visión de san John Henry Newman: una idea para la universidad del siglo XXI”. El acto fue presentado por José Fernández Castiella y contó con la participación de Javier Prades, profesor de la Facultad de Teología de la UESD, y Higinio Marín, profesor de Antropología Filosófica y rector de la Universidad CEU Cardenal Herrera.

En su intervención, Javier Prades subrayó cómo la reciente declaración de John Henry Newman como Doctor de la Iglesia “ha acentuado el interés por esta figura del gran pensador, teólogo y santo de la Iglesia de Inglaterra y de la Iglesia universal”. El profesor explicó que el encuentro buscaba acercarse a la comprensión que Newman tenía de la educación universitaria, una visión que hoy se ve especialmente iluminada por la carta “Diseñar nuevos mapas de esperanza” de León XIV, en la que el pontífice menciona en dos ocasiones al santo inglés como patrono de la educación cristiana.

A partir de este marco, Prades desarrolló tres características fundamentales de la propuesta educativa de Newman, que considera de gran actualidad para afrontar los desafíos del mundo universitario contemporáneo: la centralidad de la persona, la integridad del conocimiento y la unidad de los saberes.

En primer lugar, destacó “la dimensión personal de la educación”, que Newman veía como un elemento esencial. La institución universitaria —afirmó— debe orientar su acción a “una atención integral a la persona, en todas sus dimensiones”, y esa prioridad ha de guiar toda su vida académica. Esta concepción, profundamente cristiana, sitúa a la persona —y no a la utilidad o a la técnica— en el corazón del proyecto educativo.

El segundo rasgo señalado por Prades fue “la preocupación por un conocimiento universal”, donde el saber se valora “en cuanto tal”, sin reducirlo a su rendimiento inmediato. Recordó que Newman ya detectaba en la Inglaterra de su tiempo “las tentaciones de una concepción utilitarista del saber orientado exclusivamente a una finalidad práctica”, y advertía de sus consecuencias. Frente a ello, defendía la necesidad de preservar “el carácter integral de la educación y el valor del saber”, pilares de cualquier universidad que aspire a ofrecer una formación verdaderamente humana.

Finalmente, Prades expuso la visión de Newman sobre “la unidad del saber”, inspirada en el ideal de la universidad medieval. Aunque reconocía la importancia de la especialización, el santo advertía del riesgo de “un estrechamiento” cuando se extrapolan conclusiones generales a partir de un conocimiento excesivamente reducido. Para evitarlo, señalaba la necesidad de contar con “un marco general de referencia” y con la capacidad de “establecer conexiones entre las distintas dimensiones del saber”, integrando cada disciplina en un horizonte común.

Según Prades, estas tres claves —“la centralidad de la persona, la integridad del conocimiento y la unidad de los saberes”— ofrecen “pautas de mucha actualidad y de trabajo para la vida universitaria del siglo XXI”.