Más globalizados que nunca

… sí, más globalizados, es evidente, y esto suscita interrogantes, posibilidades, desafíos e inquietudes. Globalizados: ¿en qué?, ¿cómo?, ¿para qué?, ¿hacia dónde? La pandemia provocada por la covid19 se propaga con la aceleración propia de la Aldea Global; también la capacidad de reacción, la coordinación de investigaciones, la transmisión de experiencias… pero enseguida oímos en nuestro interior: “Sí, es cierto, pero: ¿sabremos aprovecharlo? ¿Y los intereses creados en juego?, ¿no son también globales?” “¿Qué pasará mañana? ¿Y pasado mañana? ¿Qué es eso de una nueva normalidad? ¿Surgirá un nuevo orden mundial?, ¿mejor?, ¿peor?”

Ya antes de la pandemia algunos sociólogos y pensadores de renombre nos avisan con cierto profetismo preocupado y realista: estamos haciendo una sociedad líquida, con vínculos líquidos, estamos licuando el amor; el mundo global arriesga carecer de solidez para sustentar la persona y la sociedad, las mismas democracias estarían en peligro (Bauman). Nos encontraríamos ante una sociedad global infartada, su alma está muerta, las prisas y la ansiedad por conseguir el éxito han interiorizado al Amo (Mamón) en cada esclavo que somos todos; el ansia de eficacias mata a Eros, la sexualidad se reduce a narcisismo repetitivo, individualista, controlador; no hay auténtico amor, un eros capaz de acoger en la diferencia porque es capaz de salir de sí. Se globaliza un uniformismo de razones de control y eficacia sin vida humana en su interior (C.B Han), no nos queda sino controlar lo que se pueda dando normas para este parque humano post humano (inhumano) tan nietzscheano no se autodestruya (Sloterdijk). Aunque en medio de este hiper individualismo hiper moderno cabe esperar, pues todavía nuestras sociedades conservan -paradójicamente- la sed y el deseo de un amor auténtico y de una solidaridad meta consumista (Lipovetzsky).

La pandemia nos permite caer en la cuenta de cuestiones de fondo, unas muy positivas, otras no tanto, otras alarmantes.

La pandemia ha acelerado los dinamismos de la sociedad, siempre en cambio, siempre en movimiento, su quietud es pura apariencia pues es cine no fotografía. La pandemia nos permite caer en la cuenta de cuestiones de fondo, unas muy positivas, otras no tanto, otras alarmantes. La pandemia ha hecho crujir las estructuras más allá de lo sanitario: ha golpeado las estructuras sociales, políticas, económicas, internacionales, poniendo en evidencia su fuerza y sobre todo su limitación. El sueño feliz de un mundo perfecto muestra su estado real.

La pandemia nos ha unido en un dolor fraternal: es la humanidad quien sufre, aunque el riesgo del cada uno a lo suyo sigue ahí. La pandemia nos ha mostrado el heroísmo de muchos, también globalizado, admirable ser humano capaz de lo mejor. La pandemia nos ha unido en la conciencia de ser frágiles, ya no podemos ser antropocéntricos, nos sabernos necesitados los unos de los otros, de que todos hemos de salir juntos, de que necesitamos la biotecnología, pero también de que esta no basta, no somos autosuficientes. No somos el superhombre que domina el cosmos. Hay una positiva dependencia multi direccional: yo no me basto, nos necesitamos; dependo del planeta al que no debo explotar y con el que no debo jugar a diosecillos, pero tampoco me basta; y, si seguimos el dinamismo, nos abrimos al dador de todo, a nuestro Padre Dios cuya luz y misericordia necesitamos más que nunca, la dependencia originaria que nos funda en esperanza.

Pero también ha puesto de relieve la otra línea, la que el papa Francisco señala proféticamente:  también estamos globalizados en la indiferencia y el egoísmo, globalización de soledades aisladas en medio de densas redes de comunicación, globalizados en el descarte y la cultura de la muerte. Clamor global para que los poderes económicos, políticos y científicos se aúnen, pero cuanta realidad también de división, manipulación, poder personalista y de grupo. Aunque también haya globalización en la comprensión: “La situación no es fácil, no se sabe, hay que disculpar errores, decisiones, hay que trabajar unidos…”

Esta situación ha puesto de manifiesto una de las deficiencias de nuestro mundo global: la infodemia, la imposibilidad de estar en verdad, de poseer información veraz.

Esta situación ha puesto de manifiesto una de las deficiencias de nuestro mundo global: la ‘infodemia’, la imposibilidad de estar en verdad, de poseer información veraz, inundados en un tsunami de datos falsos y auténticos mezclados sin perspectiva suficiente para discernir, dejándonos indefensos, a merced de la falsa seguridad que ofrecen las ideologías. Hoy Francisco, ayer Benedicto, antes de ayer Juan Pablo II, no dejan de alzar su voz. La globalización es aprovechada por estas ideologías para imponer su nuevo orden, orden a su medida, según su proyecto; transhumanismo y género esconden, más allá de cada tema concreto, la trampa de la razón autosuficiente y autorredentora que está en su raíz.

De este modo la pandemia, en medio de su inmenso dolor y drama, pues cada persona es un infinito inconmensurable y cada dolor es incomparable, nos pone delante de nuestra conciencia y de nuestro futuro tanto en un nivel personal como social. La pandemia nos llama, de hecho, “a tomar este tiempo de prueba como un momento de elección … De una crisis no se sale igual: o salimos mejores o salimos peores. Por ello, en esta coyuntura crítica, nuestro deber es repensar el futuro de nuestra casa común y proyecto común”[1].

Pero la globalización pesa sobre cada persona haciéndola creer, consciente o no, que nada puede su libertad ante y por un mundo tan grande. Empequeñecida, nuestra posible aportación queda paralizada.  Se nos puede disolver en el anonimato, tan cómodo para aquellos que quieren que todo siga igual como desesperante para nosotros. Sin embargo, es necesario esperar, gritar esa esperanza y actuar en esperanza. Creo que esta es la llamada de Francisco en Fratelli tutti. Colaboremos en este momento de cambio y novedad sin miedo, sabedores de que si Él está con nosotros las dificultades serán vencidas. Una solidaridad alimentada de una ‘amistad social’ vivida ya en lo concreto y lo pequeño, una fraternidad real, para nosotros radicada hondamente en Cristo que nos dio a Dios por Padre, permite soñar y trabajar por una globalización positiva, plural, poliédrica, con aristas y relieve, no plana ni esférica, no eliminadora del diferente, de la diferencia: “Es hora de relanzar una nueva visión de un humanismo fraterno y solidario de las personas y de los pueblos. Sabemos que la fe y el amor necesarios para esta alianza toman su impulso del misterio de la redención de la historia en Jesucristo”[2].  Siendo débiles y sabiéndolo nosotros podemos hacer presente al médico: “El mundo está enfermo. Su mal está menos en la esterilización de los recursos y en su acaparamiento por parte de algunos que en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos”[3]. Aquí, unidos a todos y con la fuerza del Padre podemos contrapesar, aunque requiera tiempo, la globalización de la indiferencia, del descarte, del egoísmo individualista, la pandemia ética, la ‘infodemia’ y su vaciamiento tergiversador de palabras clave como justicia, verdad, democracia y solidaridad[4].

“Despiértate, hombre: por ti, Dios se ha hecho hombre”.

Ojalá aprovechemos esta oportunidad de tomar conciencia de nuestra responsabilidad y capacidad de influir en el cambio de las cosas sin ceder a la sensación de impotencia. ¡Que superando esta pandemia cuanto antes, superemos también las otras! Nuestra esperanza está en Dios, sus planes no son siempre nuestros planes y su amor puede más que nuestra miseria:

“Hombre moderno, adulto y, sin embargo, a veces débil en el pensamiento y en la voluntad, ¡déjate llevar de la mano por el Niño de Belén! ¡No temas, fíate de él! La fuerza vivificante de su luz te impulsa a comprometerte en la construcción de un nuevo orden mundial fundado sobre relaciones éticas y económicas justas. Que su amor guíe a los pueblos e ilumine su conciencia común de ser ‘familia’ llamada a construir vínculos de confianza y de ayuda mutua”[5].

“Despiértate, hombre: por ti, Dios se ha hecho hombre”[6].

José Antúnez Cid
Facultad de Filosofía UESD


[1] Francisco, Vídeo mensaje a la ONU, 25 de septiembre de 2020.

[2] Francisco, Humana communitas 6, Construir una fraternidad universal (6/1/2019), a la Pontificia Academia de la vida.

[3] Pablo VI, Populorum Progressio n. 66 (1967), esta afirmación abre el apartado III: “La caridad universal”.

[4] Cf. Francisco, Fratelli Tutti (2020)

[5] Benedicto XVI, Bendición Urbi et orbe 25 diciembre de 2005.

[6] S. Agustín, Serm., 185.


3 comentarios en «Más globalizados que nunca»

  1. Colaboraciones como la que antecede nos ayudan a confiar en un futuro amigable para nuestros sucesores.

  2. Me parece un articulo muy interesante y muy real. El boom de las cosas lleva a que nos metamos todos en la riada y no razonemos y guardemos un equilibrio.No ha sido duplicado por mi.Es original

  3. Me parece un articulo muy importante y apropiado al tiempo que nos toca vivir

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