El profesor de la Facultad de Filosofía de la UESD, David Torrijos, ha publicado en Omnes un artículo titulado “El papa recuerda a España que ella inventó la modernidad”, en el que analiza el discurso pronunciado por León XIV en el Congreso de los Diputados durante su visita a España.
En su reflexión, Torrijos subraya la importancia de que el Papa haya recordado públicamente la figura de Francisco de Vitoria y el legado de la Escuela de Salamanca, una tradición intelectual que, según el autor, no solo pertenece al pasado, sino que ofrece claves decisivas para afrontar los dilemas políticos, jurídicos y morales del presente.
El artículo parte de una cita del discurso de León XIV en la que el Pontífice evocó el ambiente universitario salmantino de hace quinientos años, cuando, ante “mundos nuevos y posibilidades inmensas en las relaciones entre los pueblos”, algunos maestros comprendieron que la razón no podía utilizarse para justificar lo que “la fuerza o el interés presentaban como conveniente”.
Para Torrijos, esta referencia no es anecdótica. Al contrario, permite redescubrir una de las grandes aportaciones del pensamiento español a la historia universal. En este sentido, el profesor de la UESD recuerda que 2026 coincide con el quinto centenario del comienzo de la enseñanza de Francisco de Vitoria en Salamanca, considerado ampliamente como fundador de la Escuela de Salamanca. Sin embargo, lamenta que esta efeméride esté pasando “desapercibida al gran público” y que tampoco en el ámbito eclesial se esté recordando suficientemente a una figura tan relevante del patrimonio intelectual español.
El autor relaciona esta falta de memoria con una actitud frecuente en la cultura contemporánea: la tendencia a mirar con complejo hacia las novedades, como si la actualización solo pudiera venir de fuera o de lo más reciente. Frente a ello, Torrijos sostiene que el Papa invita a los españoles a volver la mirada hacia su propia tradición intelectual. “El papa nos recuerda que España fue la inventora de la modernidad”, afirma, destacando que fue en nuestro país donde surgió una forma de pensamiento capaz de responder a desafíos inéditos en la convivencia entre pueblos.
Uno de los puntos centrales del artículo es la contraposición entre la Escuela de Salamanca y el positivismo jurídico contemporáneo. Torrijos explica que, mientras hoy se tiende a pensar que la justicia nace de la ley o de la voluntad de los gobernantes, la tradición salmantina sostiene una visión distinta: la ley debe reconocer un bien previo, no fabricarlo arbitrariamente.
En esta línea, el profesor recoge otra afirmación del discurso pontificio: “También la política necesita reconocer una medida que la precede y la supera”. A partir de esta idea, Torrijos desarrolla una reflexión de gran calado filosófico y teológico: “La ley no establece el bien, sino que es una manera de reconocerlo, acogerlo, protegerlo y fomentarlo”.
El artículo defiende así que la verdadera modernidad no consiste en la ruptura con toda tradición, sino en la capacidad de pensar racionalmente la dignidad humana, la justicia y las relaciones entre los pueblos. Para Torrijos, Francisco de Vitoria y la Escuela de Salamanca comprendieron que el derecho internacional no podía quedar sometido al poder del más fuerte, sino que debía fundarse en una justicia anterior a cualquier imposición política.
Desde esta perspectiva, el profesor de la UESD recuerda que una buena filosofía y la fe cristiana reconocen que la realidad buena y fecunda, a cuyo servicio debe estar la ley, procede de Dios. Por eso, Vitoria enseñó que “la ley de Dios está por encima de las leyes de los hombres” y que todo derecho debe orientarse a una justicia que compromete tanto a cada persona como a cada pueblo.
Con este artículo, David Torrijos invita a leer la intervención de León XIV no solo como un discurso institucional, sino como una llamada a recuperar la memoria de una tradición intelectual española capaz de iluminar los debates actuales. La Escuela de Salamanca, lejos de ser una referencia erudita o meramente histórica, aparece así como una fuente viva para pensar la política, la ley, la justicia y la dignidad humana en el mundo contemporáneo.