Con la publicación de la Carta apostólica In unitate fidei, el Papa León XIV ha querido recuperar el núcleo del Concilio Ecuménico celebrado en Nicea hace 1700 años: la profesión de fe en Jesucristo, Hijo de Dios, verdadera luz para el presente. Sobre este documento pontificio, Clara Sanvito, profesora de la Facultad de Literatura Cristiana y Clásica de nuestra universidad, ha ofrecido una reflexión en el diario El Debate donde profundiza en la actualidad del Credo niceno.
Sanvito comienza con una pregunta central que atraviesa todo el artículo: «¿Tiene que ver la fe que he recibido con los grandes desafíos del presente… y con las grandes preguntas de mi existencia?». A la luz de la Carta apostólica, afirma que Nicea no pertenece al pasado, sino que ilumina “la fe de cada cristiano, que sí tiene algo que decir en la Iglesia, en el mundo y en mi vida”. El Papa —señala— invita a realizar un examen de conciencia personal: ¿qué significa Dios para mí?, ¿cómo doy testimonio de Él?, ¿es realmente el Señor de mi vida?
Uno de los aspectos que más subraya la profesora de San Dámaso es la continuidad de los Padres de Nicea con el depósito de la fe recibido: desde la fidelidad “al monoteísmo bíblico y al realismo de la encarnación”. La formulación del Credo, añade, no fue una construcción teórica, sino una proclamación de fe en el Dios que se ha revelado en la historia. Por eso, escribe Sanvito, “Nicea no fue una teoría filosófica, sino una profesión de fe en el Dios que ha realizado una historia de salvación para todos los hombres”.
En su lectura del documento papal, la autora destaca tres aspectos esenciales:
- Cristo “descendió”. No es un Dios lejano, sino cercano y comprometido con la realidad humana. El Credo habla de un Dios que “acompaña nuestro camino por las sendas del mundo y en los lugares más oscuros de la tierra”. De ahí la llamada a encontrarlo “como nuestro prójimo en los pequeños y los pobres”.
- Cristo “se hizo hombre”. Desde esta encarnación, el Papa señala que “la divinización es la verdadera humanización”: sólo en Cristo el corazón humano puede encontrar la plenitud que anhela. En palabras de Sanvito, Cristo “permite saciar el deseo infinito del corazón”.
- Cristo es “de la misma naturaleza del Padre”. Con la afirmación homooúsios, el Concilio proclamó con claridad que Jesús es verdadera presencia de Dios en nuestra historia. Esa misma confesión —recuerda Sanvito— fue el fundamento para avanzar después hacia la comprensión del misterio trinitario.
Esta mirada renovada a Nicea tiene consecuencias para la vida cristiana. El seguimiento de Cristo, explica la profesora, “a menudo es exigente o incluso doloroso, pero conduce siempre a la vida y a la salvación”. Desde esa realidad, invita a leer la fe no como un concepto, sino como una historia concreta en la que Dios ha salido al encuentro del ser humano.
Finalmente, Sanvito subraya también el valor ecuménico de la Carta apostólica, que invita a trabajar por la unidad de los cristianos mediante la oración y la conversión. El Papa propone un “ecumenismo orientado al futuro”, capaz de reconocer que la comunión de la fe puede ser un signo de esperanza y reconciliación para el mundo actual.
El artículo concluye con la misma invocación con la que termina la Carta pontificia: «Ven, Espíritu Santo, y danos a gustar la belleza de la comunión». Así, a la luz del legado de Nicea, la fe vuelve a presentarse —como afirma Sanvito— no como un recuerdo del pasado, sino como “historia viva de salvación en medio de los tiempos difíciles que vivimos”.
Aquí el enlace al artículo completo:
https://www.eldebate.com/religion/20251125/fe-historia-historia-fe_358494.html
