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Javier Prades intervino en un seminario internacional sobre inteligencia artificial y dignidad humana celebrado en Roma los días 16 y 17 de octubre. El seminario, organizado por la Pontificia Academia de Ciencias Sociales y la University of Notre Dame, reunió a expertos internacionales para reflexionar sobre las implicaciones éticas, sociales y espirituales de la inteligencia artificial desde la perspectiva del desarrollo humano integral.

Durante varios días, cuarenta expertos y profesionales internacionales se han dado cita en Roma en el Seminar on Artificial Intelligence: for Good and for Everyone, organizado por la Pontificia Academia de Ciencias Sociales y la Universidad de Notre Dame (USA). El encuentro ha estudiado en profundidad las implicaciones éticas, sociales, globales y humanitarias de la inteligencia artificial —entendida en sentido amplio como el conjunto de tecnologías que permiten a las máquinas realizar tareas que normalmente requieren inteligencia humana—, analizando sus oportunidades y riesgos desde perspectivas tanto teóricas como aplicadas.

El marco de referencia ha sido el concepto de desarrollo humano integral, orientado a promover un progreso tecnológico que beneficie a toda la persona y a todas las personas. Como recordaba León XIV, debemos sopesar los impactos de la IA “a la luz del desarrollo integral de la persona humana y de la sociedad”, teniendo en cuenta no sólo los beneficios materiales, sino también el bienestar intelectual y espiritual. Esto implica “salvaguardar la dignidad inviolable de cada persona humana”, respetando al mismo tiempo la riqueza cultural y espiritual de todos los pueblos.

En coherencia con esta visión, el seminario reunió a especialistas de diferentes disciplinas para explorar cómo garantizar que nuestra cultura digital siga siendo verdaderamente humana: caracterizada por el encuentro auténtico, el cuidado de los más vulnerables y un respeto inquebrantable por la dignidad de cada persona.

Entre los ponentes se encontraba Javier Prades, profesor de la UESD, que intervino con una contribución titulada “Artificial Intelligence and the Human Mystery: An Integral Approach”. En su ponencia, subrayó que ante los nuevos desafíos que plantea la inteligencia artificial no basta con preguntarse “cómo actuar” o “cómo entender”, sino que es necesario profundizar en la pregunta fundamental sobre “quiénes somos” como seres humanos.

Prades propuso un enfoque positivo, centrado en la dignidad inherente de cada persona, que significa que nadie puede ser instrumentalizado ni por otras personas, ni por los Estados ni por sistemas tecnológicos. “La dignidad humana —explicó— debe ser el núcleo de cualquier respuesta a los desafíos de la revolución tecnológica, en su dimensión ética, epistemológica y ontológica”.

Esta visión —añadió— se articula con la antropología propuesta en la constitución pastoral Gaudium et Spes, que habla de una “vocación humana integral”. “El momento histórico exige reconocer que la experiencia humana es mayor de lo que imaginamos: con mayores peligros y mayores posibilidades”, señaló. Antes de apresurarse a formular nuevas definiciones, propuso “escuchar los desafíos que presenta la inteligencia artificial” y revisar en profundidad nuestra comprensión del ser humano.

En este contexto, destacó la urgencia de promover una educación integral que fomente esta autoconciencia humana en todos los niveles: desde la escuela y la universidad, pasando por la familia, la comunidad eclesial y la vida cultural. “Todo científico o experto en tecnología es antes que nada una persona”, afirmó. Por eso, todos estamos llamados a asumir la responsabilidad personal de afrontar estos desafíos desde una visión auténticamente humana y relacional.

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