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El pasado 9 de octubre, el Papa León XIV publicó su primera exhortación apostólica, Dilexi te, un texto que propone a toda la Iglesia redescubrir la fuerza transformadora del amor de Cristo y su opción preferencial por los pobres. Con motivo de su publicación, dos profesores de la UESD, Juan Carlos Carvajal y Jaime López Peñalba, han compartido algunas reflexiones sobre este documento.

Para Juan Carlos Carvajal, vicerrector de la Universidad, Dilexi te “supone una clara continuidad con el magisterio reciente de la Iglesia, en particular con Papa Francisco”. Recuerda que el propio Papa León ha confesado que es “una exhortación escrita también a cuatro manos, como Lumen Fidei, aquella que escribieron el Papa Francisco y el Papa Benedicto XVI: desde el Corazón de Cristo, que es el corazón amoroso de Dios”. Carvajal subraya que “ese amor que nos ha alcanzado a todos los hombres debe reflejarse en los creyentes, para llegar a las periferias existenciales, para enjugar los rostros de los más pobres”. Esta opción por los pobres no es —explica— una decisión de estrategia pastoral, sino que forma parte del núcleo mismo de la fe: “Los pobres están en el centro, no por razones ideológicas, sociales, económicas o políticas, sino porque ha sido la opción de nuestro propio Dios. Cristo, siendo rico, se ha hecho pobre para enriquecernos con su pobreza”.

Por eso, añade, “la Iglesia ha sido constituida desde su misma fundación en servidora de los pobres, pero no para servir de forma paternalista, sino siguiendo el mismo camino de Cristo”. Un camino que, recuerda, “queda bellamente recogido en el himno a los Filipenses: Él se despojó de su dignidad divina, pasó por uno de tantos y se abajó hasta la muerte, y una muerte de cruz”. Para el profesor Carvajal, la exhortación Dilexi te es “un texto que conviene leer, estudiar, asimilar y rezar, para que se convierta en fuente de espiritualidad para toda la Iglesia en esta nueva etapa evangelizadora”.

Otro de nuestros profesores, Jaime López Peñalba, publicó la semana pasada un artículo en el semanario Alfa y Omega en el que destacó la hondura teológica de este documento. A su juicio, Dilexi te “se puede entender como una teología del amor”, en continuidad con el Papa Francisco, quien en Dilexit nos había subrayado el amor misericordioso revelado en el Corazón de Cristo. Si entonces se proponía “una respuesta encarnada tanto a la crisis de indiferencia que campa en nuestra sociedad como a la sed espiritual que sufre el hombre de hoy”, ahora el Papa León “ofrece un camino seguro para encontrar una vida llena de caridad y de la alegría de Dios: los pobres”.

López Peñalba subraya que el Papa ha logrado “reflexionar sobre la pobreza sin caer en la sociología ni en el moralismo”, regalando “una mirada eminentemente teológica, que ayudará a conocer mejor al Dios de la pobreza y la vocación de la Iglesia hacia los pobres”. En palabras del propio documento, «no estamos en el horizonte de la beneficencia, sino de la revelación: el contacto con quien no tiene poder ni grandeza es un modo fundamental de encuentro con el Señor. En los pobres, Él sigue teniendo algo que decirnos» (n. 5). Resulta relevante el tono profético de la exhortación, ya que, según el profesor López Peñalba, el texto interpela a los sistemas políticos y económicos dominantes y denuncia las lógicas de descarte, desigualdad y violencia que golpean a los más débiles. A su juicio, el Papa “zarandea una fe cristiana que ni descubre ni reconoce al prójimo necesitado, una caridad absorbida por un culto mal entendido que no se hace encarnada ni eficaz”.

El texto ofrece también una lectura luminosa de la historia: “Es bellísima la revisión que el Papa hace en el capítulo III del amor de la Iglesia por los pobres a lo largo de dos milenios, que se prolonga en una lectura muy interesante del Magisterio social en el capítulo IV”, comenta López Peñalba. Se descubre así “una historia de compasión, atención y sacrificio por los demás que solo deja admiración y agradecimiento”. Finalmente, Peñalba destaca la invitación que cierra el texto pontificio: «Una Iglesia que no pone límites al amor, que no conoce enemigos a los que combatir, sino solo hombres y mujeres a los que amar, es la Iglesia que el mundo de hoy necesita» (n. 120).