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El Instituto Superior de Ciencias Religiosas celebró el viernes 17 de abril la III Jornada del ISCCRR – Sección a Distancia, un encuentro que reunió a alumnos de esta modalidad y que estuvo abierto también a los estudiantes de la sección presencial. La jornada, desarrollada en el Aula Pablo Domínguez entre las 17:45 y las 21:00 h., quiso ser un espacio de formación, convivencia y vida académica compartida, integrando el encuentro entre alumnos, la celebración de la Eucaristía, una conferencia y un ágape fraterno.

La tarde comenzó con un primer momento de encuentro entre los alumnos de la sección a distancia, especialmente valioso en una modalidad en la que el estudio se realiza habitualmente desde lugares y ritmos diversos. Esta jornada ofreció así la oportunidad de poner rostro a compañeros y profesores, compartir inquietudes y fortalecer el sentido de pertenencia al Instituto. Después, los asistentes participaron en la Eucaristía en la capilla, como centro espiritual del encuentro, antes de continuar con la conferencia académica.

Pensar la actualidad con la razón iluminada por la fe

La ponencia central corrió a cargo de Jaime López Peñalba, profesor de la Facultad de Teología y del ISCCRR, con el título “El corazón del giro católico. Lo que se mueve en el hombre cuando busca a Dios”. Desde el inicio, el profesor situó la reflexión en el marco propio de los estudios teológicos, recordando que la teología consiste en pensar “con la razón iluminada por la fe” las realidades que atraviesan la vida de la Iglesia y el corazón del ser humano.

López Peñalba abordó el llamado “giro católico”, una expresión cada vez más presente en el debate cultural para referirse a la reaparición de símbolos, referencias y discursos religiosos —cristianos y católicos— en la esfera pública. Mencionó algunos indicios de este fenómeno, como la presencia del imaginario religioso en la música, el cine, el pensamiento, las redes sociales o determinados testimonios públicos de identidad creyente.

Sin embargo, más que detenerse en la discusión sociológica o mediática sobre si existe o no ese giro, el ponente quiso ir más al fondo. Como señaló durante la conferencia, lo verdaderamente interesante no está solo en las cifras o en los signos externos, sino en lo que ocurre dentro de las personas: “detrás de todo esto hay corazones, hay vidas, hay historias y sobre todo hay conversiones”.

La conversión, entraña del verdadero cambio

A partir de ahí, la conferencia se centró en la experiencia cristiana de la conversión. López Peñalba explicó que la conversión no puede reducirse a un fenómeno psicológico, cultural o identitario, aunque pueda tener también estas dimensiones. En su raíz, afirmó, la conversión es un don de Dios: es Dios quien toma la iniciativa y quien entra en la historia concreta de una persona.

El profesor presentó la conversión como una realidad profundamente bíblica, vinculada a tres grandes movimientos: girarse, arrepentirse y cambiar la mente. Desde esta perspectiva, convertirse significa reorientar la existencia, dejarse remover interiormente y aprender a mirar la vida con nuevos criterios. No se trata solo de dejar atrás el pecado, sino de iniciar un camino de transformación por obra de la gracia.

En este sentido, subrayó que todo cristiano está llamado a entenderse también como “converso”. No solo lo son quienes protagonizan testimonios llamativos o cambios espectaculares, sino todo bautizado que vive su fe como un proceso continuo de purificación, maduración y camino hacia la santidad.

El giro de una vida hacia Dios

La ponencia distinguió entre la conversión como proceso de toda la vida y la conversión como acontecimiento concreto. En este segundo sentido, López Peñalba explicó que toda conversión nace de un acontecimiento histórico real, que puede adoptar formas muy diversas: una lectura, una experiencia inesperada, un encuentro, una crisis, una llamada interior o un hecho que sacude la vida.

A ese acontecimiento se une una lectura teológica: la persona descubre que lo vivido no es solo una emoción o una circunstancia, sino el paso de Dios por su historia. Para ello, señaló el ponente, es decisiva la presencia de la Iglesia, que ofrece palabras, categorías, testigos y acompañamiento para ayudar a interpretar lo que sucede en el corazón.

La conversión implica también una crisis, entendida no de forma negativa, sino como una ruptura interior que descoloca y obliga a recomponer la vida. En ese proceso, Dios ofrece luz y palabra: una nueva conciencia, una nueva unidad y un camino que se abre. Pero esa experiencia necesita después la respuesta de la libertad, capaz de dar a lo vivido una historia, una pertenencia y un hogar.

Una experiencia que se convierte en misión

Uno de los aspectos más destacados de la conferencia fue la relación entre conversión y misión. López Peñalba recordó que la teología no sirve solo para acumular conocimientos, sino para anunciar el Evangelio. Por eso, comprender la conversión ayuda también a contar mejor la vida de la Iglesia y la acción de Dios en los hombres.

El ponente explicó que una conversión auténtica no se agota en una experiencia intensa, sino que se prolonga en una vida nueva. El converso se convierte en caminante, peregrino y testigo. Su historia se transforma en llamada para otros, porque cada conversión, afirmó, es también una reacción en cadena por la que el Resucitado puede seguir encontrándose con más personas.

Al concluir la conferencia, se agradeció al ponente una intervención que permitió ir más allá de la pregunta sobre si existe o no un “giro católico”, para situar el foco en una cuestión más profunda: cómo vivir hoy la propia conversión al Señor. La jornada terminó con un ágape fraterno en la sala de claustros, prolongando en un clima sencillo y familiar el encuentro entre profesores y alumnos.

Con esta III Jornada, el ISCCRR volvió a ofrecer un espacio de formación integral en el que la reflexión académica, la vida espiritual y la convivencia se unieron para fortalecer la vocación propia del Instituto: ayudar a pensar, vivir y transmitir la fe en el mundo actual.