Seleccionar página

El profesor de Eclesiología de la UESD, Gabriel Richi, intervino la semana pasada en el programa Ecclesia al día de TRECE TV para reflexionar sobre la decisión del Papa León XIV de dedicar las catequesis de este año a los documentos del Concilio Vaticano II, al cumplirse sesenta años de su clausura.

Richi recordó que el Vaticano II fue “el gran acontecimiento de la Iglesia en el siglo XX”, subrayando que, en la vida de la Iglesia, “sesenta años no es un periodo muy largo”, por lo que su recepción sigue plenamente abierta. En este sentido, explicó que el Papa León XIV ha querido relanzar la importancia del Concilio desde el inicio de su pontificado, proponiendo una relectura “en un momento histórico diferente, pero también para una nueva generación de obispos, teólogos y creyentes”.

Durante su intervención, el profesor de San Dámaso destacó el carácter profundamente misionero del Concilio Vaticano II. Citando palabras de san Juan Pablo II —recuperadas por el Papa León XIV en su primera catequesis—, Richi afirmó que el Concilio supuso “un lanzamiento de toda la Iglesia a la misión en el mundo contemporáneo”, razón por la cual conserva hoy una plena actualidad.

A su juicio, esta dimensión misionera explica la elección del Vaticano II como eje de las catequesis papales: “El Concilio permite a la Iglesia releer conjuntamente estos últimos sesenta años de su historia y comprenderlos en continuidad”, señaló.

Uno de los aspectos que Richi consideró más significativos de la primera catequesis del Papa León XIV fue la referencia explícita a todos los Pontífices desde san Juan XXIII hasta el Papa Francisco. Según explicó, esta lectura ofrece una visión orgánica y unitaria del Concilio:

  • De san Juan XXIII, la apertura misionera.
  • De Pablo VI, la Iglesia entendida como diálogo.
  • De san Juan Pablo II, el Vaticano II como don del Espíritu para la Iglesia del siglo XX.
  • De Juan Pablo I, la centralidad de la santidad como modo de acoger el Concilio.
  • De Benedicto XVI, la afirmación de la centralidad de Dios.
  • De Francisco, el ímpetu de la reforma.

León XIV ha querido hacer tesoro de toda la herencia de sus predecesores para relanzar a la Iglesia en esta nueva etapa misionera”, afirmó el catedrático.

Al abordar los retos actuales del diálogo entre la Iglesia y el mundo, Richi apuntó a lo que definió como el desafío antropológico. En un contexto marcado por el transhumanismo y el posthumanismo, subrayó la vigencia de la propuesta cristiana: “La pregunta decisiva sigue siendo quién es el hombre y qué significa el verdadero humanismo”.

En este punto, recordó uno de los textos más citados del Concilio Vaticano II, el número 22 de la constitución pastoral Gaudium et spes: “El misterio del hombre solo se esclarece plenamente en el misterio del Verbo encarnado”. Una afirmación que conectó con las palabras de san Juan Pablo II al inicio de su pontificado, cuando presentó a Cristo como “centro del cosmos y de la historia” y afirmó que “el hombre es el camino de la Iglesia”.

Preguntado por el mensaje más actual del Vaticano II, Gabriel Richi lo resumió con claridad: “Dios ha querido hacernos participar de su vida enviándonos a su Hijo, que nos da su Espíritu para formar este pueblo nuevo que es la Iglesia”. Desde esta perspectiva, la Iglesia aparece como “fermento de unidad y de paz para toda la humanidad”.

El Concilio, añadió, tiene en su centro “el acontecimiento salvífico de Jesucristo, tal y como permanece en la historia a través de la Iglesia”, una afirmación que enlaza directamente con la invitación del Papa a redescubrir la amistad con Cristo en la vida cotidiana.

Finalmente, el profesor de Eclesiología se detuvo en uno de los conceptos clave del Vaticano II: la lectura de los signos de los tiempos, especialmente relevante para la formación teológica. Esta expresión —recordó— ayuda a comprender la historia como el lugar donde Dios sale al encuentro del hombre.

Leer los signos de los tiempos es prestar una atención exquisita a la vida de los hombres, a sus preguntas, deseos e inquietudes”, incluso cuando se expresan de formas desconcertantes, afirmó Richi. En ellas se manifiesta, concluyó, “el grito de lo humano, un grito de salvación que busca a Jesucristo”.