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El rector, Nicolás Álvarez de las Asturias, subraya la importancia de la investigación, la docencia y la transferencia del conocimiento, mientras que el cardenal José Cobo anima a hacer de San Dámaso una universidad donde «se pueda creer sin dejar de pensar»

La Universidad Eclesiástica San Dámaso ha inaugurado este 1 de octubre el curso académico 2026-2027 con la celebración de la Eucaristía en la Catedral de Santa María la Real de La Almudena y con el acto académico posterior, en el que el rector, Nicolás Álvarez de las Asturias, ha presentado las principales líneas que marcarán el nuevo curso y el Gran Canciller de la Universidad, cardenal José Cobo, ha llamado a profundizar en una teología unida a la oración y a la santidad, capaz de escuchar los cambios de la sociedad y de ponerse al servicio de la Iglesia. La lección inaugural, titulada «La recepción de la fe apostólica en el siglo II: forma y contenido», ha sido pronunciada por el profesor Andrés Sáez Gutiérrez.

El acto ha reunido a numerosos obispos, rectores y representantes de otras universidades, autoridades académicas y eclesiales, profesores, alumnos y miembros del personal de administración y servicios, además de seminaristas, miembros de la vida consagrada y laicos vinculados a la vida de la Iglesia de Madrid.

Una Universidad con raíces para afrontar el futuro

En su intervención, el rector ha situado el comienzo del nuevo curso en un momento especialmente significativo para San Dámaso, marcado por la reciente visita del Santo Padre a España y por la celebración de la Asamblea Presbiteral Convivium, dos acontecimientos en los que la Universidad ha participado activamente. Asimismo, ha recordado que en 2026 se cumplen 15 años de la constitución de la Universidad y 30 años del inicio de la Facultad de Teología, ocasión que ha presentado como motivo de gratitud por el camino recorrido y, al mismo tiempo, como una llamada a renovar su misión.

Nicolás Álvarez de las Asturias ha recurrido a la imagen del árbol, utilizada por la Archidiócesis de Madrid en el camino hacia la próxima asamblea diocesana, para articular las principales dimensiones de la vida universitaria: las raíces, el tronco y las ramas.

Las raíces representan, en primer lugar, la investigación, que requiere un trabajo «riguroso, paciente y apasionado» sobre el objeto propio de cada una de las ciencias cultivadas en la Universidad. El rector ha insistido en que el rigor del estudio no aleja de la misión pastoral, sino que permite comprender mejor las preguntas del tiempo presente, discernir y ofrecer una palabra iluminada por la fe. En este contexto, ha recordado unas palabras del Santo Padre sobre el riesgo de considerar que la investigación y el estudio tienen escasa utilidad para la vida concreta de la Iglesia.

Esta dimensión investigadora encontrará durante el curso un nuevo apoyo con la culminación de la nueva sede de la Biblioteca central, cuya inauguración está prevista a lo largo del año académico. El nuevo espacio está llamado a impulsar la investigación y a favorecer las horas de estudio que constituyen una parte esencial de la vida universitaria.

El tronco del árbol lo constituye la enseñanza. El rector ha señalado que los alumnos son «nuestra razón de ser fundamental» y que el deseo de saber, compartido entre profesores y alumnos, constituye una de las mejores expresiones de la universidad. En este sentido, ha situado como horizonte de San Dámaso la formación de hombres y mujeres de Iglesia, capaces de dar razón de su esperanza en el mundo contemporáneo y de iluminar las realidades presentes con la luz del Evangelio.

Durante este curso, esta misión docente irá acompañada de un esfuerzo por actualizar y elevar la calidad pedagógica, con la incorporación de nuevas herramientas técnicas y con una reflexión crítica sobre las oportunidades, desafíos e incertidumbres que plantea la inteligencia artificial en la formación superior. El rector ha subrayado, al mismo tiempo, que a la entrega de los profesores debe corresponder un esfuerzo «riguroso y constante» por parte de los alumnos en el estudio personal.

Las ramas, por último, expresan la dimensión expansiva de la Universidad y su proyección hacia la sociedad y la cultura. En este ámbito, San Dámaso continuará potenciando el encuentro interdisciplinar con docentes de otras instituciones mediante el seminario permanente «Cristianismo y cambio de época» y diversos congresos académicos. Entre ellos se encuentran el congreso sobre Inteligencia Artificial, organizado por las facultades eclesiásticas de Filosofía de España y Portugal y previsto para noviembre, y el congreso internacional sobre el pensamiento de Joseph Ratzinger, que tendrá lugar en junio en colaboración con la Universidad Francisco de Vitoria.

A esta dimensión de apertura se suman las actividades de la Universidad Abierta, la oferta de cursos avanzados y la colaboración en la formación de evangelizadores en la diócesis de Madrid. El rector ha destacado también la apuesta de este curso por la formación permanente del clero, con una oferta orientada a acompañar la dimensión intelectual de los ministros ordenados en las distintas situaciones en las que desarrollan su misión.

Esta vocación de servicio se prolonga asimismo a través de los convenios de colaboración docente suscritos con distintas universidades, entre ellas la Universidad Internacional de La Rioja, la Universidad Francisco de Vitoria, la Universidad CEU-Cardenal Herrera y la Universidad Camilo José Cela.

Crece la comunidad universitaria

El rector ha subrayado que el desarrollo de este proyecto universitario es posible gracias al apoyo de la Archidiócesis de Madrid, titular de la Universidad y principal apoyo económico, así como de la Conferencia Episcopal Española, la Comunidad de Madrid y los patrocinadores y benefactores que colaboran con San Dámaso.

Los datos provisionales de matrícula reflejan además un nuevo crecimiento de la comunidad universitaria. Las cuatro Facultades y el Instituto cuentan actualmente con 2.008 matrículas, frente a las 1.897 del curso anterior, lo que supone un incremento del 5,85 %. Por centros, la Facultad de Teología cuenta con 528 alumnos; la Facultad de Derecho Canónico, con 92; la Facultad de Filosofía, con 63; la Facultad de Literatura Cristiana y Clásica, con 116; y el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, con 121 alumnos en la sección presencial y 1.088 en la sección a distancia.

La recepción de la fe apostólica en el siglo II

La lección inaugural, titulada «La recepción de la fe apostólica en el siglo II: forma y contenido», fue pronunciada por Andrés Sáez Gutiérrez. La exposición puso el foco en la importancia singular del siglo II para comprender cómo la Iglesia recibió, custodió y transmitió la fe de los apóstoles. En ese contexto, Sáez Gutiérrez recuperó la formulación de Ireneo de Lyon sobre «la única fe verdadera y vivificante», recibida de los apóstoles, como expresión de una fe entendida no solo como contenido doctrinal, sino como vida transmitida en la Iglesia.

A partir de ahí, la lección abordó la relación entre Tradición, Escritura y vida eclesial, mostrando que la configuración del canon bíblico no puede entenderse al margen de la recepción viva de la fe apostólica. El siglo II aparece así como un periodo decisivo en el que se articulan la sucesión ministerial, las fórmulas de fe y el reconocimiento de los escritos apostólicos como norma para la Iglesia, dentro de una realidad más amplia en la que la fe recibida precede y da sentido al propio canon.

La segunda parte de la exposición se centró en el contenido de esa recepción, tomando como eje la confesión de Jesucristo como Señor. Desde ahí, Sáez Gutiérrez recorrió algunos de los núcleos fundamentales de la primera reflexión cristiana y mostró cómo los autores del siglo II interpretaron la Escritura desde la fe apostólica recibida. La figura de Ireneo de Lyon ocupa un lugar destacado en este recorrido, especialmente por su manera de presentar a Cristo como centro de la economía de la salvación y criterio desde el que se articulan los distintos elementos de la fe.

La lectio insistió también en que el siglo II no debe entenderse como una simple etapa intermedia entre el tiempo apostólico y los grandes concilios posteriores. Al contrario, es un momento decisivo para comprender la continuidad y el desarrollo de la fe cristiana, ya que en él se toman forma y conciencia realidades que serán fundamentales para la vida de la Iglesia. Por eso, el estudio de este periodo permite comprender mejor la relación entre fe, Escritura, Tradición, ministerio y vida eclesial, evitando leer la historia de la doctrina como una sucesión de etapas desconectadas.

En la conclusión, Sáez Gutiérrez sintetizó el sentido del recorrido con una afirmación especialmente expresiva: «Todo se explica a partir del Cuerpo glorioso de Cristo y todo encuentra en él su sentido». Desde esa clave, defendió una comprensión unitaria del saber teológico en la que «la teología resulta sinfónica, no se estudia por partes»: Escritura, Iglesia, dogmática y espiritualidad aparecen vinculadas en una misma realidad, cuyo centro es Cristo.

Cobo: «San Dámaso tiene que ser una casa donde se pueda creer sin dejar de pensar»

El Gran Canciller de la Universidad Eclesiástica San Dámaso, cardenal José Cobo, comenzó su intervención agradeciendo al rector y a toda la comunidad educativa de San Dámaso las muchas horas de trabajo, esfuerzos y sueños que hacen posible la vida de la Universidad. También expresó su agradecimiento a los obispos, rectores y responsables de otras universidades presentes, que viven en la vida de la diócesis y recuerdan que todas estas instituciones forman parte de un mismo camino. Del mismo modo, reconoció la colaboración de las autoridades y patrocinadores, así como la presencia de los seminaristas, de la vida consagrada y de los numerosos laicos y laicas que desempeñan responsabilidades en parroquias y otros ámbitos de la Iglesia de Madrid.

A partir de estos agradecimientos, el cardenal planteó algunas preguntas fundamentales para la Universidad: quiénes somos, para qué estamos y qué espera la Iglesia de Madrid de la Universidad San Dámaso. Su respuesta giró en torno a la necesidad de adentrarse en la verdad con inteligencia y humildad y poner ese conocimiento al servicio de la Iglesia, recordando que la verdad cristiana tiene un rostro.

En este sentido, Cobo subrayó la dimensión intelectual y racional de la fe cristiana y defendió que San Dámaso debe ser «una casa donde se pueda creer sin dejar de pensar». La fe, señaló, no necesita protegerse de la razón, sino que necesita una razón amplia, capaz de afrontar las preguntas del mundo contemporáneo y de generar una teología «crítica y profética», abierta a la realidad.

El cardenal insistió además en que estudiar teología no significa apropiarse del misterio de Dios, sino dejarse conducir por Dios. El conocimiento de Dios no nace únicamente de la acumulación de conceptos, porque la teología nace de una relación viva con el Dios que se revela. Por eso, defendió que estudiar y rezar no son realidades separadas, sino dimensiones que deben permanecer unidas, manteniendo la teología vinculada a la oración personal y comunitaria. En la unión con Dios, señaló, el misterio se saborea y se hace cercano.

Desde esta perspectiva, Cobo advirtió del riesgo de una teología que simplemente informe, pero no transforme. El teólogo no estudia desde la indiferencia, sino movido por la pasión por Dios y por el deseo de reconocer y acoger todo lo noble y verdadero que ha crecido en otros lugares, porque procede del mismo hogar. Estudio, teología y santidad no pueden caminar por caminos paralelos: se aprende para vivir y, por ello, teología y santidad constituyen un binomio inseparable.

«Una teología que aumenta nuestros conocimientos pero no ensancha nuestro corazón se queda a medio camino», afirmó el cardenal, que puso como referencia el testimonio de los seminaristas mártires cuya beatificación se celebrará el próximo 28 de noviembre en la catedral de la Almudena. Para el arzobispo de Madrid, la entrega de estos mártires, vivida sin rencor, constituye una expresión de la mejor teología llevada a la vida. Su testimonio permite comprender que el saber teológico no puede quedar reducido al ámbito académico, sino que está llamado a transformar la existencia y a conducir hacia una vida entregada.

Una teología arraigada y capaz de salir

El cardenal Cobo concluyó su intervención retomando una imagen relacionada con la propia misión universitaria: la Universidad no puede ser un puerto seguro en el que la teología permanezca siempre amarrada. Si la teología es una sinfonía que no se estudia por partes, también ha de ser capaz de salir al encuentro de la realidad.

Desde ahí, llamó a una teología profundamente arraigada en la fe de la Iglesia y, al mismo tiempo, capaz de salir, escuchar y dialogar con los grandes cambios que están transformando la sociedad. Una teología que no renuncie a la profundidad del estudio, pero que tampoco se encierre en sí misma, sino que prepare a personas capaces de servir a la Iglesia en las circunstancias concretas del mundo actual.

Con esta llamada a mantener unidas la inteligencia de la fe, la oración, el estudio y la santidad, la Universidad Eclesiástica San Dámaso inicia el curso académico 2026-2027, renovando su misión al servicio de la Iglesia y de la sociedad.