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El pasado 4 de diciembre, la Santa Sede publicó la Síntesis de la Comisión de Estudio sobre el Diaconado Femenino, enviada al papa León XIV por el presidente de dicha Comisión, el cardenal Giuseppe Petrocchi, y por su secretario, mons. Denis Dupont-Fauville. La publicación de este informe —de siete páginas— permite acercarse al trabajo realizado por la Comisión, a su naturaleza, amplitud y resultados, y ofrece directrices claras para el camino de la Iglesia en una cuestión que suscita intenso discernimiento. Según la Síntesis, el estado actual de la investigación histórica y teológica excluye la posibilidad de admitir a las mujeres al diaconado entendido como grado del sacramento del Orden, a la luz de la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio. Sin embargo, la Comisión precisa que no es posible formular hoy un juicio definitivo en esta materia “como en el caso de la ordenación sacerdotal”. Junto a ello, el documento se pronuncia a favor de instituir nuevos ministerios y de favorecer la sinergia entre hombres y mujeres en la vida eclesial. En este contexto, Gabriel Richi Alberti, profesor ordinario en la Facultad de Teología de la Universidad Eclesiástica San Dámaso, ha publicado en Alfa y Omega el artículo “Un buen trabajo”, en el que valora el alcance del documento y subraya sus aportaciones más significativas para la comprensión eclesial del asunto.

El profesor Richi destaca, en primer lugar, la amplitud del estudio realizado por la Comisión. No solo por su duración —recordemos que se trata de la segunda comisión específica sobre el tema, tras el pronunciamiento de la Comisión Teológica Internacional de 2002 y una primera comisión instituida por el papa Francisco—, sino también por el procedimiento seguido en el tramo final: tras el Sínodo de la Sinodalidad, se ofreció a todos la posibilidad de enviar aportaciones, que fueron estudiadas y valoradas por los miembros de la Comisión. Aunque el propio informe constata que dichas contribuciones, procedentes de veintidós personas o grupos y de pocos países, no pueden considerarse la voz del Sínodo ni del Pueblo de Dios en su conjunto, Richi subraya que el proceso manifiesta seriedad en la escucha y consideración real de todas las posiciones. En suma, concluye, la cuestión ha sido “bien estudiada y ampliamente estudiada”.

En segundo lugar, el artículo señala que la Comisión ha sido muy consciente de su tarea propia y de sus límites. Su labor consistía en examinar la viabilidad histórico-teológica de un diaconado femenino ordenado, pero sabiendo que la decisión última corresponde al Magisterio. Esta distinción, explica Richi, no es accidental: en la cuestión no se enfrentan meras sensibilidades pastorales o ajustes disciplinarios, sino la conciencia que la Iglesia tiene de sí misma y de su configuración recibida del Señor en sus elementos constitutivos. Por eso, la pregunta decisiva no era la oportunidad de ordenar mujeres diáconos, sino si la Iglesia puede o no puede hacerlo, es decir, si la disciplina vigente responde o no a la voluntad de Cristo sobre la Iglesia. En esta línea, recuerda que la Iglesia no se inventa, sino que se recibe del Señor, y que uno de sus elementos constitutivos es la sucesión apostólica ejercida en obispos, presbíteros y diáconos. Para Richi, precisamente por ese alcance, cualquier cambio que afectase a la disciplina del sacramento del Orden correspondería al Magisterio del colegio episcopal presidido por el Papa. La Síntesis, dentro de su campo, informa además de las discusiones teológicas reales sobre el tema y de la imposibilidad de ofrecer hoy datos histórico-teológicos seguros que fundamenten una modificación de la disciplina actual.

En tercer lugar, Richi valora como especialmente relevante que la Comisión haya puesto sobre la mesa la necesidad de desarrollar la teología del diaconado, aclarando su identidad sacramental y su misión eclesial. El informe subraya que existen lagunas e incertidumbres en la comprensión y práctica del diaconado, visibles en la ausencia de un diaconado permanente en muchas Iglesias locales y en la diversidad de funciones que este ministerio asume en otras regiones. Junto a ello, la Comisión invita a reflexionar sobre la “diaconía bautismal”, común a todos los fieles, base de los ministerios instituidos a los que tienen acceso varones y mujeres. En este ámbito, y teniendo en cuenta la dimensión mariana de la Iglesia, Richi reconoce que se abre un campo amplio para un agradecimiento explícito y una promoción decidida de la misión de la mujer en la Iglesia.

El artículo concluye valorando la Síntesis como un ejercicio de buen oficio y seriedad teológica y pastoral, con la mirada puesta en la verdad del Evangelio y en su anuncio a todos, y libre de condicionamientos culturales ajenos a la naturaleza y misión de la Iglesia. De este modo, la reflexión de Gabriel Richi ayuda a situar el documento vaticano en su justa perspectiva: como fruto de un estudio amplio, con conciencia clara de lo que está en juego, y con una llamada a seguir profundizando en el diaconado y en los ministerios eclesiales para el servicio del Pueblo de Dios.