El profesor Javier Prades ha reflexionado sobre los desafíos antropológicos que plantea la actual revolución tecnológica en La Tercera de ABC, en la que advierte del riesgo de que el desarrollo tecnocientífico conduzca a una comprensión reducida de lo humano.
En su artículo, Prades parte de una paradoja formulada por Martin Heidegger que considera hoy especialmente vigente: «Ninguna época ha sabido tanto y tan diversas cosas del hombre como la actual; pero tampoco ninguna época ha sabido menos qué es el hombre que la actual». A su juicio, los extraordinarios avances científicos y tecnológicos conviven con una creciente incertidumbre sobre el sentido de la existencia humana.
El autor recuerda que acontecimientos recientes como la pandemia, la crisis ecológica o los conflictos bélicos han puesto de manifiesto la fragilidad humana. Por ello, sostiene que el desarrollo tecnológico exige hoy un discernimiento ético y espiritual urgente para distinguir entre progreso auténtico y un posible retroceso.
Entre el transhumanismo y el poshumanismo
Prades analiza también dos corrientes culturales que están influyendo en el imaginario contemporáneo: el transhumanismo y el poshumanismo.
El transhumanismo defiende que el ser humano podrá superar sus límites biológicos mediante la tecnología, incluso en aspectos como el envejecimiento o la muerte. El poshumanismo, en cambio, cuestiona directamente la existencia de una naturaleza humana que deba ser preservada, difuminando la frontera entre el hombre y la máquina.
Para el profesor, ambas corrientes reflejan un deseo profundamente humano: la aspiración a ir más allá de la propia finitud. Sin embargo, advierte del peligro de que esa búsqueda termine desembocando en lo “inhumano”. «La cuestión no está en el deseo de superación, que todos compartimos, sino en la pretensión de realizar el imperativo nietzscheano del superhombre», señala.
La tecnología como “entorno de vida”
En su análisis, Prades subraya que la actual convergencia tecnológica —especialmente en ámbitos como la inteligencia artificial, la biotecnología o la nanotecnología— ya no puede entenderse simplemente como un conjunto de herramientas neutrales.
A su juicio, se ha convertido en un verdadero “entorno de vida” que transforma profundamente las relaciones humanas: con la naturaleza, con los demás, con uno mismo e incluso con Dios. Entre otros efectos, advierte del riesgo de reducir la identidad humana a datos optimizables o de delegar el pensamiento crítico en algoritmos capaces de procesar información a gran velocidad.
Quo vadis, humanitas?
Las reflexiones de Javier Prades se sitúan en un debate más amplio que ha sido abordado recientemente por la Comisión Teológica Internacional en el documento Quo vadis, humanitas?, aprobado por el Papa el pasado mes de febrero. El profesor de nuestra universidad presidió la subcomisión especial que elaboró el documento.
El texto propone una reflexión teológica y pastoral sobre el futuro de la humanidad en un contexto marcado por la aceleración tecnológica. Inspirándose en la constitución conciliar Gaudium et spes, el documento defiende una visión del ser humano como realidad integral, en la unidad de cuerpo y alma, conciencia e inteligencia.
El informe advierte igualmente de los riesgos asociados a la revolución digital, que ya no es solo una herramienta sino un verdadero “ambiente de vida” que reorganiza las relaciones sociales, culturales y políticas. Entre otros desafíos, señala la creciente influencia de la inteligencia artificial, la transformación de los medios de comunicación y la aparición de una “infosfera” que puede favorecer la polarización social y la manipulación de la opinión pública. También alerta de fenómenos como el human enhancement, es decir, el uso de tecnologías biomédicas para mejorar artificialmente las capacidades humanas, lo que plantea la necesidad de discernir el equilibrio entre “lo técnicamente posible y lo humanamente sensato”.
Frente a estas tendencias, tanto la reflexión teológica como la tribuna de Prades coinciden en señalar la necesidad de promover un humanismo integral que permita orientar el desarrollo tecnológico hacia el bien común. El documento de la Comisión Teológica Internacional insiste en que la identidad humana se construye en el marco de las relaciones, la memoria histórica y la pertenencia a comunidades concretas —familia, pueblo y cultura— que actúan como un dique frente a una globalización uniformadora.
Desde esta perspectiva, Prades concluye que el desafío del presente no consiste en dar un salto hacia lo poshumano, sino en impulsar un desarrollo verdaderamente humano. «El mundo no necesita un salto cualitativo hacia lo poshumano, sino un desarrollo integral y solidario, de todo el ser humano y para todos los seres humanos», afirma.