El martes 27 de enero, José Antúnez Cid, decano de la Facultad de Filosofía de la UESD, impartió la conferencia titulada «¿Inteligencia? Artificial. Reflexiones antropológicas, éticas y pastorales» en la Residencia Sacerdotal San Pedro Apóstol de Madrid.
La conferencia fue organizada por Andrés García de la Cuerda, sacerdote diocesano, durante veintiocho años rector del Seminario Conciliar de Madrid y vicario episcopal del Clero durante cinco. Actualmente dirige la Residencia Sacerdotal San Pedro Apóstol, que acoge a cerca de setenta sacerdotes diocesanos de edad avanzada y constituye un espacio vivo de oración, ofrecimiento y fidelidad sacerdotal. En este marco especialmente significativo, marcado por la fragilidad propia de la edad y, al mismo tiempo, por una intensa vida espiritual, José Antúnez abordó uno de los grandes desafíos culturales de nuestro tiempo: el desarrollo de la inteligencia artificial y su impacto en la comprensión del ser humano, la ética y la acción pastoral.
Durante su exposición, el decano de Filosofía subrayó que la inteligencia artificial «abre infinidad de posibilidades», pero también ha suscitado «una multitud de interrogantes éticos, no sin hacer saltar algunas alarmas», lo que la convierte en una oportunidad privilegiada para la reflexión moral y antropológica. En este sentido, insistió en que la cuestión decisiva no se sitúa en la máquina, sino en el ser humano que la diseña, la utiliza y la regula. Antúnez recordó con claridad que la inteligencia artificial no es persona ni posee verdadera inteligencia: no tiene acceso a la realidad ni a la verdad como tal, carece de autoconciencia, de un “yo” personal y de la unidad psico‑físico‑biológica propia del ser humano. Tampoco existe en ella una auténtica afectividad o capacidad de decisión: se trata, en todo caso, de una pseudo‑afectividad y de una pseudo‑decisión, sin interioridad ni intimidad personal.
Desde esta perspectiva, señaló que la reflexión ética «devuelve el interrogante desde la máquina al ser humano». Más allá de los problemas concretos —privacidad, discriminación, manipulación, autoría, identidad o empleo—, el verdadero desafío consiste en formar personas justas, prudentes y buenas, así como comunidades éticas capaces de orientar responsablemente el desarrollo tecnológico. El conferenciante advirtió también que la inteligencia artificial surge en un contexto tecnocrático y tiende a amplificar su propia ideología, por lo que resulta imprescindible compensar este desarrollo con un crecimiento ético y social que incluya no solo normas y leyes —siempre necesarias, pero insuficientes y a menudo tardías—, sino también cultura, ética y espiritualidad. En este horizonte, Antúnez apeló a una renovación ética personal y social, a una interacción armónica entre los sistemas naturales y sociales y a la superación del individualismo, como condiciones indispensables para que la inteligencia artificial esté realmente al servicio de la persona y del bien común.
La conferencia contó con la asistencia de un numeroso grupo de sacerdotes y religiosas, que siguieron la exposición con gran interés y participaron activamente en el vivo coloquio que tuvo lugar al finalizar la intervención. Resultó especialmente admirable el interés pastoral por las cuestiones más relevantes del momento cultural presente, manifestado por los participantes, en un clima de reflexión serena y diálogo profundo. El encuentro puso de relieve, una vez más, la importancia de abordar los desafíos contemporáneos desde una mirada cristiana integral, capaz de unir rigor intelectual, sensibilidad pastoral y atención a la dignidad de la persona humana.
