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El próximo viernes 8 de mayo se cumple un año de la elección del papa León XIV, una efeméride que invita a releer aquel momento a la luz del camino recorrido desde entonces y a reconocer las líneas de fondo que están marcando su ministerio petrino en continuidad con la vida de la Iglesia.

Aquel 8 de mayo de 2025, a las 18:07, la fumata blanca sobre la Capilla Sixtina anunciaba al mundo que los cardenales reunidos en cónclave habían elegido al nuevo Sucesor de Pedro. En el interior, conforme a la tradición y a la normativa vigente, el elegido aceptaba la elección canónica y manifestaba el nombre con el que quería ser llamado: León XIV. Tras pasar por la llamada «Sala de las Lágrimas», donde el nuevo Papa se reviste por primera vez con los signos de su ministerio, y después del homenaje de los cardenales, el anuncio del Habemus Papam abría al mundo la expectativa del primer saludo.

A las 19:22, León XIV aparecía en la logia central de la basílica de San Pedro y, con palabras sencillas y densas de contenido, iniciaba su pontificado: «¡La paz esté con todos ustedes!». No se trataba de un saludo convencional, sino —como él mismo explicó— del saludo de Cristo resucitado, un deseo que aspiraba a alcanzar «los corazones, las familias, todos los pueblos y toda la tierra». Desde ese primer momento quedaba delineado un horizonte espiritual que ha acompañado todo este primer año.

Un año después, Nicolás Álvarez de las Asturias, rector de la UESD, identifica tres claves que ayudan a interpretar este tiempo: la centralidad de Cristo como fundamento de la unidad, la comprensión de la paz como transformación interior y una cercanía particularmente significativa a la Iglesia en España y, de modo especial, a Madrid.

Unidad en torno a Cristo

En primer lugar, el rector subraya que León XIV «ha insistido con claridad en que la unidad de la Iglesia no es el resultado de un equilibrio de sensibilidades, sino una realidad que brota de su referencia viva a Cristo». En este sentido, señala que el Papa está proponiendo una comprensión profundamente teológica de la comunión eclesial: «cuando la Iglesia se descentra de Cristo, la unidad se debilita; cuando vuelve a Él, la comunión se fortalece de manera casi natural».

Esta insistencia encuentra una expresión particularmente clara en la homilía de inicio de pontificado, donde León XIV sitúa la unidad en su fundamento más profundo: «en el único Cristo nosotros somos uno». Desde ahí, el Papa presenta la Iglesia como una realidad que no se sostiene en dinámicas humanas, sino en la acción de Dios que reúne a su pueblo: «el Señor nunca abandona a su pueblo, lo reúne cuando está disperso y lo cuida como un pastor a su rebaño».

Como señala el rector, «la unidad no se construye desde estrategias humanas, sino que nace de una vida realmente centrada en Cristo». Por eso, añade, «cuando esta referencia se debilita, aparecen tensiones que no pueden resolverse solo con mecanismos organizativos; cuando se fortalece, la comunión encuentra su raíz más profunda». En esta línea, el Papa ha recordado que el ministerio de Pedro está marcado por el amor y la unidad, afirmando que «amor y unidad» son el corazón de la misión confiada por Cristo.

De ahí se desprende también un modo concreto de vivir la autoridad en la Iglesia: no como dominio, sino como servicio. El propio León XIV ha advertido que no se trata de «ser un líder solitario o un jefe que está por encima de los demás», sino de «servir a la fe de los hermanos, caminando junto con ellos». Una perspectiva que refuerza la idea de una Iglesia entendida como comunión: «todos hemos sido constituidos piedras vivas», llamados a construir juntos en la armonía del Espíritu.

Por eso, el Papa ha expresado como deseo central de su pontificado «una Iglesia unida, signo de unidad y comunión», capaz de convertirse en fermento de reconciliación para el mundo. En palabras del rector de la UESD, «cuando la Iglesia vive así, desde Cristo y en comunión, no solo se fortalece internamente, sino que se convierte en un verdadero signo para los hombres de nuestro tiempo».

Una paz que nace en el interior

El segundo rasgo que destaca Nicolás Álvarez de las Asturias es la insistencia en una paz que no se reduce a lo exterior. «El Papa ha querido situar la cuestión de la paz en su raíz más profunda —explica—, que no es otra que el corazón humano». Desde su primer mensaje, al desear que la paz alcanzara los corazones y las familias, León XIV apuntaba a una dimensión que va más allá de los acuerdos o de la mera ausencia de violencia.

En palabras del rector, «no puede haber una paz verdadera si el hombre permanece dividido en su interior; la reconciliación exterior exige una transformación previa que solo puede darse en la relación con Dios». En esta línea, el propio Papa ha insistido en que «la paz existe, quiere habitar en nosotros», y que no es solo una meta lejana, sino una realidad que se acoge y se custodia.

León XIV ha descrito esta paz como «una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante», subrayando que proviene de Dios. Por eso, añade Nicolás Álvarez de las Asturias, «la paz no se improvisa ni se decreta, sino que se cultiva en lo más íntimo y se traduce después en formas concretas de convivencia». Como recuerda también el Papa, «antes de ser una meta, la paz es una presencia y un camino».

Esta línea sitúa a la Iglesia en una misión muy concreta: «servir a una paz duradera que pasa por la conversión, por el perdón y por la reconstrucción de los vínculos humanos desde dentro». Una paz que, como ha señalado el propio León XIV, «resiste a la violencia y la vence» precisamente porque no se apoya en la fuerza, sino en la verdad y en el bien.

Cercanía a España y a Madrid

El tercer aspecto que destaca el rector es «una cercanía muy significativa a España y, de manera particular, a Madrid», que se ha manifestado en diversos momentos de este primer año.

Entre ellos, el próximo viaje apostólico del Papa a España, previsto del 6 al 12 de junio, con una presencia destacada en Madrid. «Se percibe una ilusión muy grande por su visita —afirma—, pero también una conciencia de que no se trata solo de un acontecimiento, sino de una oportunidad para escuchar al Papa en un momento concreto de nuestra Iglesia».

Esta cercanía se hizo especialmente visible en la asamblea presbiteral Convivium, celebrada en Madrid los días 9 y 10 de febrero, en la que León XIV quiso hacerse presente mediante una carta dirigida a los sacerdotes de la diócesis. En ella señalaba que no se trata de «hombres definidos por la multiplicación de tareas o por la presión de los resultados», sino de sacerdotes «configurados con Cristo, capaces de sostener su ministerio desde una relación viva con Él, nutrida por la Eucaristía y expresada en una caridad pastoral marcada por el don sincero de sí».

El rector de la UESD interpreta este gesto como algo más que una atención puntual: «hay una sensibilidad real hacia la vida concreta de las Iglesias particulares, una voluntad de acompañar desde cerca, que se traduce en gestos que no son formales, sino profundamente pastorales».

Al cumplirse este primer aniversario, el pontificado de León XIV aparece así definido por una orientación clara que, en palabras del rector, «no añade complejidad, sino que purifica la mirada: volver a Cristo, dejarse transformar interiormente y vivir la comunión como un don recibido».

De este modo, aquel primer saludo —«la paz esté con todos ustedes»— se revela, un año después, no solo como un inicio, sino como una síntesis del camino que el Papa está proponiendo a la Iglesia.