La Facultad de Teología de la UESD celebró el pasado 6 de mayo una nueva sesión del ciclo “La Facultad de Teología en diálogo”, dedicado este curso a la cuestión de Dios en la sociedad y la cultura contemporáneas. Bajo el título “Un científico ante el problema de Dios”, el encuentro reunió a un físico, un filósofo y un teólogo en torno a algunas de las grandes preguntas que acompañan a la razón humana: el origen del universo, la inteligibilidad de la realidad, los límites de la ciencia, la experiencia del amor, la apertura al misterio y la pregunta por Dios.
El protagonista de esta sesión fue Juan José Gómez Cadenas, físico de neutrinos e investigador de reconocido prestigio internacional. Nacido en Cartagena, formado en la Universidad de Valencia y con una amplia trayectoria en instituciones como Stanford, el CERN, Harvard, el MIT y el CSIC, Gómez Cadenas desarrolla actualmente su labor investigadora como Ikerbasque Research Professor en San Sebastián. Además de su dedicación científica, cuenta con una importante faceta literaria como novelista y poeta, una dimensión que tuvo también un papel relevante durante el diálogo.
El acto fue presentado y moderado por Ignacio Carbajosa, decano de la Facultad de Teología, quien recordó que el objetivo de estos encuentros es precisamente crear un espacio donde la fe, la razón y las distintas disciplinas del saber puedan dialogar de manera honesta. En esta ocasión, junto a Gómez Cadenas participaron también Víctor Tirado, catedrático de Filosofía Sistemática, y Javier Prades, catedrático de Teología Dogmática. Desde el comienzo, Carbajosa subrayó el valor del diálogo como ejercicio intelectual y moral. Dialogar, recordó, significa disponerse a conocer, comprender y desplazarse a través de la palabra y de la razón. En un contexto cultural en el que con frecuencia los distintos saberes permanecen aislados o incluso enfrentados, la sesión quiso mostrar que es posible una conversación seria entre ciencia, filosofía y teología sin reducir unas disciplinas a otras.
La pregunta científica: por qué estamos aquí
En su primera intervención, Gómez Cadenas explicó de manera divulgativa el núcleo de su trabajo científico. Preguntado por su campo de investigación, respondió que, en el fondo, se dedica a intentar comprender por qué estamos aquí. Esa pregunta, aparentemente filosófica o existencial, encuentra en su caso una formulación física muy concreta: por qué existe un universo de materia y no un universo en el que la materia y la antimateria se hubieran aniquilado por completo tras el Big Bang. El investigador explicó que, según las teorías actuales, en los primeros instantes del universo debieron formarse materia y antimateria en cantidades equivalentes. De haber permanecido ambas, se habrían destruido mutuamente, impidiendo la formación de galaxias, estrellas, planetas y vida. Sin embargo, la antimateria desapareció de algún modo, dejando un universo compuesto fundamentalmente de materia.
En este contexto aparece el neutrino, la partícula que centra buena parte de la investigación de Gómez Cadenas. El físico expuso la hipótesis de que el neutrino podría ser a la vez partícula y antipartícula, una posibilidad que ayudaría a explicar la desaparición de la antimateria. Para verificar experimentalmente esta teoría, su equipo busca un fenómeno nuclear extremadamente raro: una desintegración del xenón en bario con emisión de dos electrones. El propio Gómez Cadenas describió la dificultad de este tipo de experimentos con una imagen expresiva: no se trata simplemente de “buscar una aguja en un pajar”, sino más bien de buscar un grano de arena concreto en la playa de la Concha. Para observar un solo suceso relevante al año, sería necesario trabajar con una tonelada de xenón a alta presión, mientras se intenta distinguir esa señal entre millones de eventos de ruido de fondo producidos por la radiactividad natural.
Estos experimentos se desarrollan en el Laboratorio Subterráneo de Canfranc, bajo unos dos kilómetros de roca que protegen los detectores de los rayos cósmicos. Gómez Cadenas explicó que se trata de proyectos tecnológicamente muy complejos, internacionales y de largo recorrido, en los que participan alrededor de 150 investigadores de numerosas universidades. Son, afirmó, trabajos que requieren una vocación poco común, porque implican dedicar décadas de la vida a una pregunta científica cuya respuesta puede tardar muchos años en llegar.

El Big Bang, el origen del universo y los límites de la ciencia
A partir de esta explicación científica, el diálogo se desplazó hacia una cuestión de mayor alcance: qué significa que el universo tenga un origen. Ignacio Carbajosa introdujo el tema recordando el cambio profundo que supuso el paso de una visión clásica, materialista o positivista del mundo a la física contemporánea, especialmente a partir de la teoría del Big Bang.
Gómez Cadenas explicó que el Big Bang no nació inicialmente de la física cuántica, sino de las ecuaciones de la relatividad general de Einstein. Al resolver dichas ecuaciones, aparece una solución que apunta a una singularidad inicial: el universo no sería una realidad eterna y estática, sino una realidad dinámica que tuvo un comienzo. En este punto recordó la figura de Georges Lemaître, sacerdote católico y físico belga, que fue uno de los primeros en proponer la idea de un universo en expansión a partir de un estado inicial extremadamente denso. Gómez Cadenas destacó la actitud intelectual de Lemaître, que distinguía cuidadosamente entre lo que la física podía afirmar y lo que pertenecía al ámbito de su fe. Como científico, Lemaître proponía una teoría física; como creyente, vivía su fe católica, pero sin confundir los planos.
El físico subrayó que la teoría del Big Bang no es hoy una mera especulación, sino una explicación científicamente muy consolidada, porque ha realizado predicciones verificadas con gran precisión: la radiación cósmica de fondo, la abundancia relativa de elementos ligeros como hidrógeno y helio, y la formación de galaxias. Por ello, señaló, el Big Bang forma parte del marco estándar con el que la ciencia describe el universo. Sin embargo, también insistió en los límites del conocimiento científico. La física puede describir la evolución del universo desde instantes extremadamente tempranos, pero en el punto inicial, en la singularidad, “no sabemos qué pasa”. La ciencia, explicó, no tiene nada que decir sobre el instante cero en cuanto tal, porque se trata de una singularidad matemática.
También abordó el destino del universo. Según el conocimiento científico actual, la expansión cósmica continúa acelerándose por efecto de la energía oscura. Esto apunta hacia un final marcado por la separación progresiva de todos los átomos, el enfriamiento y la llamada muerte térmica del universo. Gómez Cadenas reconoció que, desde el punto de vista físico, se trata de un final “bastante trágico”.
La filosofía ante la ciencia: el sujeto que conoce
La intervención de Víctor Tirado permitió introducir la perspectiva filosófica. Tirado señaló que no es lo mismo materialismo que positivismo y planteó la necesidad de pensar los límites del método científico. Sin negar el valor extraordinario de la ciencia para conocer el mundo material, recordó que la propia noción de materia se ha vuelto más compleja a partir de la física contemporánea.
Desde una sensibilidad fenomenológica, Tirado insistió en que toda demostración presupone una mostración previa. La ciencia no se desarrolla en abstracto, sino desde un sujeto humano que percibe, pregunta, interpreta y busca la verdad. Por eso, advirtió del peligro de que la ciencia, fascinada por el universo que estudia, olvide al ser humano que hace ciencia. El filósofo planteó que la física puede ofrecer un conocimiento extraordinario del cosmos, pero difícilmente puede agotar lo que el ser humano es en toda su profundidad. La conciencia, la libertad, el tiempo vivido, el amor o la experiencia del sentido remiten a un nivel de realidad que no puede ser reducido sin más a leyes físico-matemáticas. En este punto, Gómez Cadenas respondió reconociendo la necesidad de evitar reduccionismos. Afirmó que la física es una forma poderosa de conocimiento, pero no la única. La ciencia trabaja con teorías que deben poder ser contrastadas, falsadas o no falsadas experimentalmente. Pero hay experiencias humanas que requieren otros lenguajes y otros métodos de aproximación.
Uno de los momentos más significativos de esta parte del diálogo llegó cuando Gómez Cadenas afirmó que el hecho de que el universo sea comprensible constituye un fenómeno sorprendente. Trece mil millones de años después del Big Bang, un ser humano, producto de ese mismo universo, es capaz de escribir ecuaciones que describen la evolución cósmica. Que el universo sea racionalmente inteligible y que el ser humano pueda comprenderlo fue presentado como un hecho profundamente asombroso, incluso “metacientífico”.

El amor, la poesía y el misterio de lo humano
El diálogo dio entonces un giro hacia la dimensión más personal y humana del ponente. Ignacio Carbajosa recordó que Gómez Cadenas no es solo científico, sino también esposo, padre, novelista y poeta. Para introducir esta dimensión, leyó un poema suyo titulado “Magic”, en el que el autor describe una escena cotidiana con su hijo: una comida sencilla, conversaciones sobre ajedrez, natación, mitología, matemáticas y programación, y finalmente un abrazo inesperado antes de salir hacia la escuela. El poema culmina con una pregunta que iluminó buena parte del encuentro: cómo cosas tan sencillas pueden dejar una magia tan poderosa como para “invocar a Dios”. A partir de ese texto, Carbajosa invitó al ponente a hablar del misterio de la paternidad y del amor.
Gómez Cadenas respondió que la poesía habla de otra manera. Si pudiera explicar en dos frases lo que expresa un poema, dijo evocando una anécdota atribuida a una bailarina, no se habría tomado la molestia de escribirlo. Aun así, reconoció que la experiencia de ser padre es un misterio profundo. El amor a un hijo, afirmó, es probablemente uno de los sentimientos más puros que existen. El físico rechazó explícitamente el reduccionismo que pretendería explicar esa experiencia diciendo únicamente que ciertos átomos o neuronas se han activado en el cerebro. Eso, señaló, no es ser científico, sino caer en un cientifismo simplista. La física, reconoció, “no sirve para nada” a la hora de explicar plenamente el amor de un padre por su hijo. Para aproximarse a esa realidad hacen falta otros lenguajes: la poesía, la filosofía, la teología o la experiencia vivida.
Este momento permitió mostrar una de las intuiciones centrales del encuentro: la realidad humana no puede ser encerrada en una sola forma de conocimiento. La ciencia describe aspectos fundamentales del mundo, pero no agota el misterio de la persona, de la libertad, del amor o del deseo de infinito.
Ciencia, filosofía y teología: tres caminos hacia la verdad
La intervención de Javier Prades profundizó en la relación entre los distintos saberes. El teólogo comenzó subrayando que lo que estaba ocurriendo en la mesa era, al mismo tiempo, algo posible y difícil: un científico, un filósofo y un teólogo dialogando sin que ninguno poseyera por completo el lenguaje de los otros, pero compartiendo un marco común de comprensión.
Prades señaló que en España queda todavía mucho camino por recorrer para recuperar un diálogo fecundo entre ciencia, filosofía y teología. La hegemonía cultural de la ciencia, cuando se transforma en cientifismo, tiende a dejar poco espacio a una comprensión completa de la realidad. Pero también los filósofos y teólogos, reconoció, tienen la responsabilidad de no encerrarse en sus propios campos ni ignorar los avances de las ciencias. El teólogo rechazó una separación simplista según la cual la ciencia explicaría los “cómo” y la teología los “porqués”. Para Prades, la ciencia busca la verdad dentro de su ámbito y con su método; la filosofía busca la verdad desde el suyo; y la teología hace lo mismo con sus propios recursos. La verdad puede ser abordada desde distintos órdenes de conocimiento, sin que ninguno de ellos deba absorber o eliminar a los demás. Prades formuló una de las preguntas clásicas de la metafísica: por qué hay algo y no más bien nada. Esa pregunta, afirmó, no pertenece al mismo orden metodológico que las descripciones físicas del universo, pero no por ello carece de importancia. Al contrario, resulta decisiva para una comprensión global de la realidad.
También planteó la necesidad de afrontar juntos los grandes retos contemporáneos, como la inteligencia artificial, desde una mirada que integre ciencia, filosofía y teología. Si se quiere servir al bien de la humanidad, afirmó, no basta con una perspectiva técnica: es necesario preguntarse por la verdad, el sentido, la libertad, la responsabilidad ética y la dignidad humana.

La crítica al cientifismo y el valor del viaje
Gómez Cadenas respondió a Prades con una defensa clara del diálogo entre disciplinas y una crítica a la arrogancia cientifista. Afirmó que uno de los males de nuestro tiempo es precisamente la arrogancia pseudocientífica, es decir, la pretensión de que la ciencia posee todas las respuestas y puede explicar de manera total la realidad.
El físico distinguió entre la ciencia, que considera un instrumento extraordinario de conocimiento, y el cientifismo, que reduce el mundo a una visión mecanicista y simplificada. Esa actitud, señaló, puede ser utilizada por determinadas ideologías y por estructuras de poder para promover una imagen del ser humano como mero consumidor y no como ciudadano libre y pensante. Frente a ello, defendió la necesidad de retomar un diálogo que, en realidad, nunca debería haberse interrumpido. Recordó que muchos grandes científicos han sido también filósofos, y que los grandes filósofos han estado atentos al conocimiento científico de su tiempo. Para Gómez Cadenas, lo más valioso de la superposición entre ciencia, filosofía y teología no es solo el resultado final, sino el viaje mismo: la posibilidad de aprender nuevas formas de pensar, de comprender al otro y de entenderse mejor a uno mismo. Ese diálogo, añadió, aumenta la libertad, porque ayuda a no quedar atrapados en visiones cerradas o manipuladoras de la realidad. En una sociedad civilizada, afirmó, este tipo de conversaciones debería ser normal.
La historia, la fe y la pregunta por el cristianismo
En la última parte del encuentro, Ignacio Carbajosa condujo el diálogo hacia el terreno de la historia personal y de la relación de Gómez Cadenas con la fe. El físico relató que, como muchos españoles de su generación, se alejó de la práctica religiosa en la adolescencia. Más que una declaración filosófica de ateísmo, explicó, fue inicialmente una rebelión contra determinadas formas institucionales y educativas de la religión que había conocido en su infancia.
Con el paso del tiempo, Gómez Cadenas se situó más propiamente en el agnosticismo que en el ateísmo. Explicó que el ateo afirma de manera explícita que Dios no existe, mientras que el agnóstico reconoce que no tiene información suficiente o no se considera capaz de decidir. En su caso, dijo, el misterio del universo le parece lo bastante grande como para evitar afirmaciones dogmáticas en un sentido u otro. El ponente compartió que en los últimos diez años su relación con la Iglesia Católica ha cambiado a partir del encuentro con determinados cristianos. Ese contacto le ha llevado a revisar su antigua percepción de la institución. Aunque no se declara creyente, afirmó que hoy ve a la Iglesia como un bien en una sociedad desequilibrada y fragmentada. Algunos amigos, comentó con humor, le han llamado “católico por lo civil”. A partir de ahí surgió una de las cuestiones más profundas de la sesión: el carácter histórico del cristianismo. Carbajosa recordó una pregunta que el propio Gómez Cadenas había formulado en otras ocasiones: si el cristianismo se remite a un acontecimiento decisivo para toda la humanidad, ¿por qué ocurrió hace dos mil años, en Palestina, y no en otro momento o lugar?
Gómez Cadenas reconoció que esa pregunta no le lleva necesariamente a la negación, sino al asombro. El hecho de que, según la fe cristiana, Dios entre en la historia en un momento, en un pueblo y en unas coordenadas concretas le parece un elemento profundamente misterioso. La pregunta, insistió, no implica la negación. Del mismo modo que en ciencia una pregunta abierta no destruye una teoría, sino que invita a seguir investigando, también en el terreno religioso ciertas preguntas pueden abrir un camino de indagación. Incluso amplió la cuestión al horizonte cósmico: si existen miles de millones de estrellas y quizá otras formas de vida inteligente, ¿qué significaría entonces la singularidad de Cristo? ¿Habría acontecido algo semejante en otros mundos? Gómez Cadenas planteó estas preguntas como inquietantes y fecundas, no como objeciones cerradas.
La razonabilidad de la fe
Javier Prades respondió situando la cuestión dentro de la tradición cristiana. Recordó que la pregunta por el “por qué allí” y “por qué entonces” ha acompañado al cristianismo desde sus orígenes y fue formulada ya por sus adversarios antiguos. La fe cristiana, explicó, reconoce precisamente que el acontecimiento de Cristo sucede en la “plenitud de los tiempos”, dentro de una historia concreta.
El teólogo señaló que el cristianismo no pretende imponer una adhesión ciega. Lo que propone excede la medida humana, pero se ofrece dentro de un contexto de comprensión que permite una adhesión razonable. La fe, afirmó, no se reduce a una demostración matemática, pero tampoco equivale a creer en algo absurdo o arbitrario. Reclama confianza, pero una confianza que puede ser razonable. Prades distinguió entre la credibilidad razonable del cristianismo y el don de la fe. Una persona puede reconocer que la posición cristiana es razonable sin haber recibido o aceptado la fe. En este sentido, consideró que la experiencia de Gómez Cadenas en los últimos años muestra precisamente cómo el encuentro con cristianos concretos puede hacer visible la credibilidad histórica y humana de la Iglesia.
Víctor Tirado añadió una reflexión filosófica sobre la centralidad del ser humano. Frente a la idea de que el hombre es insignificante en un universo inmenso, recordó que es precisamente el ser humano quien mira el universo, se pregunta por él y lo reconoce como real. Si existieran otros seres racionales en otros mundos, concluyó, compartirían esa apertura a la verdad y serían, en ese sentido, semejantes a nosotros.
Un diálogo necesario para nuestro tiempo
El encuentro concluyó con unas palabras de Ignacio Carbajosa, quien agradeció a Juan José Gómez Cadenas, Víctor Tirado y Javier Prades su participación. El decano destacó el valor de haber podido asistir a un diálogo real entre un científico, un filósofo y un teólogo en torno a cuestiones decisivas para la cultura contemporánea.
La sesión mostró que el problema de Dios no puede abordarse como una cuestión ajena a la razón, ni tampoco como un asunto que la ciencia pueda clausurar sin más. Al contrario, las preguntas por el origen, el sentido, la libertad, el amor, la inteligibilidad del cosmos y la historia siguen abiertas y reclaman un diálogo amplio, humilde y riguroso.
Con esta sesión se cerró el ciclo de este curso de “La Facultad de Teología en diálogo”, que ha querido ofrecer un espacio de encuentro entre disciplinas y sensibilidades distintas. La Facultad de Teología continuará el próximo curso con nuevas propuestas orientadas a favorecer la conversación entre la fe cristiana, la razón y los grandes desafíos culturales de nuestro tiempo.