La Facultad de Derecho Canónico de la UESD clausuró el curso “Movimientos eclesiales, nuevas comunidades y hermandades”, una iniciativa académica impulsada por primera vez este año con el objetivo de ofrecer una formación teológica y canónica al servicio de estas realidades de la vida de la Iglesia. La sesión de clausura tuvo lugar en la Sala de Grados de la universidad y contó con la intervención de don Carlos Escribano Subías, arzobispo de Zaragoza y presidente de la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida de la Conferencia Episcopal Española. Su ponencia puso el broche final a un curso que ha querido ayudar a movimientos, asociaciones, hermandades, cofradías y nuevas comunidades a comprender mejor su identidad, su inserción eclesial y su misión evangelizadora.
Al inicio del acto se recordó que esta propuesta académica ha querido mostrar cómo el Derecho Canónico no es una realidad ajena a los carismas, ni una mera estructura normativa que limite la vida eclesial, sino un servicio a la verdad de las distintas realidades de la Iglesia. En este sentido, se subrayó que el Derecho Canónico ayuda a concretar y vivir rectamente los dones recibidos, evitando deformaciones y favoreciendo una inserción armónica en la comunión eclesial. Durante el curso se inscribieron cerca de 60 alumnos, tanto en modalidad presencial como online, con una participación constante a lo largo de todo el año. La formación combinó explicaciones teológicas y canónicas con el desarrollo de casos prácticos, especialmente orientados a ofrecer criterios de actuación en cuestiones fundamentales para la vida de movimientos, asociaciones, hermandades y nuevas comunidades. El curso ha estado dirigido a miembros de estas realidades eclesiales, pero también a agentes pastorales y canonistas que acompañan procesos de nacimiento, reconocimiento, aprobación, asesoramiento y gobierno de estas instituciones dentro de la Iglesia. Entre sus objetivos se encontraban favorecer una adecuada comprensión teológica y canónica de los carismas, ayudar a su encuadramiento jurídico, orientar los procesos de institucionalización y mejorar la relación con la Iglesia universal, las diócesis y las parroquias.

«No olvidéis, la tarea de evangelización no es opcional»
En su intervención, Escribano partió de una convicción central: la importancia decisiva del laicado en la vida y misión de la Iglesia. Desde su experiencia pastoral como obispo, párroco, consiliario y responsable de la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida, afirmó que los movimientos eclesiales, asociaciones, hermandades y cofradías son una gran riqueza para la Iglesia y una expresión concreta de la acción del Espíritu.
El arzobispo de Zaragoza estructuró su reflexión en torno a varios ejes fundamentales de la teología del laicado. En primer lugar, destacó la necesidad de que estas realidades ayuden a sus miembros a vivir la vocación bautismal, a crecer en santidad y a superar la separación entre fe y vida. La misión evangelizadora, explicó, no puede entenderse como una tarea opcional, sino como algo que brota de la identidad misma del bautizado. Escribano insistió también en la importancia de comprender la Iglesia como misterio, comunión y misión. Desde esta perspectiva, señaló que la acción pastoral no debe limitarse a asignar tareas o funciones, sino que debe ayudar a cada fiel a descubrir su dignidad bautismal y su llamada a la santidad. Solo desde ahí, añadió, puede surgir una verdadera corresponsabilidad misionera.
Uno de los temas centrales de la conferencia fue la comunión eclesial, presentada como don y tarea. El arzobispo recordó que la comunión no se construye sola, sino que exige responsabilidad, fraternidad y una verdadera espiritualidad de comunión. En este sentido, subrayó que los movimientos, asociaciones y hermandades no pueden vivir al margen de la Iglesia particular ni de la pastoral diocesana y parroquial, sino que están llamados a integrarse de manera fecunda en la vida de la Iglesia. El ponente abordó también la llamada índole secular del laicado, uno de los elementos fundamentales de la enseñanza del Concilio Vaticano II. Explicó que el mundo no es simplemente el escenario en el que el laico actúa, sino el lugar concreto en el que Dios lo llama a vivir su vocación y su misión. Por ello, los laicos están llamados a ser “levadura desde dentro”, santificando la realidad temporal y anunciando el Evangelio en medio de la sociedad.
En la segunda parte de la conferencia, Escribano se detuvo en los criterios de eclesialidad que permiten discernir la autenticidad y fecundidad de las distintas realidades eclesiales. Entre ellos destacó la llamada a la santidad, la confesión de la fe católica, la comunión activa con toda la Iglesia, la aceptación de los momentos de prueba en el discernimiento de los carismas, la presencia de frutos espirituales y la dimensión social del Evangelio. El arzobispo señaló que estos criterios son como “indicadores” que ayudan a valorar la salud eclesial de un movimiento, asociación o hermandad. En este sentido, advirtió de algunos riesgos presentes en la vida eclesial, como el clericalismo, la pasividad del laicado, el envejecimiento de algunas estructuras, la tentación de absolutizar el propio carisma o la falta de coordinación con la vida diocesana. Frente a ello, invitó a reconocer que cada realidad eclesial es un don para las demás y que la diversidad de carismas está llamada a enriquecer la comunión y la misión de la Iglesia. La conferencia prestó especial atención a la dimensión evangelizadora de las hermandades y cofradías, particularmente en el ámbito de la religiosidad popular. Mons. Escribano destacó la fuerza catequética y evangelizadora de las procesiones, que sacan el anuncio cristiano a la calle a través de la belleza, la tradición y la fe del pueblo. A la vez, recordó que esta riqueza debe ir acompañada de formación, acompañamiento, vida sacramental, caridad y compromiso con los pobres.
En la parte final de su intervención, el arzobispo vinculó estas cuestiones con el camino abierto por el Congreso de Laicos, celebrado en España en 2020. Recordó sus cuatro grandes itinerarios —primer anuncio, acompañamiento, procesos formativos y presencia en la vida pública— como claves para impulsar una Iglesia en salida, sinodal y evangelizadora. En este marco, subrayó la importancia de formar laicos adultos, corresponsables y capaces de dar testimonio de la fe en los distintos ambientes sociales, culturales y profesionales. Escribano concluyó afirmando que los movimientos eclesiales y las hermandades son “piezas fundamentales” en la misión evangelizadora de la Iglesia. Su capacidad para unir tradición popular, novedad carismática, dignidad bautismal y responsabilidad misionera los convierte en sujetos indispensables para que el mensaje de Jesús siga siendo una propuesta viva y transformadora para el hombre de hoy.
Al término de la conferencia, la Facultad agradeció la presencia de Mons. Carlos Escribano y valoró su intervención como un verdadero “broche de oro” para el curso. También se expresó el agradecimiento a los directores de la iniciativa, Juan Manuel Cabezas y Luis Navarro, así como a todos los alumnos que han participado durante el año. La clausura puso de relieve la importancia de la formación como servicio a la misión de la Iglesia y abrió el camino a futuras propuestas académicas en este ámbito.
Aquí puedes ver la ponencia de clausura del curso:
