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Con motivo de los Centenarios Sanjuanistas que la Orden del Carmelo Descalzo celebrará a partir de este mes, la profesora Carolina Blázquez Casado ha publicado en Alfa y Omega una reflexión teológica y espiritual que ayuda a comprender el sentido profundo del Año Jubilar Sanjuanista. Este año santo comenzará solemnemente el 13 de diciembre de 2025 en la Iglesia–Sepulcro de San Juan de la Cruz de los Carmelitas Descalzos en Segovia, donde reposan sus restos, y se clausurará el 26 de diciembre de 2026 en Úbeda, ciudad en la que el santo murió y donde su memoria sigue viva.

El jubileo se enmarca en dos conmemoraciones decisivas para la Iglesia: el tercer centenario de la canonización de san Juan de la Cruz (1726) y el primer centenario de su declaración como Doctor de la Iglesia (1926). Bajo el lema “La esperanza tanto alcanza cuanto espera”, tomado de uno de sus poemas más intensos, el Carmelo ofrece este tiempo de gracia como un puente espiritual entre el Jubileo ordinario de la Esperanza que concluye en 2025 y el nuevo jubileo sanjuanista, invitando a redescubrir la vigencia de un místico cuya palabra continúa iluminando a creyentes, poetas y buscadores de sentido. Para favorecer la participación de fieles y peregrinos, se han señalado como templos jubilares —con especial relevancia histórica y espiritual— Fontiveros (lugar de nacimiento del santo), Segovia (lugar donde se venera su cuerpo) y Úbeda (lugar de su muerte), junto con otros espacios carmelitanos en las diócesis de Ávila, Segovia y Jaén.

En su artículo, Carolina Blázquez sitúa este nuevo año santo dentro de la pedagogía eclesial de los jubileos. Partiendo de la frase de san Juan “De su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia” (Jn 1,16), recuerda que estos tiempos especiales no son añadidos decorativos en la vida cristiana, sino la actualización constante de la buena noticia del Evangelio: siempre es tiempo favorable, siempre es día de salvación. Dios, asegura, no se cansa de perdonar, porque no desea otra cosa que darnos su amor; en Cristo han quedado abiertas de par en par las puertas de la misericordia. Por eso el jubileo es una llamada universal a la conversión y a la renovación interior, una invitación a descubrir la belleza de la vida cristiana en la diversidad de carismas y testigos. Nadie debería sentirse fuera de tiempo o excluido de esta convocatoria: la misión de la Iglesia es salir al encuentro de cada persona en los cruces de sus caminos e invitar sin excepción a todos al banquete de la gracia.

Desde esta clave, la profesora de San Dámaso subraya que el Año Jubilar Sanjuanista no nos conduce a celebrar a san Juan de la Cruz como si fuese un homenaje histórico cerrado en el pasado, sino a celebrar la presencia salvadora de Dios en su historia. La memoria cristiana —explica— no es simple recuerdo sentimental: es anámnesis, memoria litúrgica que hace presente hoy la acción de Dios y dispone el corazón a acogerla ahora. Por eso, este jubileo ofrece una ocasión especialmente fecunda para volver a la biografía del santo, adentrarse en la hondura de sus escritos, conocer mejor el carisma carmelitano y, si es posible, peregrinar a los lugares que marcaron su vida. No se trata de visitar reliquias del pasado, sino de acercarse a un testigo en el que la Iglesia ha reconocido una manifestación luminosa de Cristo.

Carolina Blázquez recuerda, además, que las fechas que motivan este jubileo no proceden de un episodio estrictamente biográfico, sino de la gratitud de la Iglesia hacia quien fue reconocido como santo y doctor. Las actas de su canonización muestran que, ya en el momento de su muerte, existía un sentir general de santidad, confirmado por quienes convivieron con él. Ese dato, leído hoy, abre inevitablemente una pregunta para todos: qué huella dejamos con nuestra vida. La santidad no aparece como algo inalcanzable o ajeno, sino como una vocación real que imprime sentido a la existencia cotidiana y al servicio eclesial.

En una de las partes más sugestivas de su texto, la autora conduce al lector al corazón de la experiencia sanjuanista. Con el Cántico espiritual como trasfondo, muestra cómo san Juan de la Cruz vivió cautivado por la belleza escondida de Cristo, por esas “mil gracias” derramadas en el mundo. Su inclinación a la contemplación no nació del miedo a la vida ni de una huida del mundo, sino del asombro ante una creación habitada por Dios. Las noches limpias de Castilla le enseñaron que la luna que él contemplaba era la misma que Jesús miró en Getsemaní; así, cada rincón de su existencia se convertía en lugar de encuentro con el Amado. También sus heridas históricas —la pobreza de la infancia, el trabajo en el hospital de Medina del Campo, las esperanzas de la Reforma, las incomprensiones, la persecución, la difamación y el encarcelamiento injusto— quedaron transfiguradas por la compañía de Cristo. La cruz no fue para él signo de derrota, sino el lugar donde el Pastor herido revela el amor más hermoso y convierte la noche en camino pascual.

De este modo, san Juan de la Cruz aparece en la lectura de Carolina Blázquez como maestro de esperanza para nuestro tiempo. Su vida y su poesía muestran que la noche de la existencia, la dramática del mundo y los pasos dolorosos de cada biografía pueden quedar iluminados por la Luz de Dios. El lema “La esperanza tanto alcanza cuanto espera” se convierte así en una llamada concreta a vivir este jubileo con apertura interior, deseo confiado y valentía espiritual, sabiendo que la gracia sigue actuando hoy “tras gracia”, y que la esperanza cristiana no es pasividad, sino camino audaz hacia Dios.

Los Centenarios Sanjuanistas se presentan, por tanto, como un año cargado de memoria, espiritualidad y cultura, pero también como una invitación actual a dejarnos renovar por la misma presencia de Cristo que transformó la existencia del Doctor Místico. La aportación de Carolina Blázquez Casado en Alfa y Omega ayuda a entrar en este jubileo desde su sentido más profundo: un tiempo de gracia, conversión y esperanza para toda la Iglesia.