Seleccionar página

Madrid, 18 de febrero de 2026. En el marco del curso sobre la actualidad de Henri de Lubac organizado por el Seminario «Francisco Suárez» de Teología (Fundación Universitaria Española), Javier Prades, profesor de Teología en la UESD, ofreció una conferencia centrada en la obra El drama del humanismo ateo, subrayando su capacidad para iluminar no solo los debates del siglo XX, sino también algunas tensiones decisivas de la cultura contemporánea.

Desde el inicio, Prades situó su intervención como una invitación a leer directamente el libro de De Lubac, convencido de que su interés no se reduce al valor histórico: “mirando atrás miramos al presente y miramos al futuro”. En esa línea, destacó el modo característico del teólogo jesuita: una teología fiel al dato revelado, con enorme densidad bíblica y patrística, capaz a la vez de discernir la cultura y ofrecer criterios para la vida de la Iglesia.

Un itinerario personal de lectura de De Lubac

El profesor de la UESD compartió algunos hitos de su propio encuentro con la obra de De Lubac: Meditación sobre la Iglesia, leída en su juventud, y El misterio de lo sobrenatural, que le marcó por su forma de captar “la paradoja de lo humano”. También recordó la fecundidad de sus comentarios a la constitución conciliar Dei Verbum y la importancia de La posteridad espiritual de Joaquín de Fiore, no solo como estudio histórico-teológico, sino como herramienta para interpretar corrientes culturales y espirituales.

En ese “estilo” de De Lubac, Prades señaló una enseñanza de fondo: la teología no es un ejercicio encerrado en sí mismo, sino una inteligencia de la fe que afecta a la vida. Lo expresó con una imagen muy gráfica al responder en el coloquio final: hay libros “de aula” y libros “de capilla”, pero en De Lubac —afirmó— se encuentran páginas “con las que se puede rezar”.

El “equívoco trágico” y la pregunta por el hombre

Uno de los pasajes centrales de la exposición fue la introducción del libro, con la imagen de un relieve de la catedral de Chartres: la creación de Adán como un gesto de ternura. Prades explicó que De Lubac usa esa escena para mostrar el “equívoco trágico” de la cultura europea: cómo lo que fue vivido como origen de libertad y grandeza llega a percibirse como un “yugo insoportable”, como si la cercanía de Dios fuera rival de la libertad humana.

A partir de ahí, presentó el núcleo del diagnóstico de De Lubac: la discusión no es meramente académica, sino existencial y antropológica, porque en el fondo está en juego qué entendemos por hombre, qué horizonte de sentido se considera posible y qué sucede cuando la vida queda confinada a la pura inmanencia.

Nietzsche: el nihilismo y la crítica al cristianismo debilitado

Prades repasó la figura de Nietzsche como adversario del cristianismo en el relato de De Lubac, y se detuvo en una cuestión particularmente actual: la metamorfosis del nihilismo. Junto al nihilismo “trágico” aparece hoy —señaló— un nihilismo “desenfadado”, recubierto de consumo y distracción. Sin embargo, sostuvo que ese “nihilismo ligero” no ha eliminado realmente el problema del sentido, porque la cultura contemporánea está atravesada por signos de inquietud, pregunta e insatisfacción.

En ese contexto, recogió también un punto de gran interés: ciertas críticas a un cristianismo acomodado, formalista o “burgués” pueden funcionar como llamada a un cristianismo más vivo. La respuesta —subrayó— no es simplemente organizativa, sino espiritual: una fe con fuerza interior, arraigada en el Evangelio, la vida sacramental y el testimonio.

Comte: religión de la humanidad y “catolicismo sin Cristo”

La parte dedicada a Augusto Comte permitió a Prades mostrar un tipo de desafío distinto: no solo negar a Dios, sino desplazar la cuestión metafísica hasta hacerla irrelevante y sustituirla por una “religión de la humanidad”. En la lectura de De Lubac, explicó, aquí aparece la tentación de una salvación intramundana: un horizonte “criptosoteriológico” donde el progreso humano, la técnica y la organización social prometen resolver el drama de lo humano.

Prades expuso además algunos elementos llamativos de Comte: su hostilidad a la persona de Jesús, su preferencia por un cristianismo “organizable” y su admiración por ciertos rasgos del catolicismo medieval, leídos como instrumento de cohesión social. El resultado final, según De Lubac, sería la configuración de un nuevo poder espiritual: un “sacerdocio” de sabios que termina adquiriendo rasgos de control y tiranía.

Dostoyevski: la respuesta cristiana desde el abismo y la resurrección

El punto culminante de la conferencia fue Dostoyevski, a quien De Lubac confía —de forma significativa— la respuesta más decisiva. Prades explicó la contraposición: Nietzsche y Dostoyevski como “hermanos enemigos”, capaces de explorar con radicalidad el sufrimiento, el mal y la muerte, pero con desenlaces opuestos. En Dostoyevski, insistió, no se trata de un optimismo racional ni de una teodicea que “absorba” el mal en un sistema, sino del testimonio que atraviesa el abismo desde la cruz y la resurrección.

En ese marco, evocó dos imágenes potentes presentes en la lectura de De Lubac: el Gran Inquisidor, como figura de un despotismo que intercambia libertad interior por seguridad, y el “palacio de cristal”, símbolo de una utopía transparente y perfecta diseñada por la razón técnica. Para hacer visible esa tentación en clave cultural contemporánea, Prades aludió a la película Barbie como metáfora: un mundo perfecto sin preguntas que, al contagiarse “de lo humano”, vuelve a pronunciar la pregunta decisiva: “What was I made for?” (“¿para qué he sido hecha?”).

La salida, en la lectura que propuso, no es la huida del drama humano, sino la esperanza cristiana como fuerza real: el bien aparece en figuras luminosas —como Zósima, Sonia o Aliosha— y en una convicción que De Lubac resume con la importancia del testigo: quienes “han visto la luz” irradian una fe que no se reduce a palabras.

Un cristianismo “heroico” como resistencia espiritual

En la parte final, Prades ofreció una página especialmente significativa para entender el tono de De Lubac en el contexto de la guerra y los totalitarismos: la llamada a una resistencia espiritual que no delira con la fuerza, sino que sostiene, “con humilde fiereza”, los valores cristianos amenazados. En ese horizonte, subrayó, se comprende por qué ciertos diagnósticos de De Lubac “aguantan el tiempo en lo esencial”: porque apuntan a una verdad sobre el hombre que ni la técnica ni el poder consiguen borrar del todo.

Diálogo final: belleza, nihilismo y cultura contemporánea

Tras la intervención se abrió un coloquio que permitió ampliar la reflexión. Entre otras cuestiones, se planteó el papel de la belleza en Dostoyevski y el contraste entre belleza verdadera y “belleza falsa” en las imágenes culturales actuales. También se preguntó por el debate contemporáneo sobre si conviene “desdramatizar” el nihilismo y el ateísmo actuales. Prades defendió que los distintos rasgos conviven en las personas y en las sociedades, pero insistió en que las expresiones de inquietud y búsqueda muestran que el problema del sentido no queda realmente resuelto, y que precisamente ahí se juega una tarea intelectual y pastoral de primer orden.