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La tarde del 26 de febrero de 2026 la UESD celebró la presentación del libro Honrar la carne del Señor. Horizontes para la vida consagrada (Madrid: Didaskalos, 2025), editado por José Granados y Stefan Zarnay. El encuentro, organizado en el marco de la Cátedra de Teología de la Vida Consagrada de la Facultad de Teología, estuvo moderado por su directora, la Dra. Hna. Carolina Blázquez, y contó con la intervención del R. P. José Granados, Superior general de los Discípulos de los Corazones de Jesús y María, y de Dª Lourdes Grosso, M.Id., directora de la Oficina para las Causas de los Santos de la Conferencia Episcopal Española.

Oración y apertura del acto

El acto comenzó con un momento de oración —invocación a la Trinidad y plegaria mariana— antes de la bienvenida de la Hna. Carolina Blázquez. En su presentación, situó el volumen como una propuesta para “dar cobijo, cuidar y valorar” el don de la vida consagrada desde una reflexión que atiende a sus elementos esenciales, a su verdad y a su presencia significativa en la Iglesia y en el mundo. El fundamento de esta “casa” teológica, señaló, es la confesión de fe en la resurrección de Cristo y la perspectiva última que se abre es el esplendor de la condición final: la carne glorificada de Cristo.

José Granados: de la crisis cultural a la “forma eucarística”

En su intervención, el P. José Granados situó el libro ante el profundo cambio cultural que afecta hoy a la experiencia religiosa y a las formas visibles de vida cristiana. Recordó que la vida consagrada no es solo una opción individual, sino una realidad pública en la Iglesia, con un carácter comunitario y social. En este contexto, subrayó el propósito del volumen: ofrecer una visión que dialogue con el momento presente y muestre la fecundidad eclesial de los consejos evangélicos.

Granados explicó el paso —en términos de Charles Taylor— de una “edad de movilización” (cuando se buscaba que los cristianos dieran forma a la sociedad) a una “edad de la experiencia auténtica”, más vinculada a la vivencia privada y a la desconexión de lo religioso respecto al orden social. A ello añadió una crisis cultural más amplia: un “aplanamiento” que reduce la capacidad de la cultura para dar forma a la vida humana.

La respuesta que el libro propone, indicó, se articula desde la Eucaristía: una “forma eucarística” de vida que es, a la vez, esperanza anticipada y modo concreto de relación, celebración y comunión. En esa clave, defendió la relación inseparable entre matrimonio y vida consagrada: no se entienden la una sin la otra. El matrimonio, afirmó, “honra” la vertiente creatural de la Eucaristía, porque introduce la creación y la historia humana en esa forma de vida; la vida consagrada, en cambio, vive la vertiente de la novedad de Cristo, la dimensión escatológica y plenaria, como memoria del modo de vida de Cristo y como honor a su carne eucarística, presencia del Resucitado en la Iglesia.

En el coloquio, a propósito de una pregunta sobre si el enfoque eucarístico desplaza el arraigo bautismal, Granados precisó que la vida consagrada se entiende como plenitud de la consagración bautismal: no es un sacramento nuevo, sino el bautismo vivido “en su radicalidad” y plenitud. Y añadió que el bautismo es también “puerta” y “nacimiento” para la vida eucarística; por eso, vivir en plenitud el bautismo implica una forma nueva de vivir la Eucaristía. Sugirió además que la reflexión podría completarse atendiendo a la confirmación como dimensión activa y generativa —edificación de la Iglesia—, con repercusiones para comprender la obediencia como dilatación del corazón hacia una obra fecunda y como sanación de la relación padre-hijo, hoy también en crisis cultural.

Lourdes Grosso: obediencia, pobreza y virginidad como clave profética

Tras la intervención inicial de Granados, Lourdes Grosso ofreció una lectura del libro desde su articulación interna y desde la relevancia actual de los consejos evangélicos. Enmarcó el volumen como una reflexión singular —nacida de la experiencia de los Discípulos de los Corazones de Jesús y María— que busca abrir horizontes de esperanza en tiempos de desafío y confusión.

Apoyándose en Vita consecrata, recordó la dimensión profética de la vida consagrada y describió los votos como “terapia espiritual” ante tres desafíos contemporáneos: la cultura hedonista que disocia sexualidad y norma moral, el materialismo del poseer indiferente a los débiles y a la creación, y las concepciones de libertad que prescinden de su relación con la verdad y el bien.

En su comentario se detuvo especialmente en la obediencia y la pobreza. Sobre la obediencia, presentó el capítulo “La obediencia: concordia en el Cuerpo de Cristo” (Luis Granados), que la entiende desde la libertad y la concordia. Frente a objeciones modernas y deformaciones históricas de una “mal llamada obediencia”, subrayó que obediencia y libertad nacen juntas como respuesta agradecida al don recibido, y que la obediencia religiosa es concordia con el Padre y llamada a dar la vida por los hermanos, mediada comunitariamente: “nadie puede ser obediente a solas”.

En lo referido a la pobreza, destacó la lectura del voto a partir del misterio del Resucitado: no como mera renuncia, sino como expresión de pertenencia y de plenitud bautismal. La pobreza se entiende desde la contemplación de Cristo (kenosis y gloria) y como deseo de comunión con Él, con una dimensión eclesial y comunitaria. En ese marco, citó una idea decisiva del volumen: la pobreza conduce a hacer de la Eucaristía la “morada por antonomasia” del religioso, porque el lugar del cuerpo resucitado de Cristo es la Eucaristía: “vivir pobremente es vivir del sagrario”. Esta experiencia, recordó, se verifica en la caridad concreta: tocar la carne de Cristo pobre en los pequeños, enfermos y necesitados.

La tercera parte de su intervención se centró en la virginidad, a la que el libro dedica cuatro capítulos (del 2 al 5). Grosso subrayó la opción del volumen por el término “virginidad” —más allá de expresiones como “celibato por el Reino” o “castidad consagrada”— por su fuerza existencial y teológica. Señaló dos acentos: la virginidad como dimensión universal (un “espacio” en la persona que remite a lo absoluto, que solo Dios puede colmar) y la lectura cristológica de la virginidad a la luz de “Cristo virgen”, memoria del estilo de vida de Jesús y, a la vez, memoria del Cristo glorioso que vive hoy y está presente en la Iglesia.

Coloquio: “Horizontes” como mirada al futuro y la vida consagrada en relación con la familia

En el diálogo final, Lourdes Grosso planteó una pregunta sobre el sentido del subtítulo “Horizontes para la vida consagrada”, al percibir que el enfoque del libro —“honrar la carne del Señor” desde la esperanza radical— no es un mero listado de claves, sino una propuesta que “da vida, visión y futuro”.

El P. Granados recogió la cuestión subrayando que “horizonte” expresa una mirada al futuro en un tiempo de crisis religiosa y social: el futuro de la vida consagrada está ligado al futuro del cristianismo. En esa línea, explicó que el cambio de perspectiva es decisivo: la pobreza no como renuncia, sino como posesión de los bienes en su destino último; la obediencia no como encierro, sino como entrada en un querer más grande que dilata el corazón; y, en conjunto, la vida consagrada como una forma de vivir la carne —no negación del cuerpo— que la potencia para Dios, con capacidad generativa.

Otra intervención del público pidió profundizar en la relación entre familia y vida consagrada y evocó la vida consagrada como “huella de la Trinidad”. Granados insistió en la reciprocidad entre ambos estados de vida: el matrimonio y la familia proporcionan el lenguaje vital con el que se entiende la vida consagrada (ser hijo, donación, corazón indiviso), mientras que la vida consagrada recuerda a la familia ese deseo de Dios presente en toda persona y ofrece también una posible sanación de la paternidad en crisis, reflejando la comunión trinitaria como don del Padre al Hijo.

La portada: Santo Tomás, la sabiduría de la cruz y la misión hacia la ciudad

En la parte final del coloquio, se pidió al P. Granados explicar la portada del libro. Señaló que es obra de un hermano de comunidad, el P. Joan Gotia, y está inspirada en una imagen de Santa Sabina (Roma): Santo Tomás con su secretario, en una escena de amistad y estudio. El libro que contemplan se representa con forma de cruz, subrayando que la sabiduría que se busca es la de Cristo crucificado, y al fondo aparece la ciudad, signo del destino misionero de la palabra y de su capacidad de “santificar el mundo”.

Minorías creativas y generatividad: dar la vida porque se ha recibido un don

El P. Juan de Dios Larrú, presente entre los autores, planteó una cuestión de fondo: cómo la vida religiosa puede responder hoy a la pregunta “por qué dar la vida mortal” y de qué modo está llamada a generar sujetos y “minorías creativas”. Granados respondió brevemente: la capacidad de dar vida solo nace de experimentar la vida como un don tan grande que necesita transmitirse. En la medida en que la vida consagrada mantenga viva esa experiencia originaria —el amor de Cristo como presencia interior que comunica plenitud— será capaz de generar.

Cierre e invitación a la lectura

El acto concluyó con una invitación explícita a leer y difundir el volumen: “lo que amamos lo comunicamos”, y también necesita ser pensado, saboreado y rumiante, se señaló. La Hna. Carolina Blázquez agradeció la presencia de los ponentes, de los autores —muchos de ellos profesores de la Universidad— y del público, destacando el encuentro como signo de aprecio a la vocación y a la vida consagrada. La sesión finalizó dando gloria a Dios con la doxología trinitaria.