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Raúl Sacristán, profesor de la Facultad de Teología de la UESD, participó en el II Congreso Internacional de Antropología Cristiana y Ciencias de la Salud Mental, celebrado en Barcelona del 15 al 17 de mayo de 2026 bajo el lema Integrando la religión y la espiritualidad en la psicoterapia.

El encuentro, organizado por la Universitat Abat Oliba CEU, reunió a especialistas, investigadores y profesionales del ámbito de la salud mental interesados en profundizar en la relación entre antropología cristiana, psicología, religión y espiritualidad. Esta segunda edición del congreso —cuya primera edición tuvo lugar en 2019— contó con la colaboración de Divine Mercy University, la Universidad de Navarra, EMCAPP —European Movement for Christian Anthropology, Psychology and Psychotherapy— e ICATC —International Catholic Association of Therapy Coaching—.

La riqueza del congreso radicó especialmente en su carácter internacional, interdisciplinar y ecuménico. En sus sesiones participaron ponentes procedentes de distintos países de Europa y América, entre ellos España, Estados Unidos, México, Finlandia, Alemania, Italia, Polonia y Rusia. Además, el encuentro reunió sensibilidades de diversas confesiones cristianas —católicos, protestantes y ortodoxos— y distintas corrientes psicológicas, favoreciendo un diálogo amplio sobre la cuestión antropológica en las ciencias sociales y, de modo particular, en la psicología.

La intervención de Raúl Sacristán tuvo lugar en la clausura del tercer día del congreso y estuvo dedicada a la relación entre teología, espiritualidad y psicología. En su ponencia, el profesor de San Dámaso partió de la reciente publicación de Cor ad cor loquitur, de la Conferencia Episcopal Española, para abordar la necesidad de una adecuada comprensión de la afectividad como clave para una antropología integral. Sacristán señaló que la psicología moderna ha desarrollado un gran interés por las emociones y que las distintas corrientes psicológicas han ido poniendo el acento en aspectos relevantes de la vida afectiva. Sin embargo, advirtió también del riesgo de analizar esas dimensiones de manera aislada, sin integrarlas en una visión completa de la persona.

Uno de los puntos centrales de su intervención fue la distinción entre experimento y experiencia. Según explicó, una parte de la psicología moderna ha tendido a apoyarse de manera muy marcada en el método científico de carácter empirista para justificarse a sí misma como ciencia. Sin negar la importancia de la investigación científica, Sacristán subrayó que el conocimiento del ser humano no puede reducirse a lo experimental: “Las personas no vivimos un experimento, sino que vamos haciendo experiencia de la vida”. En esta línea, afirmó que “la experiencia acoge la realidad para tratar de explicarla, el experimento dispone la realidad para analizarla”. Por ello, sostuvo que la pregunta por quién es el hombre no puede responderse únicamente mediante el experimento, sino desde una experiencia integral de la vida humana.

Desde la perspectiva cristiana, Sacristán recordó que la experiencia decisiva para comprender el misterio del hombre es el encuentro con Cristo Resucitado. Este encuentro, explicó, lleva a la razón humana más allá de sus propios límites y pone en movimiento a la persona para seguir a Aquel que le revela el sentido de su existencia, en la línea de la afirmación del Concilio Vaticano II en Gaudium et spes 22: Cristo manifiesta plenamente el hombre al propio hombre.

El profesor de la Facultad de Teología destacó que el encuentro con Cristo no constituye solo el inicio de la vida personal cristiana, sino también el punto de partida de la reflexión cristiana sobre la realidad. Desde ahí, la antropología cristiana puede ofrecer una palabra concreta y certera sobre la afectividad humana, especialmente necesaria en un contexto cultural y psicológico en el que la vida emocional ocupa un lugar cada vez más relevante. En particular, Sacristán se refirió a la aportación de santo Tomás de Aquino para comprender cómo la afectividad configura a la persona en su relación con la realidad. Esta relación, explicó, no se reduce a una mera idea o elaboración conceptual, sino que implica una transformación profunda de la existencia: ser “una criatura nueva”, en expresión de san Pablo.

El encuentro con el amor de Dios —“Dios es amor”, recuerda la Primera carta de san Juan— abre a la persona a una vida nueva que permite integrar adecuadamente todas las dimensiones de la existencia. Desde esta perspectiva, la antropología cristiana ofrece una comprensión del hombre capaz de superar algunas inconsistencias presentes en determinadas teorías psicológicas cuando estas se presentan de forma fragmentaria o reductiva. La participación de Raúl Sacristán puso de relieve la importancia de seguir divulgando una antropología cristiana integral en el ámbito psicológico. En este sentido, congresos como el celebrado en Barcelona constituyen un cauce especialmente valioso para promover el diálogo entre teología, espiritualidad, psicología y ciencias de la salud mental. El encuentro mostró también la fecundidad de un diálogo académico abierto a distintas confesiones cristianas, procedencias geográficas y corrientes psicológicas, con el objetivo común de profundizar en una comprensión de la persona que no separe la salud mental de la dimensión espiritual, relacional y trascendente del ser humano.

Con su intervención, el profesor de San Dámaso contribuyó a una reflexión interdisciplinar de gran actualidad: cómo integrar adecuadamente religión y espiritualidad en la psicoterapia, y cómo ofrecer desde la antropología cristiana una visión de la persona capaz de iluminar los desafíos contemporáneos de la salud mental.