La UESD acogió la semana pasada la lección inaugural del curso “Movimientos eclesiales, nuevas comunidades y hermandades”, organizado por la Facultad de Derecho Canónico en colaboración con la Delegación de Laicos y la Delegación de Piedad Popular de la Archidiócesis de Madrid. El acto contó con una ponencia de Linda Ghisoni, subsecretaria del Dicasterio para Laicos, Familia y Vida, quien presentó el panorama teológico, jurídico y pastoral de estas realidades en la Iglesia.
Roberto Serres, decano de la Facultad de Derecho Canónico, fue el encargado de abrir el acto dando la bienvenida a todos los asistentes y subrayando que el curso se justifica por su fin, la evangelización, que da sentido a la existencia de movimientos, nuevas comunidades y hermandades. Destacó que el curso es interdisciplinar, pues aborda la realidad eclesial desde tres perspectivas fundamentales: la teológica, que profundiza en el don que Dios ha entregado a la Iglesia; la canónica, que regula y custodia ese don para mantenerlo íntegro; y la pastoral, que lo lleva a la práctica para el servicio de la evangelización. Serres valoró la importancia creciente de esta materia y agradeció la colaboración entre la Universidad San Dámaso y las delegaciones de Laicos y de Piedad Popular de la Archidiócesis de Madrid.
Juan Manuel Cabezas, coordinador del curso, explicó que la iniciativa surgió hace un par de años a partir de la experiencia previa de un curso similar en Roma, impartido, junto con otros profesores, por Luis Navarro cuando era rector de la Universidad de la Santa Croce. En febrero de este año, tuvo lugar un curso experimental en San Dámaso, que contó con más de 80 participantes, y evidenció una necesidad real de formación teológica y canónica para quienes pertenecen a estas nuevas realidades eclesiales. Cabezas destacó que la Facultad de Derecho Canónico busca formar a sus alumnos para que conozcan el derecho canónico como un instrumento al servicio de la Iglesia y para que puedan gestionar en el futuro las cuestiones vinculadas a estos movimientos, que han sido reconocidos por los últimos pontífices como un don del Espíritu Santo.
Luis Navarro, también coordinador del curso y miembro del Dicasterio para Laicos, Familia y Vida, expresó su satisfacción por participar en esta iniciativa que responde a una demanda palpable en el pueblo de Dios. Compartió que su experiencia en Roma, en contacto con fundadores y miembros de movimientos, le permitió comprender la importancia de formar no solo a los líderes sino a todos los miembros para que sean conscientes de su identidad y misión. Subrayó que estas realidades eclesiales nacen de un carisma dado por el Espíritu Santo, con un propósito evangelizador. Citó al Papa León, quien invitó a poner los talentos al servicio de la misión tanto en lugares de primera evangelización como en parroquias, para llegar a quienes esperan la palabra de vida.
Navarro enfatizó que el curso, con docentes de distintas Facultades y Universidades, es un espacio sinodal, con múltiples perspectivas, y que fomenta la participación activa de los estudiantes a través de ejercicios prácticos. Finalmente, señaló que una de las riquezas del curso es el encuentro entre personas con distintos carismas y formas de vida cristiana, que enriquecen la experiencia eclesial.

Mantener vivo el impulso misionero
Ghisoni comenzó citando al Papa León XIV, quien en una reciente audiencia con moderadores de asociaciones de fieles recordó: «Que mantengan siempre vivo entre ustedes este impulso misionero». Una exhortación que, según la ponente, justifica plenamente iniciativas formativas como la inaugurada en Madrid “por la calidad del programa y del profesorado”, y que el propio Dicasterio valora como “una aportación cualificada para responder a lo deseado por el Santo Padre”.
En su intervención, Ghisoni detalló la estructura, competencias y evolución del Dicasterio vaticano que acompaña la vida de las asociaciones de fieles y los movimientos. Explicó que, desde su creación en 2016 con la fusión de los antiguos consejos para los laicos y la familia, el Dicasterio ha adoptado un enfoque transversal, eliminando divisiones internas entre áreas para potenciar la comunión y colaboración pastoral.
La canonista recordó que esta institución vaticana tiene la misión de “acompañar la vida y desarrollo de las agregaciones de fieles y de los movimientos eclesiales”, con especial atención a aquellas de carácter internacional, de las que actualmente existen 115 reconocidas por la Santa Sede. Ghisoni recomendó el repertorio oficial online del Dicasterio como fuente para conocer la identidad y el marco canónico de cada una.
Una realidad diversa y en crecimiento
La conferencia ofreció una panorámica de la diversidad y riqueza del fenómeno asociativo, en el que destacó el papel central de los laicos, portadores de carismas dados por el Espíritu para la edificación de la Iglesia. Subrayó también la dimensión trinitaria y comunional como clave para entender estas realidades, así como la urgencia evangelizadora que las define.
Durante su exposición, Ghisoni abordó la variedad de entidades —asociaciones públicas y privadas de fieles, movimientos, nuevas comunidades, federaciones y estructuras con personalidad jurídica propia—, señalando que algunas, como el Camino Neocatecumenal, no se reconocen formalmente como asociaciones de fieles, aunque gozan de reconocimiento canónico.
También aclaró que mientras el Dicasterio tiene competencia directa sobre entidades internacionales, mantiene una influencia indirecta sobre las de carácter diocesano o nacional, como las hermandades o cofradías, mediante orientaciones y la resolución de recursos jerárquicos.
Ghisoni concluyó poniendo en valor el papel fundamental que desempeñan estas realidades en la misión de la Iglesia: “Conocemos la gran labor de evangelización y formación que promueven los miembros de muchas realidades asociativas, una riqueza indudable caracterizada por el testimonio de laicos y familias que se dedican a anunciar a Jesucristo, a menudo en lugares inhóspitos y con total generosidad”.

Garantizar fidelidad y proteger derechos
Ghisoni detalló la labor concreta del Dicasterio en el acompañamiento y seguimiento de las asociaciones internacionales de fieles, desde su reconocimiento hasta el monitoreo de su vida interna. Subrayó que dicho acompañamiento implica asegurar la fidelidad al carisma fundacional, el respeto a los estatutos, la protección de los derechos de los miembros y la comunión eclesial. Una de las prioridades es también prevenir cualquier forma de abuso o deriva sectaria.
En su intervención, abordó diversas tensiones internas que atraviesan las realidades eclesiales: persona-institución, estatutos-práctica, autonomía-control, fuero interno-fuero externo. Ghisoni remarcó que romper estos equilibrios puede provocar distorsiones graves, como el sacrificio del bien de las personas en nombre del prestigio institucional o el abuso de poder disfrazado de obediencia espiritual. “Cada vez que se ha pretendido preservar el buen nombre de la comunidad sacrificando a las personas y a sus derechos, se han cometido aberraciones”, alertó.
Asimismo, defendió la importancia de los estatutos no como formalismo, sino como garantía de libertad y orden: “El derecho propio constituye un camino de libertad para todos los miembros”. También insistió en la separación necesaria entre el gobierno de la entidad y el acompañamiento espiritual de sus miembros, para evitar confusión entre autoridad y conciencia personal.
Límites al poder y cultura del discernimiento
Uno de los puntos clave de su ponencia fue el decreto general del 11 de junio de 2021, aprobado por el Papa Francisco, que limita la duración de los mandatos de gobierno en las asociaciones internacionales de fieles. Con ello se busca prevenir liderazgos prolongados y autorreferenciales. Citando al Pontífice, Ghisoni recordó: “Nadie es eterno en la autoridad. Tantos movimientos han muerto en manos de un solo o de una sola líder”.
La subsecretaria también explicó el papel del Dicasterio en la supervisión disciplinaria e incluso penal, actuando en casos de violaciones graves mediante visitas apostólicas, designación de comisarios o medidas sancionadoras. Estas intervenciones, dijo, “no lesionan la autonomía legítima, sino que buscan prevenir abusos y reforzar los criterios de eclesialidad”.
Finalmente, Ghisoni concluyó que el verdadero cuidado de las asociaciones pasa por una cultura del discernimiento, la corresponsabilidad y el respeto a las personas: “La historia reciente muestra que incluso a partir de los errores es posible corregir rumbo, si hay voluntad de escucha y reforma”.

Derechos laborales, prevención de abusos y formación integral
En la segunda parte de su intervención, Linda Ghisoni, subsecretaria del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, abordó cuestiones clave que afectan a las asociaciones de fieles, como la protección de los derechos laborales, la prevención de abusos, la necesidad de políticas claras, y la formación como motor de crecimiento y salvaguarda del carisma.
Ghisoni identificó una «polaridad peculiar» entre el abandono confiado a la Providencia y la exigencia legítima de garantizar los derechos laborales de los miembros laicos que trabajan para estas asociaciones. Aunque reconoció que en la mayoría de los casos los fieles laicos continúan con sus ocupaciones laborales fuera del contexto asociativo, subrayó la importancia de establecer medidas de protección —especialmente en materia de seguridad social, pensiones y asistencia sanitaria— para aquellos que trabajan directamente en estas realidades.
Recordó que en 2022 el Dicasterio dedicó su encuentro anual con los moderadores de asociaciones internacionales a esta temática, destacando que el respeto a los derechos laborales forma parte de la tutela de la dignidad de la persona y su libertad. En este sentido, indicó que la precariedad o la dependencia material no tienen nada que ver con la pobreza evangélica ni con una correcta comprensión de la Providencia.
Asimismo, Ghisoni abordó con firmeza la necesidad de políticas de prevención contra abusos de todo tipo. Desde 2018, el Dicasterio ha solicitado a las asociaciones internacionales la preparación de directrices para la protección de menores y adultos vulnerables, para prevenir posibles denuncias y responder a las recibidas. Señaló que ha habido resistencias en algunas asociaciones a implementar protocolos con el argumento de que no tienen menores entre sus miembros, lo cual —advirtió— no justifica la falta de medidas de cuidado.
La entrada en vigor de la nueva versión de Vos estis lux mundi (2023) ha reforzado la rendición de cuentas en este ámbito, permitiendo que los moderadores de asociaciones internacionales puedan ser investigados por delitos relacionados con abusos. Ghisoni subrayó que es necesario actuar no solo frente a los abusos consumados, sino también frente a patrones relacionales nocivos que los preceden. Para ello, insistió en la necesidad de recursos y personal competente, destacando el papel de la formación ofrecida por el propio Dicasterio.
La formación fue, de hecho, uno de los ejes principales de su intervención final. Ghisoni defendió una formación adecuada, integral y eclesial para todos los miembros de las asociaciones de fieles, no solo para quienes ocupan cargos de gobierno. “La formación no puede limitarse a repetir frases del fundador o un solo versículo del Evangelio”, advirtió, abogando por una educación que fomente relaciones libres, conciencia de derechos y madurez cristiana.
Citando al entonces cardenal Ratzinger, advirtió del riesgo de que algunos movimientos se consideren a sí mismos como “la Iglesia misma, el camino para todos”, cayendo en una autorreferencialidad que los aísla del resto de la comunidad eclesial. Frente a ello, la formación y el acompañamiento son esenciales para evitar enfrentamientos con obispos y parroquias, y para vivir en armonía con otras realidades eclesiales.
Al final de su ponencia, Ghisoni evocó las palabras pronunciadas por el Papa en la vigilia de Pentecostés: “Estén profundamente ligados a cada una de las iglesias particulares y a las comunidades parroquiales donde alimentan y gastan sus carismas, cerca de sus obispos y en sinergia con todos los otros miembros del cuerpo de Cristo”.

La comunión no se improvisa
La conferencia concluyó con una ronda de preguntas por parte del público asistente, tanto presencial como en línea. Se plantearon cuestiones sobre la actualización de estatutos, las competencias del Dicasterio, el lugar de las comunidades de vida consagrada, la aplicación del derecho penal canónico, y la diversidad de capacidades dentro de las asociaciones.
Sobre la formación, reconoció que no todos los miembros tienen la misma capacidad intelectual o nivel educativo, pero insistió en que todos están llamados a una formación adecuada según sus dones y responsabilidades. “El Espíritu Santo habla en todos, tanto en un ingeniero como en quien no tiene estudios universitarios”, afirmó. Lo importante, concluyó, es ofrecer formación a todos para que puedan vivir de forma compartida el carisma y la misión de la asociación.
Una de las preguntas más técnicas se refirió a las medidas penales que pueden adoptarse. Ghisoni reiteró que el derecho penal canónico ha avanzado, y que el marco normativo actual permite actuar en casos de abuso, gracias a las reformas impulsadas por el Papa Francisco.
Varios participantes agradecieron personalmente el trabajo del Dicasterio, destacando su disponibilidad para acoger, formar y acompañar a las asociaciones. Uno de ellos dio testimonio de la comunión vivida en los encuentros anuales con el Dicasterio, resaltando la importancia de saberse parte de un todo más grande, como “una gota en el mar, que al final es un mar”.
Con esta intervención, Ghisoni concluyó su participación subrayando que el objetivo del curso que se inauguraba no es solo transmitir conocimiento, sino formar verdaderos agentes pastorales y jurídicos al servicio de la misión de la Iglesia en sus diversas expresiones asociativas.