Los días 9 y 10 de febrero, el Auditorio Pablo VI acogió la Asamblea Presbiteral Convivium, convocada por el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, como un espacio de reflexión y discernimiento sobre el ministerio sacerdotal y sobre qué sacerdote necesita hoy la diócesis. Más de 1.100 sacerdotes —diocesanos y religiosos— participaron en este encuentro que ha supuesto un momento especialmente significativo en la vida del presbiterio madrileño. La asamblea se articuló en momentos de oración común, sesiones plenarias y 18 focus group temáticos, en los que los sacerdotes, distribuidos en grupos reducidos, pudieron dialogar y compartir desde su experiencia concreta. Entre los moderadores de estos grupos se encontraban varios profesores sacerdotes de la UESD, que acompañaron la reflexión en torno a cuestiones centrales del ministerio: la predicación, la espiritualidad apostólica, la celebración litúrgica, la identidad sacerdotal, la reconciliación o la vivencia de la vulnerabilidad y el fracaso. Más allá de los contenidos abordados, lo que muchos subrayan es que Convivium ha sido, ante todo, una experiencia de comunión real y visible.
“Un acontecimiento de gracia”
Ignacio Carbajosa, Decano de la Facultad de Teología de la UESD y moderador del grupo sobre El sacerdote, ministro de la Palabra, lo expresa con claridad: “Para mí Convivium lo definiría como un acontecimiento, un acontecimiento de gracia”. Confiesa que al comenzar el día pidió al Señor que no fuera “el enésimo encuentro diocesano que sobre todo hay que soportar”. Sin embargo, al llegar y contemplar a más de mil sacerdotes reunidos —algunos a los que no veía desde hacía treinta o treinta y cinco años— experimentó algo distinto: “Creció en mí la conciencia de pertenencia a un presbiterio. Yo pertenezco a este pueblo, a este presbiterio, guiados por un obispo”. Le impresionó especialmente la oración común: “Rezar al unísono me sorprendió mucho. Rezar juntos es una cosa preciosa”. Y en el trabajo en grupos pequeños destacó la hondura humana del compartir: “Partíamos de la necesidad: estoy cansado, estoy sobrecargado, me cuesta aquello… Ver esa humanidad común, ese deseo del Señor, fue muy fuerte”. Para él, la experiencia ha supuesto una corrección interior, un “desplazamiento” que invita a mirar el ministerio desde la pertenencia y la fraternidad.
Lo sacramental hecho experiencia histórica
Juan Carlos Carvajal, vicerrector de la UESD, subraya la dimensión eclesial del encuentro. “En la Misa Crismal se manifiesta sacramentalmente el presbiterio de Madrid reunido en torno a su obispo. Pero esta realidad necesita también una visibilización histórica, existencial”. Convivium ha permitido que “lo sacramental pase a ser una realidad viva, histórica”. En una diócesis grande y plural, el encuentro ha hecho visible lo que habitualmente permanece implícito: “Un presbiterio muy numeroso, muy plural, muy rico, muy variado”. Las conversaciones en el Espíritu, añade, han sido una auténtica experiencia de comunión, donde las diferencias no se vivieron como enfrentamiento, sino como complementariedad.
La riqueza de un presbiterio vivo
Gabriel Richi, profesor de la Facultad de Teología, describe la experiencia como “imponente”. A su juicio, el gran mérito de estos días ha sido ofrecer un cauce concreto para que saliera a la luz “la riqueza y el valor del presbiterio de Madrid”. Ha quedado patente —señala— el bien que ya está presente en la diócesis: “un presbiterio hecho de vidas agradecidas y entregadas, a las que las fatigas y debilidades no consiguen bloquear en su camino”. Le impresionó la libertad con la que se compartió la propia experiencia, tanto en las conversaciones en el Espíritu como en los focus group.
Celebrar desde la verdad y la comunión
Daniel Escobar, profesor de Liturgia en la UESD, destaca que el focus group dedicado a la celebración de la liturgia permitió un diálogo profundo sobre cómo celebrar adecuadamente la fe y cómo formar litúrgicamente a las comunidades. Las reflexiones fueron más allá de cuestiones técnicas y tocaron dimensiones eclesiológicas de fondo: la necesidad de custodiar el sentido comunitario y objetivo de la celebración frente al subjetivismo o al protagonismo excesivo. Se subrayó la responsabilidad de ofrecer al Pueblo de Dios celebraciones que no estén marcadas por particularismos o ideologizaciones, sino que expresen la verdad del misterio celebrado.
La vulnerabilidad como camino de verdad
Especial intensidad tuvo el grupo moderado por Eduardo Toraño, Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas, dedicado a los fracasos, errores y vulnerabilidad del sacerdote. “Hubo momentos impresionantes que me tocaron el corazón”, afirma. La experiencia de rezar juntos tantos sacerdotes fue para él signo palpable de la acción del Espíritu. El diálogo se centró en una pregunta exigente: “¿Qué máscaras me pongo?”. A partir de ahí, los participantes compartieron la necesidad de vivir en verdad, evitando autoengaños y dobles vidas. Surgió un itinerario concreto: conocerse y dar nombre a la realidad; reconocer las propias heridas; expresar lo que se vive y dejarse ayudar; aceptar e integrar fortalezas y debilidades; y abrirse a una fecundidad renovada. “Sin fidelidad no hay felicidad ni fecundidad”, resume. El grupo puso de relieve que afrontar la vulnerabilidad no debilita el ministerio, sino que lo purifica y lo hace más evangélico. La verdad compartida se convirtió en un espacio de esperanza.
Pentecostés y Cenáculo
Jaime López Peñalba, profesor de la Facultad de Teología, habla con emoción de lo vivido. “No valoramos suficiente la comunión”, afirma. Acostumbrados a la multiplicidad de tareas pastorales, se corre el riesgo de descuidar el cuidado de la unidad. Sin embargo, cuando se cuida la comunión —dice— “pasan cosas muy bonitas”. Describe estos días como una experiencia de “Pentecostés y Cenáculo”, reunidos por el Espíritu y el Corazón de Cristo. Para él, el encuentro ha mostrado la riqueza y variedad del clero de Madrid, pero también una alegría compartida: la de ser sacerdote y enviado por el Señor. El trabajo en el grupo sobre espiritualidad apostólica permitió constatar que la misión no es una carga añadida, sino el lugar donde el sacerdote crece como padre, como hermano y como discípulo. La sensación dominante fue la gratitud por haber vivido “un gran acto de comunidad cristiana, de edificar la Iglesia”.
Una experiencia que deja huella
La presencia activa de profesores sacerdotes de la UESD en esta Asamblea Presbiteral manifiesta la estrecha vinculación de la universidad con la vida del presbiterio de Madrid y con el discernimiento pastoral de la diócesis. Más allá de las conclusiones concretas que puedan desarrollarse en el futuro, lo que muchos destacan es la experiencia vivida: verse, escucharse, rezar juntos, compartir debilidades y esperanzas. Convivium ha sido, para no pocos, un verdadero acontecimiento de gracia que ha renovado la conciencia de pertenencia y ha fortalecido la comunión en el presbiterio madrileño.