La Cátedra de Misionología de la Facultad de Teología, en colaboración con Obras Misionales Pontificias (OMP), celebró el miércoles 4 de febrero un nuevo seminario formativo en la Aula Pablo Domínguez de la UESD, centrado en la experiencia viva de la misión y en la acción de Dios en la vida del misionero. El encuentro, titulado «Dios pasa por la vida del misionero», se enmarca dentro de las actividades extraordinarias de la Cátedra para el curso 2025-2026, dedicado de manera especial a profundizar en la convicción de que todo cristiano es misionero por el bautismo, una línea pastoral y teológica que la Iglesia viene subrayando con fuerza en los últimos años.
La sesión estuvo a cargo de Rosa María Ortega, misionera y miembro de la Fraternidad Misionera Verbum Dei, con una amplia experiencia de misión en Costa de Marfil y en la República Democrática del Congo, y actualmente muy implicada en la animación misionera en España. El seminario fue presentado por José María Calderón, quien situó la reflexión en el marco del magisterio de la Iglesia y del decreto Ad gentes del Concilio Vaticano II, recordando que la misión no es una tarea reservada a unos pocos, sino una dimensión constitutiva de la vida cristiana.
En su intervención, Rosa María Ortega ofreció una lectura histórica y teológica del desarrollo de la comprensión de la misión en la Iglesia, deteniéndose en hitos como la carta Maximum Illud de Benedicto XV (1919), que supuso un punto de inflexión al desvincular la misión de intereses políticos o coloniales y reafirmar su carácter universal y evangélico. Este proceso, explicó, culmina en el Concilio Vaticano II, donde la misión deja de entenderse principalmente como expansión territorial para ser reconocida como expresión del amor trinitario de Dios a la humanidad.
Desde esta perspectiva, subrayó una idea clave que atravesó toda su ponencia: la misión no es, ante todo, una obra de la Iglesia, sino la obra de Dios, en la que Él mismo implica a su pueblo. Por ello, no se trata solo de “ir” a la misión, sino de vivir una identidad misionera permanente, allí donde cada uno se encuentra. En sus palabras, “no se es misionero solo cuando se realiza una actividad concreta, sino en la vida cotidiana, en la profesión, en la familia y en la comunidad”.
La ponente entrelazó esta reflexión teológica con su propio testimonio personal y vocacional. Compartió experiencias de discernimiento marcadas por decisiones difíciles y fecundas, como el abandono temporal de los estudios de Medicina o el regreso forzado de África por motivos de salud, vividos siempre como una entrega confiada a la voluntad de Dios. En este sentido, destacó que la misión implica aprender a sembrar sin ver inmediatamente los frutos, confiando en que es Dios quien hace crecer la obra.
Uno de los aspectos más valorados por los asistentes fue la conexión entre la misión ad gentes y los desafíos pastorales actuales en Europa. Rosa María Ortega abordó con realismo cuestiones como la secularización, la acogida de personas migrantes, la vida de las comunidades rurales envejecidas o la necesidad de una verdadera conversión misionera de las estructuras eclesiales, de modo que toda acción pastoral esté orientada al anuncio del Evangelio y a la comunión.
A través de ejemplos concretos, subrayó que la misión se vive también en gestos sencillos de cercanía y fraternidad. Relató, entre otros, el encuentro con un vecino musulmán en África que, tras recibir atención médica, le agradeció haberle tratado “como a alguien de la familia”, experiencia que le permitió expresar el núcleo del mensaje cristiano: reconocer en cada persona a un hermano, porque Dios es Padre de todos.
El seminario concluyó con un diálogo abierto con los participantes, en el que se abordaron cuestiones como el papel de los laicos en la misión, la relación entre las Iglesias jóvenes y las Iglesias de antigua tradición cristiana, y la necesidad de vivir la vocación cristiana con alegría y coherencia en el contexto actual. En este intercambio se puso de relieve que la misión hoy no consiste tanto en estrategias, sino en tomarse en serio la propia vocación bautismal y vivirla con autenticidad.
Con este seminario, la Cátedra de Misionología de la UESD continúa ofreciendo espacios de reflexión y formación que integran la teología, la experiencia y el testimonio, ayudando a profundizar en la misión de la Iglesia hoy y en la llamada universal a ser discípulos misioneros.