Marcela, antigua alumna de Ciencias Religiosas: «Los estudios realizados en San Dámaso me han ofrecido la posibilidad única y excepcional de conocer mejor a Cristo»

Marcela Jiménez Unquiles es antigua alumna del Instituto Superior de Ciencias Religiosas de la Universidad Eclesiástica de San Dámaso. Actualmente estudia en la UESD el segundo año del postgrado en Filosofía y también alemán. A continuación se puede leer su testimonio.

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En primer lugar, sobre qué es lo mejor de estudiar en la UESD, me es difícil dar una respuesta unívoca, pues mi paso por San Dámaso ha tenido una repercusión directa en otras persona de mi entorno, que han estado implicadas también en esta experiencia no sólo académica, sino vital.

Lo más relevante de tal experiencia se concentra en que los estudios que he completado han supuesto para mi vida razonar mi fe. Esto me ha permitido experimentar un profundo cambio. Actualmente, el mundo occidental se halla inmerso en un contexto cultural caracterizado por un pensamiento débil y fuertemente cientificista, que nos ofrece una imagen errónea de la ciencia, capaz de tener a su alcance la resolución de todos nuestros conflictos, y aunque es innegable que la ciencia constituye un modo importante para avanzar en el campo de la investigación y del conocimiento, no lo es menos su incapacidad para ofrecer solución a las cuestiones o problemas sobre el sentido.

Por ello, en la UESD encontré la posibilidad de situar la fe en el plano del conocimiento y de la razón, y así poder alejarme de un posible fideísmo irracionalista. Pues no es sólo razonable, sino también legítimo y necesario interrogarse sobre Dios por medio de la razón, a través del estudio filosófico y teológico.

En segundo lugar, en lo que se refiere a los aspectos más destacables de la carrera estudiada, me resulta difícil, como en el caso precedente, detenerme en uno sólo. Desde el primer día en que comencé las clases en San Dámaso -aún recuerdo con inmenso placer que se trataba de la asignatura de Metafísica-, comenzó a embargarme un sentimiento de permanente gratitud, acompañado de un gran entusiasmo.

Era fácil percibir la excelencia en el día a día del trabajo realizado por el personal docente, al tiempo que el ambiente universitario me parecía inmejorable. La cercanía, la eficacia y el nivel de conocimiento de los profesores, así como las jornadas de extensión universitaria, el servicio de publicaciones, la biblioteca, etc., hacen que el alumno se sienta plenamente recompensado ante una verdadera experiencia de Universitas.

Hoy, nuevamente, como ya tuve la oportunidad de expresar en el acto público de defensa de la tesina de licenciatura, deseo transmitir mi gratitud a todos los profesores que de modo excelente han sido responsables de mi formación.

Un tercer aspecto a señalar es de carácter fundamentalmente humano. Se trata de las relaciones con el resto de mis compañeros de estudios, que se han ido forjando a lo largo de estos años, y que me han permitido construir y disfrutar de verdaderas y sinceras amistades, que espero mantener el resto de mi vida.

En cuarto lugar, el aspecto más relevante de la carrera estudiada, lo focalizaría nuevamente en el encuentro entre fe y razón, tan presente en el pensamiento y la obra del papa emérito Benedicto XVI, llamado no por casualidad el «papa de la razón». Su continua invitación en los distintos foros a los que se ha dirigido en sus años de Magisterio, consiste en «ensanchar los horizonte de la racionalidad» (die Horizonte der Vernunft auszuweiten).

En definitiva, los estudios realizados en San Dámaso me han ofrecido la posibilidad única y excepcional de conocer mejor a Cristo. Un conocimiento que mueve al amor, y que me permite afrontar, pertrechada de argumentos, los nuevos desafíos y retos de la sociedad.

Por otro lado, mi deseo de conocer más al Señor me ha exigido un continuo esfuerzo, dedicación, constancia y pasión por el estudio, que se ha visto felizmente recompensado. Los momentos de fatiga que sin duda también han estado presentes durante los años de trabajo y sacrificio, los he visto superados con la alegría y esperanza propias del cristiano. Hoy, en una nueva etapa como doctorando, continúo de suyo con la tensión propia que requiere el estudio filosófico-teológico.

En quinto término, en cuanto a las razones que me llevaron a estudiar en San Dámaso, éstas no fueron otras que las ansias de conocimiento despertadas desde mi temprana edad y alimentadas en la madurez de modo especial por la lectura de algunas de las obras de Joseph Ratzinger-Benedicto XVI. Así fue como tomé la decisión de matricularme en Ciencias Religiosas, lo que me permitió razonar mi fe y dar comienzo a una nueva trayectoria en mi vida.

En este sentido, he de reconocer la gran suerte que me ha acompañado en esta decisión, pues en todo momento me he sentido apoyada, animada y comprendida por mi esposo y por el resto de mi familia, a pesar de los momentos de renuncias y sacrificios que sin duda todos hemos tenido que vivir. Por ello, agradezco a Dios el inmenso don recibido.

Por último, quiero señalar algunos de los aspectos más importantes del ambiente universitario en la UESD, en especial el compañerismo, la amistad, la entrega, el servicio, la ilusión, la alegría, el interés, la sorpresa, el esfuerzo y la ayuda. No sólo durante los años de mi formación en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, sino también hoy, sigo recomendando entusiásticamente estudiar en San Dámaso.

Algunos compañeros, amigos y también familiares han tomado la decisión de hacerlo, y confiesan estar encantados con la experiencia. Algo que no es extraño, porque de ordinario no cabe hablar de una Universidad más entre las ya muy numerosas que existen en España, pues en mi caso, como supongo que en el de tantos otros alumnos, la Universidad Eclesiástica San Dámaso ha cambiado mi vida.

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