Con motivo del curso de la Universidad Abierta de la UESD titulado Santo Tomás de Aquino: “Nada es más verdadero que el Verbo de la Verdad”, hemos conversado con David Torrijos Castrillejo, profesor de la Facultad de Filosofía, Doctor en Filosofía y en Teología Dogmática, y miembro de la Pontificia Academia de Santo Tomás. Este curso, que está celebrándose en este mes de octubre, se enmarca en el triple centenario tomista (2023-2025): la canonización, muerte y nacimiento del Doctor Común (2023 fue el séptimo centenario de su canonización, 2024 fue el 750 aniversario de su muerte y 2025 el octavo centenario de su nacimiento). A través de sus sesiones, el profesor Torrijos invita a redescubrir la figura y el pensamiento del santo dominico —modelo de sabiduría cristiana y maestro universal— para mostrar cómo su enseñanza, nacida del amor a la Verdad, sigue iluminando hoy la fe y la razón.
Este curso se enmarca dentro de un triple centenario muy significativo para la figura de Santo Tomás. ¿Qué ha supuesto para usted, como docente y estudioso de su pensamiento, vivir este periodo conmemorativo?
Ha sido impresionante la coincidencia de este triple centenario de santo Tomás, el de su canonización, el de su muerte y el de su nacimiento en tres años consecutivos. De alguna manera esta coincidencia era un llamamiento a dar a conocer más y mejor su figura y su pensamiento. Además, esos tres centenarios se han solapado con el Año Jubilar: de algún modo, también eso indica la gran trascendencia eclesial de santo Tomás, cómo este santo Doctor nos puede llevar a conocer mejor a Cristo.
Santo Tomás es conocido como “Doctor de la Iglesia”, pero también como “Doctor Común”. ¿Qué implica este título y por qué sigue siendo relevante hoy?
El título de Doctor de la Iglesia hoy lo han recibido santos de todos los tiempos, incluso muy recientes, como J. H. Newman, que está a punto de ser proclamado tal y sólo dista de nosotros algo más de cien años. Sin embargo, cuando a santo Tomás de Aquino se lo proclama Doctor de la Iglesia el título se acababa de acuñar y sólo se había empleado para reconocer de modo oficial a ocho grandes Padres de la Iglesia —pertenecientes, por tanto, a la Antigüedad—, cuyo prestigio estaba sobradamente acreditado en la Iglesia. De este modo, unir al Aquinate a ellos era darle un puesto muy preeminente.
Por eso se lo denomina también Doctor Común: igual que los Padres de la Iglesia son un patrimonio para todos los cristianos, el Aquinate no era un mero “doctor particular”, sólo importante para sus seguidores, sino que su enseñanza era tan fiel a la doctrina de la Iglesia que podía inspirar toda teología y filosofía cristianas.
En España, particularmente Francisco de Vitoria y otros teólogos supieron hacer de la teología de santo Tomás una falsilla para desarrollar un pensamiento innovador para emprender el camino de la Modernidad en clave cristiana. Partieron de santo Tomás para pensar creativamente, porque las cualidades de su pensamiento hacían de él un maestro para todos los tiempos.
En el curso se ofrece una introducción tanto a su biografía como a su pensamiento. ¿Por qué es importante conocer la vida del santo para comprender mejor su obra?
Desde hace ya varias décadas se está intentando desvelar al ser humano oculto detrás de la sobria prosa magistral del doctor en teología. Santo Tomás no suele escribir con palabras tan vibrantes como las de san Agustín o incluso su contemporáneo san Buenaventura. Sin embargo, eso no significa que su vida no estuviera también transformada por su encuentro con Jesucristo, su amor a la Eucaristía y a la Virgen María, su celo por dar a conocer el evangelio a todos los hombres… Conociendo su vida y la espiritualidad de los dominicos se puede leer entre líneas mucha más pasión de la que nos dejan captar sus sobrias palabras.
Se ha dicho alguna vez que los mayores milagros de Santo Tomás son sus libros. ¿Qué caracteriza su forma de escribir y enseñar que lo hace tan duradero e influyente?
A veces me gusta bromear diciendo que la gran aportación de santo Tomás es no aportar nada. Bien, en realidad no es así, su pensamiento logra descubrir innumerables aspectos que estaban borrosos hasta entonces, abriendo así muchos caminos a la posteridad. Sin embargo, fue llamado “Doctor Común” por su intento de fidelidad a los Padres y a los grandes maestros que le precedían, los cuales a su vez querían ser fieles a la Escritura. Su mayor deseo era enseñar lo que había recibido, no —como suele importar demasiado hoy en día— el de ser original.
Además, santo Tomás tiene el gran mérito de la claridad y el orden. Cuando uno lo lee, da la impresión de que toda la teología es sencilla y meridiana, casi se diría que habla de cosas que se ven con tanta naturalidad como que es de día o que tengo cinco dedos en la mano… Sin embargo, al compararlo con otros contemporáneos, esto no siempre había sido así. El gran mérito de su obra es la de explicar las cosas con nitidez y ponerlas en el orden más racional posible. Esto exige un gran esfuerzo intelectual previo, que puede pasar desapercibido al que se encuentra con el resultado.
Uno de los ejes del curso es la relación entre Dios y el ser humano desde la perspectiva tomista. ¿Qué nos puede enseñar hoy Santo Tomás sobre esta relación, en un mundo tan secularizado?
Santo Tomás nos recuerda hoy el lugar que ocupa Dios. Antes de pensar en ninguna otra cosa, hay que ceder a Dios el puesto que le corresponde. Esto comienza con tener un punto de vista adecuado sobre la realidad. En ese sentido, su naturalidad para ver en Dios el centro, el origen y la meta del universo resulta desconcertante en un mundo desquiciado que sólo consiente un rincón secundario y casi ridículo a la religión.
Por otro lado, santo Tomás tampoco es una reliquia medieval que sólo puede ser entendida desde dentro del ambiente político y religioso de su tiempo. De hecho, tiene una forma de ver las cosas muy “secular”, si por eso entendemos la legítima capacidad de gobernarse las personas a sí mismas. Siendo un gran defensor de Dios, es también un gran defensor de la tierra. Ahora bien, a diferencia del modo de ver lo temporal y lo terrenal en nuestro tiempo, él no cree que reconocer al Creador esté reñido con admirar la criatura. El Creador sana y mejora la criatura, de modo que dar entrada a Dios en las cosas de la tierra no significa ningún tipo de detrimento a la libertad y el poder humanos, más bien al contrario.
¿Cuál cree que es el mayor prejuicio o malentendido actual sobre Santo Tomás y cómo intenta superarlo en el curso?
He intentado dar a conocer la polifacética dedicación del maestro de teología. Es cierto que no ocupó cargos importantes como sus contemporáneos san Buenaventura o san Alberto Magno, pero, en cuanto maestro, sí desempeñó diferentes misiones eclesiales. Sobre todo he querido mostrar la variedad de su obra. Sus trabajos sistemáticos, como la Suma de teología, son muy conocidos (y con razón), pero no se puede olvidar el perfil espiritual que manifiestan otras obras, cuya extensión no es nada desdeñable, como sus escritos catequéticos, sus sermones o sus comentarios bíblicos; además de ellos, no se debe olvidar su talento para la poesía, que quedó reflejado en sus himnos eucarístico.
¿Qué aspectos del pensamiento tomista considera más urgentes o necesarios para los cristianos del siglo XXI? Como profesor, ¿ha notado un renovado interés por Santo Tomás en las nuevas generaciones de estudiantes y creyentes? ¿Qué puede aportar Santo Tomás a nuestra vida cotidiana como creyentes?
La actualidad de santo Tomás es indiscutible. Ciertamente, en el ámbito católico europeo santo Tomás ha perdido protagonismo después del Concilio Vaticano II. Sin embargo, en los últimos años se ha consolidado un creciente interés por santo Tomás entre los católicos norteamericanos, sobre todo entre los más jóvenes. La llegada a la sede de san Pedro de un estadounidense nos debería hacer ver la importancia cada vez mayor de este sector del catolicismo contemporáneo. Los norteamericanos tienen la virtud de contemplar las cosas viejas como si fueran nuevas, es como si contagiaran todo lo que tocan de la juventud de su patria. En lengua inglesa santo Tomás atrae cada vez más interés entre filósofos interesados por las cuestiones acerca de Dios y la religión, aunque no sean católicos. Los españoles, cuyos antepasados tanto han aportado a la historia del tomismo en el pasado, deberíamos encontrar en este movimiento contemporáneo un estímulo para trabajar con nuevo vigor en esta línea.
Pero santo Tomás no debería quedarse sólo en un tema de estudio para los sabios. Precisamente esa renovada atención a su pensamiento se debe a la necesidad de una formación doctrinal seria. En santo Tomás uno puede encontrar un ejercicio audaz de la inteligencia humana. Algunos creyentes se creen mejores cristianos por no hacerse preguntas. En cambio, el Aquinate nos invita a hacernos incluso más preguntas de las que suelen despertarse en nuestras mentes perezosas. Ahora bien, no nos deja con hambre de respuesta, siempre se esfuerza en ayudarnos a comprobar cómo la Palabra de Dios ilumina nuestros más variopintos interrogantes.