1 de octubre de 2026
El catedrático de la Facultad de Filosofía de la UESD reflexiona sobre la relación entre bondad, verdad, tolerancia y responsabilidad en una tribuna publicada por Alfa y Omega. El profesor distingue la auténtica benevolencia de una actitud que, bajo apariencia de bondad, puede eludir la realidad, rebajar la gravedad de los problemas o renunciar a la exigencia moral.
El profesor Víctor Manuel Tirado San Juan, catedrático de la Facultad de Filosofía de la UESD, ha publicado en el semanario Alfa y Omega la tribuna «Buenismo: cuando la bondad se aleja de la verdad», fechada el 1 de octubre de 2026. En ella aborda un concepto muy presente en el debate contemporáneo para preguntarse qué sucede cuando la voluntad de ser benevolentes deja de estar acompañada por una búsqueda rigurosa de la verdad.
El punto de partida del artículo es la propia definición de «buenismo». Tirado recuerda que el término ha terminado incorporándose al Diccionario de la Real Academia Española y se detiene en los elementos que aparecen asociados a él: minimizar la gravedad de los conflictos, ceder desde la benevolencia o actuar con una tolerancia excesiva. A partir de ahí, el profesor propone distinguir cuidadosamente entre comportamientos que pueden parecer similares pero que, desde el punto de vista moral, responden a actitudes muy diferentes.
Para Tirado, reconocer la gravedad de una situación y, pese a ello, perdonar o actuar con benevolencia no equivale a negar esa gravedad. Esa diferencia atraviesa toda su reflexión. El problema comienza, según sostiene, cuando la bondad aparente se construye a costa de rebajar o ignorar la verdad de aquello que está sucediendo.
De esta manera, el artículo plantea una cuestión de fondo: ¿puede una acción ser verdaderamente buena si para parecer bondadosa necesita ignorar parte de la realidad? La respuesta que desarrolla Tirado es negativa. A su juicio, la benevolencia no debería confundirse con la renuncia a juzgar adecuadamente las situaciones ni con la negativa a reconocer la existencia del error o del mal.
La verdad como condición de una auténtica benevolencia
Uno de los aspectos centrales de la tribuna es precisamente la relación entre bondad y verdad. Tirado advierte de que el denominado buenismo puede ir acompañado de una insuficiente «exigencia de verdad»: una disposición a aceptar determinadas situaciones sin someterlas previamente a un análisis riguroso.
El profesor sitúa esta dificultad en un contexto cultural más amplio que, según su análisis, está marcado por una crisis de la razón y por un creciente peso de las apariencias y de la propaganda. A ello añade un factor profundamente humano: la necesidad que todos experimentamos de sentirnos apreciados y reconocidos por los demás. Esa búsqueda de aprobación puede provocar, sostiene, que en determinadas circunstancias resulte más importante parecer bueno que actuar conforme a lo que realmente exige el bien.
La reflexión introduce así una distinción especialmente relevante. Ser bueno y querer ser considerado bueno no son necesariamente lo mismo. La búsqueda de reconocimiento puede convertirse en un criterio de conducta si la imagen que proyectamos ante los demás termina pesando más que la obligación de afrontar la realidad.
Desde esta perspectiva, Tirado cuestiona también aquello que podría denominarse una tolerancia ilimitada. La tolerancia, señala, no es buena simplemente por ser tolerancia: si supera aquello que las circunstancias exigen y termina impidiendo reconocer o corregir un comportamiento equivocado, puede desembocar en irresponsabilidad.
Benevolencia no significa indiferencia
Esta crítica no lleva al profesor de San Dámaso a defender una actitud permanentemente severa ante los errores ajenos. De hecho, una parte importante de su argumentación está dedicada precisamente a mostrar el valor de la benevolencia auténtica.
Hay ocasiones, sostiene, en las que ceder, guardar silencio o suspender temporalmente el reproche puede ser lo más adecuado. Especialmente cuando una persona se encuentra en una posición defensiva, insistir constantemente en la corrección puede terminar produciendo el efecto contrario al deseado.
Tirado aplica esta reflexión a la corrección fraterna. Cuando las palabras ya no producen fruto, explica, puede ser necesario dejar espacio al otro, mantener la amistad y permitir que sea la propia conciencia la que continúe trabajando. Lo decisivo, sin embargo, es hacerlo «sin renunciar nunca a la verdad», una de las formulaciones que sintetizan mejor la tesis de la tribuna.
La benevolencia aparecería de esta manera no como una forma de indiferencia ante el comportamiento de otra persona, sino como un modo diferente de buscar su bien. La ausencia momentánea de reproche no implicaría necesariamente aprobación, del mismo modo que reconocer un error no obliga a tratar con dureza a quien lo ha cometido.
Tirado habla, en este sentido, de la necesidad de abrir determinados «espacios» en los que la conciencia pueda enfrentarse consigo misma e iniciar un proceso de cambio. Todas las personas, apunta, pueden necesitar alguna vez que los demás les concedan ese tiempo.
La importancia filosófica de la actitud
El artículo amplía posteriormente su análisis para detenerse en el propio concepto de actitud, al que Tirado concede una importancia filosófica particular.
La actitud no sería simplemente una reacción ocasional ante un acontecimiento. En sus distintos grados, configura la manera en la que una persona se sitúa ante la realidad, interpreta aquello que le sucede y termina actuando.
El profesor recurre en este punto a conceptos de la tradición filosófica y menciona expresamente el ethos y el habitus, este último también en su significado dentro del pensamiento de Xavier Zubiri. La actitud sería, en definitiva, una determinada manera de «estar en la realidad» y de «habitar el mundo», que termina influyendo sobre los actos y, a través de ellos, sobre la propia configuración de la persona.
Desde esta perspectiva, el «buenismo» no constituye para Tirado únicamente un error puntual de juicio. Puede convertirse en una disposición estable desde la que se interpreta la realidad y se toman decisiones. Y ahí residiría buena parte de su importancia.
El riesgo de la incoherencia
Otro de los asuntos que aborda la tribuna es la coherencia entre aquello que una persona defiende públicamente y aquello que está dispuesta a asumir en su propia vida.
Según Tirado, una actitud buenista puede producir una separación entre ambas dimensiones: determinadas ideas o conductas pueden aceptarse, justificarse o incluso promoverse cuando afectan de manera abstracta a la sociedad, mientras que esas mismas situaciones serían valoradas de forma diferente si afectasen directamente a la propia vida.
El profesor invita por ello a recuperar el examen de la propia coherencia como criterio de discernimiento: confrontar aquello que proclamamos con lo que efectivamente hacemos y estamos dispuestos a vivir.
Cuando esa incoherencia se produce de manera consciente y, pese a ello, se mantiene deliberadamente una determinada apariencia pública, Tirado considera que ya no se estaría únicamente ante ingenuidad o falta de reflexión, sino ante una forma de cinismo.
Una reflexión que alcanza también a la vida pública
En la parte final de su artículo, Tirado traslada el análisis al terreno político. Sus consideraciones deben entenderse aquí como la tesis defendida por el autor en su tribuna, no como una descripción neutral de toda actuación política.
El catedrático advierte contra lo que denomina «buenismo político», al que atribuye el riesgo de prestar atención a bienes parciales o inmediatos sin considerar suficientemente el bien común y las consecuencias a largo plazo. Vincula esta cuestión con la tradición socrática de crítica a la demagogia y con el peligro de utilizar determinados discursos aparentemente benévolos al servicio de intereses ideológicos o de poder.
Tirado señala además que la percepción de una distancia entre los discursos políticos y la realidad puede generar desencanto y rechazo hacia la vida pública. También muestra su preocupación por lo que considera un debilitamiento de la exigencia moral que los ciudadanos plantean a quienes ejercen responsabilidades de gobierno.
El autor incorpora así al análisis una dimensión clásica de la filosofía política: la diferencia entre perseguir bienes parciales y orientar la acción hacia el bien común, así como la necesidad de valorar las consecuencias reales de las decisiones y no solamente las intenciones con las que estas se presentan.
Entre el pesimismo y la negación del mal
La reflexión desemboca finalmente en el problema del mal, que Tirado considera imprescindible para comprender adecuadamente el fenómeno que analiza.
Según el profesor, una de las posibles raíces del buenismo consiste precisamente en ignorar —de manera consciente o inconsciente— que el mal forma parte de la realidad humana. Desde una perspectiva tanto filosófica como cristiana, sostiene que vivir como si el mal no existiera impide afrontar responsablemente sus consecuencias.
Sin embargo, su planteamiento tampoco conduce a una visión pesimista de la realidad. Tirado presenta el verdadero reto en términos de equilibrio: no caer en el pesimismo, pero tampoco negar aquello que exige una respuesta moral.
Ese equilibrio permite comprender mejor la distinción que atraviesa todo el artículo. La alternativa al buenismo no sería la dureza, la desconfianza o la ausencia de misericordia. Sería, más bien, una bondad capaz de permanecer vinculada a la verdad; una benevolencia que reconoce la realidad antes de decidir cómo actuar ante ella.
Bondad, verdad y responsabilidad
La tribuna de Víctor Manuel Tirado propone, en definitiva, una reflexión filosófica sobre un término habitual en la conversación pública para llevarlo a preguntas de mayor alcance: qué significa realmente querer el bien de otra persona, hasta dónde debe llegar la tolerancia, qué relación existe entre benevolencia y responsabilidad y por qué la verdad constituye una condición necesaria para la acción moral.
Frente a una identificación automática entre bondad y aceptación, el profesor de San Dámaso reivindica la necesidad de discernir. En ocasiones el bien puede exigir corregir; en otras, guardar silencio. Puede requerir firmeza o benevolencia, pero ninguna de esas respuestas resulta adecuada si se adopta prescindiendo de la realidad concreta y de la verdad sobre aquello que ha sucedido.
De ahí el sentido del título elegido para el artículo, «Buenismo: cuando la bondad se aleja de la verdad». La cuestión que plantea Tirado no consiste en poner bajo sospecha la bondad, sino precisamente en preguntarse qué condiciones permiten que una conducta pueda llamarse verdaderamente buena.