Javier Prades, profesor de la Facultad de Teología de la UESD, ha participado como ponente en la Sesión Teológica bienal de los sacerdotes de la Provincia eclesiástica de Reims (Francia), celebrada del 9 al 11 de febrero de 2026 en el Santuario de Beauraing (Bélgica), bajo el título: «Y tú, ¿quién dices que soy Yo? Escuchar las cuestiones de identidad, para anunciar a Jesucristo». En el marco de estas jornadas, que reunieron a los presbíteros de la provincia eclesiástica francesa para profundizar en los desafíos pastorales actuales, Prades impartió dos lecciones de Antropología Teológica tituladas «La búsqueda actual de la identidad humana ante la propuesta bíblica de la imago Dei» y «Una antropología de la llamada y la respuesta: vocación y responsabilidad».
A lo largo de sus intervenciones, el profesor de la UESD ofreció una reflexión amplia y sistemática sobre una de las cuestiones más decisivas del momento cultural contemporáneo: la pregunta por la identidad. Partiendo del contexto occidental actual, mostró cómo la exigencia de autenticidad atraviesa múltiples ámbitos —desde el consumo de masas hasta el cine, la música o las series— y constituye un signo de nuestro tiempo. Lejos de tratarse de una moda pasajera, esta búsqueda expresa una reapertura radical de la pregunta por el sentido de la vida: ¿quién soy yo?, ¿cuál es el valor de mi existencia?, ¿para qué vivo? Interrogantes que, si bien poseen profundas raíces en la tradición occidental —desde el «conócete a ti mismo» griego hasta la pregunta bíblica «¿qué es el hombre para que te acuerdes de él?»—, hoy adquieren rasgos propios y una intensidad singular.

La exigencia contemporánea de autenticidad
La primera lección comenzó ofreciendo un panorama de la cultura occidental contemporánea, caracterizada por esa profunda exigencia de autenticidad. Esta demanda no se limita al ámbito personal, sino que atraviesa también el espacio social y político. La pregunta «¿quiénes somos?» aparece en el trasfondo de numerosos conflictos identitarios que, en algunos contextos, derivan incluso en violencia o guerra.
Además, la cuestión de la identidad emerge con fuerza en debates contemporáneos de gran alcance: el transhumanismo y el post-humanismo, que plantean la posibilidad de redefinir lo humano mediante el progreso tecnocientífico; las discusiones en torno al gender y la autodeterminación absoluta; o incluso los debates sobre los derechos de los animales, que interrogan la especificidad del ser humano como “animal racional”. Todos estos escenarios muestran que la pregunta por la identidad humana no es periférica, sino central en la cultura actual.
La propuesta cristiana: el hombre como imagen de Dios
Frente a este panorama, la propuesta cristiana no parte de una abstracción, sino de una identidad revelada en la historia: la historia de Israel y la historia de la Iglesia. Javier Prades situó como punto de referencia la Constitución Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II, que ofrece una síntesis antropológica de gran profundidad.
La concepción cristiana de lo humano —explicó— se articula en una serie de tensiones que no niegan la unidad del sujeto, sino que la afirman. La unidad de cuerpo y alma, la diferencia sexual entre varón y mujer, la tensión entre dimensión individual y dimensión comunitaria no son fracturas que haya que superar, sino ámbitos en los que se manifiesta la riqueza del ser humano.
Estas tensiones no pueden resolverse eliminando uno de los polos. Señalan, más bien, un dato fundamental: el carácter misterioso del ser humano como imagen de Dios (imago Dei). El hombre no es simplemente un producto biológico o cultural, sino un reflejo —siempre misterioso— del misterio divino. Esta condición impide reducir la identidad a una construcción arbitraria o manipulable.

El corazón y la memoria de una llamada
La segunda lección profundizó en el carácter misterioso de esta imagen de Dios, retomando la tradición bíblica y magisterial sobre el corazón como centro unificador de la persona. En el corazón —entendido no como mera emoción, sino como núcleo profundo de la identidad— resuena una llamada inscrita en lo más hondo de la existencia.
Prades utilizó la categoría de “memoria” para describir esta dimensión constitutiva: una memoria profunda, inscrita en el corazón humano, que conserva la huella de una llamada incondicional. En la respuesta libre a esa llamada madura la identidad personal.
Desde esta perspectiva, la antropología cristiana puede comprenderse como diálogo entre llamada y respuesta: una llamada creatural y sobrenatural que suscita, acompaña y posibilita todas las dimensiones de la vida humana. El Concilio Vaticano II habla del ser humano como una vocación integral, y esta categoría permite integrar la totalidad de la experiencia humana sin fragmentaciones.
Una cultura de la no vocación
En la reflexión final, el profesor de la UESD subrayó la urgencia educativa de esta antropología vocacional. Vivimos —afirmó— en una cultura de la “no vocación”. Muchos jóvenes y adultos experimentan que nadie les llama, que nadie les convoca, que nadie les invita a una misión que dé sentido a su existencia.
Ante esta situación, la tarea de la Iglesia consiste en custodiar y cuidar esa memoria profunda de la llamada, tanto en las personas como en las comunidades. Esta custodia se realiza dentro de la gran compañía de los testigos del Resucitado, mostrando que la vocación no es una ocupación parcial o secundaria, sino un carácter totalizador que da horizonte pleno y definitivo a la vida, incluyendo su dimensión misionera.
La participación de Javier Prades en esta Sesión Teológica bienal ha permitido ofrecer a los sacerdotes de la Provincia eclesiástica de Reims una reflexión rigurosa y actualizada sobre la identidad humana en diálogo con los desafíos culturales contemporáneos. Con esta presencia internacional, la UESD continúa aportando desde su Facultad de Teología una reflexión académica sólida al servicio de la Iglesia en Europa, en diálogo con las grandes cuestiones de nuestro tiempo.
