El Instituto Superior de Ciencias Religiosas de la UESD celebró el pasado martes 28 de abril de 2026 una nueva sesión de Extensión Universitaria en el Aula Pablo Domínguez, bajo el título “De una muerte santa a la santidad canonizada”.
La sesión, seguida tanto de manera presencial como a través de los canales digitales de la Universidad, ofreció una completa aproximación al proceso por el que la Iglesia discierne y reconoce la santidad de algunos de sus fieles.
El acto estuvo presidido por Eduardo Toraño López, director del ISCCRR, y presentado por Rafael Gómez Miranda, subdirector del ISCCRR-P, quien introdujo la ponencia subrayando una idea central que marcó todo el desarrollo posterior: “la Iglesia no hace santos, sino que los reconoce”.
La conferencia fue impartida por Alberto Fernández Sánchez, delegado episcopal para las Causas de los Santos de la Archidiócesis de Madrid, quien ofreció una exposición rigurosa, cercana y pedagógica sobre un proceso que, según indicó, “suscita curiosidad, pero sigue siendo en gran medida desconocido y rodeado de prejuicios”.
De la santidad vivida a la santidad reconocida
Al inicio de su intervención, el ponente explicó que la santidad no es una realidad excepcional reservada a unos pocos, sino la vocación más profunda del ser humano. Sin embargo, la Iglesia reconoce oficialmente solo a algunos fieles, sin que ello implique negar la santidad de muchos otros.
En este sentido, recordó la expresión del papa Francisco sobre los “santos de la puerta de al lado”, insistiendo en que la santidad está presente en la vida cotidiana del pueblo de Dios. La canonización, por tanto, no crea santos, sino que propone algunos como modelos visibles para todos los fieles.
La clave para iniciar una causa es la llamada fama de santidad, es decir, la percepción extendida entre los fieles de que una persona ha vivido una vida cristiana ejemplar. Esta fama debe ser espontánea —no inducida—, estable en el tiempo y extendida entre una parte significativa del pueblo de Dios.
Asimismo, señaló que la Iglesia establece un periodo de prudencia —habitualmente de cinco años desde la muerte— para comprobar que esta fama no es fruto de la emoción del momento, sino una convicción duradera.
El discernimiento sobre la existencia de esta fama corresponde al obispo diocesano, quien tiene el derecho —pero no la obligación— de iniciar la investigación. Se trata, por tanto, de un proceso profundamente eclesial, en el que el sentir del pueblo de Dios desempeña un papel decisivo.
Cuatro vías hacia la canonización
En la segunda parte de la sesión, Alberto Fernández presentó las cuatro vías actualmente reconocidas para la beatificación y canonización: el martirio, las virtudes vividas en grado extraordinario, la entrega de la vida por caridad —introducida por el papa Francisco en 2017— y el reconocimiento de un culto antiguo o inmemorial.
Subrayó que, en el caso de las virtudes, no se trata tanto de un esfuerzo humano extraordinario como de una apertura a la acción de Dios, que transforma la vida del creyente. Por ello, prefirió hablar de una virtud “más allá de lo común” antes que de “heroicidad” en sentido estrictamente humano.
Un proceso riguroso y con garantías
El ponente describió con detalle las dos grandes fases del proceso: la fase diocesana y la fase romana.
En la fase diocesana, el obispo recoge toda la documentación necesaria para esclarecer la vida y la santidad del candidato. Para ello se nombran censores teólogos que examinan sus escritos, una comisión histórica que recopila documentos inéditos y de archivo —en ocasiones miles de páginas— y un tribunal encargado de recoger las declaraciones de los testigos.
Estas declaraciones, explicó, constituyen uno de los momentos más significativos del proceso, ya que permiten conocer hechos concretos de la vida del siervo de Dios. “La santidad no se mide en abstracto, sino que se refleja en actos concretos”, afirmó, subrayando la importancia de los testimonios directos.
Una vez concluida esta fase, toda la documentación se envía al Dicasterio para las Causas de los Santos, donde comienza la fase romana. Allí se elabora la Positio, un documento de síntesis que es examinado por distintos órganos colegiales: historiadores, teólogos y cardenales y obispos.
Este carácter colegial vuelve a poner de manifiesto la dimensión eclesial del proceso, que culmina con la decisión del Papa.
Milagros, beatificación y canonización
Si el Papa aprueba el decreto de virtudes, martirio o entrega de la vida, el candidato pasa a ser venerable. Para la beatificación y la canonización se requiere, además, el reconocimiento de un milagro atribuido a su intercesión —salvo en el caso de los mártires—.
La beatificación permite el culto público limitado a una diócesis o comunidad concreta, mientras que la canonización extiende ese culto a toda la Iglesia universal.
El ponente subrayó que la canonización pertenece al magisterio pontificio y no puede ser revocada, lo que explica el rigor y la prudencia con que se desarrollan estos procesos.
Un discernimiento al servicio de la Iglesia
Durante el coloquio posterior, se abordaron cuestiones como la duración de los procesos —que pueden prolongarse durante décadas o incluso siglos—, el papel de los laicos en las causas de canonización o el significado de expresiones populares como “morir en olor de santidad”.
Alberto Fernández explicó que la duración depende en gran medida del trabajo disponible y de factores como la existencia de un milagro, pero también de lo que denominó “los tiempos de Dios y de la Iglesia”.
Asimismo, destacó la necesidad de prestar especial atención a las causas de laicos y sacerdotes diocesanos, que en ocasiones carecen de estructuras que impulsen su desarrollo, recordando una indicación del papa Francisco en este sentido.
Otro aspecto relevante fue el criterio de oportunidad eclesial, que no responde a razones políticas, sino a la pregunta de si una determinada figura puede ser propuesta como modelo válido para los fieles en el momento presente.
El ponente insistió en que la santidad no implica una vida sin defectos, sino un crecimiento real en la vida cristiana. Por ello, en las causas por virtudes se analiza especialmente la evolución espiritual del candidato, particularmente en los últimos años de su vida.
Formación para comprender la vida de la Iglesia
La sesión concluyó con un agradecimiento al ponente y a los asistentes, dejando abierta la posibilidad de dedicar futuras sesiones al estudio de los milagros en las causas de canonización, un aspecto que también suscita gran interés.
Con esta actividad, la UESD reafirma su compromiso con la formación teológica y pastoral, ofreciendo espacios de reflexión que permiten comprender mejor la vida de la Iglesia.
La ponencia permitió acercarse con profundidad y rigor al recorrido que va de una vida santa al reconocimiento oficial de la santidad, mostrando cómo la Iglesia, con prudencia, sentido eclesial y exigencia jurídica, discierne y propone a algunos de sus fieles como modelos e intercesores para todos.