6 de octubre de 2026
El profesor de la Facultad de Teología de la UESD explica las razones bíblicas y teológicas de la fórmula «por muchos» en la consagración eucarística, en un artículo de El Debate sobre la decisión de la Iglesia en España de mantener la traducción actual del Misal Romano.
«“Todos” se sitúa en el plano ontológico, porque la obra de Cristo abarca a toda la humanidad. “Muchos” se sitúa en el plano histórico-sacramental». Con esta distinción, Raúl Orozco, profesor de la Facultad de Teología de la UESD, explica el sentido de dos expresiones que han marcado el debate sobre la traducción de las palabras de Jesús en la consagración eucarística. Orozco ofrece esta explicación en un artículo publicado por El Debate el 6 de octubre, dedicado a la decisión de la Iglesia en España de mantener la fórmula «por muchos».
La cuestión volvió a la actualidad tras la rueda de prensa del secretario general de la Conferencia Episcopal Española, monseñor César García Magán, quien señaló que no estaba previsto modificar esta expresión en el Misal Romano. La Comisión Episcopal para la Liturgia había llevado a cabo una revisión de la traducción del Misal, que incluía mejoras en algunos textos y que se presentará a la próxima Asamblea Plenaria, pero se descartó recuperar la fórmula anterior «por todos».
El cambio a «por muchos» se realizó en tiempos de Benedicto XVI y responde a una cuestión que va más allá de una elección de palabras: cómo traducir fielmente los relatos evangélicos de la Última Cena sin perder de vista que Cristo ofreció su vida por la salvación de toda la humanidad.
Fidelidad a las palabras de Jesús y al sentido de la redención
Orozco remite a la carta que Benedicto XVI dirigió en 2012 a los obispos alemanes para explicar el cambio. En ella, el Papa distinguía entre traducción e interpretación y señalaba que el paso de «por muchos» a «por todos» «no era una simple traducción, sino una interpretación». La versión anterior pretendía expresar de manera explícita la universalidad de la salvación, pero no reproducía con la misma literalidad la expresión latina pro multis, recogida en la edición típica del Misal Romano.
El profesor de la UESD destaca que la decisión responde a una doble fidelidad. Por una parte, la Iglesia busca respetar las palabras de Jesús transmitidas por los evangelios de Mateo y Marcos. Por otra, estas palabras remiten al Siervo sufriente del libro de Isaías (Is 53), que carga con los pecados de muchos y cuya entrega anticipa el sacrificio de Cristo.
En este sentido, Benedicto XVI también advertía que el consenso exegético de los años sesenta, según el cual «muchos» podía entenderse como un semitismo equivalente a «todos», se había debilitado. La traducción litúrgica debía tener en cuenta este desarrollo de los estudios bíblicos y mantener la expresión presente en los relatos evangélicos.
Orozco subraya, no obstante, que la fórmula «por todos» no carece de fundamento teológico. Al contrario, buscaba expresar sin ambigüedad la universalidad de la salvación querida por Jesús, una verdad afirmada en distintos pasajes de la Escritura: Dios entregó a su Hijo por todos (Rm 8,32) y Cristo murió por todos (2 Co 5,14).
De ahí la importancia de su conclusión: «Las dos palabras no se contradicen». «Todos» expresa el alcance universal de la obra redentora de Cristo; «muchos» remite a su recepción en la historia concreta de la Iglesia, que celebra la Eucaristía y recibe sacramentalmente los frutos del misterio pascual. La comunidad cristiana, a su vez, está llamada a llevar esa gracia a todos los hombres mediante la evangelización y el testimonio de vida.
Esta perspectiva permite comprender que la fórmula «por muchos» no significa que Cristo excluya a una parte de la humanidad de su ofrecimiento de salvación. La universalidad de la redención y la recepción de sus frutos en la vida de las personas son dimensiones distintas, pero inseparables, del misterio cristiano.
Una cuestión presente también en otros países
El artículo de El Debate, firmado por Álex Navajas, recoge las aportaciones de varios especialistas en liturgia y teología para contextualizar el debate. Entre ellos, el sacerdote Roberto Esteban Duque destaca la distinción tradicional entre la redención ofrecida a todos y la recepción efectiva de sus frutos. Para explicarla, remite a santo Tomás de Aquino y al Catecismo, que distinguen entre el alcance universal del sacrificio de Cristo y la participación de los hombres en sus frutos de salvación.
Esteban Duque añade la acción del Espíritu Santo, que orienta a cada persona hacia la comunión con Dios y la vida eterna. La salvación tiene su origen en la Pasión y Muerte de Cristo, aunque requiere la cooperación del hombre para que sus frutos sean acogidos en la propia vida.
El debate también presenta diferencias entre las traducciones aprobadas en distintas lenguas. El sacerdote Claudio Campesato explica que los obispos italianos optaron por mantener la fórmula per tutti —«por todos»— en 2010, y que esta se conservó en el Misal aprobado en 2019. Tanto la traducción italiana como la castellana, señala, expresan la misma fe: Cristo murió por todos, como recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica en el número 605.
Por su parte, el liturgista José Félix Bricio defiende la fórmula «por muchos» por su fidelidad a las palabras de Mateo y Marcos y a la edición latina del Misal. También insiste en que la decisión de Benedicto XVI no pretendía negar la universalidad de la redención, sino distinguir entre una traducción literal y una interpretación teológica legítima.
Una oportunidad para profundizar en la fe
Las aportaciones recogidas en el artículo coinciden en que esta cuestión ofrece una oportunidad para profundizar en la catequesis sobre la Eucaristía y la salvación. Como recuerda Benedicto XVI, la expresión «por muchos» necesita explicarse a la luz de la salvación que Cristo ofrece a todos, sin dar por supuesto que su significado resulte inmediatamente evidente para los fieles.
La reflexión de Raúl Orozco sitúa esta tarea en el corazón de la misión de la Iglesia. La comunidad que celebra la Eucaristía recibe la gracia del misterio pascual, pero no está llamada a reservarla para sí misma. Su vocación es llevarla al mundo, siendo «sal, luz y fermentos» en cada generación, según las imágenes evangélicas de Mateo 5,13-16 y 13,33.
Así, la fidelidad a las palabras de Jesús en la liturgia y la proclamación de que Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1 Tim 2,4) no se oponen. La Iglesia está llamada a celebrar el misterio de la redención y, al mismo tiempo, a anunciarlo a toda la humanidad.