El Gran Canciller de la UESD, don José Cobo, presidió la apertura del nuevo curso, que comenzó con la Eucaristía en la Catedral de la Almudena y continuó con el acto académico en el Seminario Conciliar de Madrid. El profesor Juan Carlos Carvajal impartió la lección inaugural, centrada en el anuncio del Evangelio en los límites humanos.
Nuestra universidad ha celebrado este 8 de octubre la solemne inauguración del curso académico 2025-2026. La jornada comenzó con la Eucaristía presidida por el Gran Canciller y arzobispo de Madrid, el cardenal don José Cobo, en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena. Allí tuvo un emocionado recuerdo por don José Antonio Álvarez, obispo auxiliar de Madrid y vice-Gran canciller de la UESD, fallecido la semana pasada, presentando su vida «a la misericordia del Señor».
En su homilía, el cardenal Cobo recordó que cuando la teología se incorporó al diálogo del saber, «se comprendió que hay un alma que da vida a toda ciencia: el deseo de Dios». Subrayó que «sin oración, la teología se vuelve discurso vacío, palabra sin savia; solo la relación con el Señor transforma el estudio en camino de sabiduría». Invitó a los miembros de la comunidad universitaria a ser «hombres y mujeres de oración como requisito para ser hombres y mujeres de estudio», porque «solo el orante de verdad puede penetrar en el misterio que estudia». A partir de la oración del Padre Nuestro, el arzobispo destacó su carácter comunitario: «sin comunidad la oración se marchita; sin oración la comunidad pierde el alma».
El cardenal animó también a no separar la oración de la teología ni de la vida, pues «ahí se hace teología, en el contacto con la realidad, en la escucha de los signos de los tiempos». Invitó a mirar con atención «el grito silencioso de los pobres, de las víctimas, de los jóvenes que buscan sentido» y pidió que la UESD viva la sinodalidad como “línea prioritaria y transversal en todas las dimensiones de la vida universitaria”, de modo que «la fe se piense, la razón se ilumine y la verdad se busque con alegría».

A continuación, el acto académico tuvo lugar en el salón de actos del Seminario Conciliar de Madrid, con la presencia de numerosas autoridades eclesiásticas y civiles. Entre ellas, los cardenales arzobispos eméritos de Madrid, Antonio María Rouco Varela y Carlos Osoro Sierra; varios obispos, monseñores de la Nunciatura Apostólica en España, el director general de Universidades, Investigación y Ciencia de la Comunidad de Madrid, así como los rectores de las universidades pontificias de Salamanca, Comillas y la Universidad Católica de Ávila. También participaron responsables académicos de otras instituciones, benefactores, profesores, alumnos y miembros del personal de administración y servicios.
El acto se abrió con la presentación de la memoria del curso 2024-2025, a cargo de la Secretaría General, que resumió los principales hitos académicos, las actividades de investigación y extensión universitaria, y el crecimiento constante de la comunidad educativa. Tras la proyección del vídeo institucional, se hizo un emocionado recuerdo de don José Antonio Álvarez.

Nuestro rector, don Nicolás Álvarez de las Asturias, durante su intervención, situó el inicio del nuevo curso “en pleno año jubilar y todavía conmovidos por el fallecimiento del querido vice gran canciller, a quien encomendamos a la divina misericordia”. Recordó también el reciente tránsito del Papa Francisco y la elección de León XIV como sucesor de Pedro, acontecimientos —dijo— que “nos han permitido renovar nuestra conciencia de comunión eclesial y de servicio a la Iglesia universal”.
En su discurso, el rector articuló su intervención en torno a las tres grandes misiones de toda universidad: la investigación, la docencia y la transferencia del conocimiento, destacando que en San Dámaso estas tareas “no se entienden al margen de la fe, sino precisamente como expresión de una inteligencia creyente que busca la verdad y desea comunicarla”. Subrayó que la dedicación a la investigación “es una responsabilidad de primer orden, que exige rigor, dedicación y sacrificio, traducida en horas de estudio y biblioteca”, pero también pasión por la historia y apertura al mundo. A ello añadió que la universidad “debe definirse antes por quienes la forman” que por las tareas que realizan, señalando que los alumnos “viven el aprendizaje y el estudio con sentido vocacional”, mientras que el personal docente y administrativo “posee una conciencia eclesial extraordinaria, con dedicación, profesionalidad e implicación ejemplares”.
Citó las palabras del Santo Padre, quien recordaba recientemente a los teólogos que la obra evangelizadora requiere una “teología en salida”, capaz de unir el rigor científico con la pasión por la historia. “¿Cómo no ver —añadió el rector— que una universidad eclesiástica como San Dámaso está especialmente llamada a ofrecer esa síntesis sapiencial entre fe y razón, reflexión, oración y praxis?”
Nuestro rector destacó además el papel de San Dámaso como lugar de encuentro y diálogo entre disciplinas y como foco de irradiación cultural en el corazón de la Iglesia de Madrid, en estrecha comunión con otras instituciones académicas y diocesanas. Anunció también la puesta en marcha de nuevas iniciativas que marcarán el curso: la inauguración de la nueva biblioteca universitaria, “una verdadera tierra prometida largamente esperada”, la creación de la Cátedra San Dámaso en la Universidad Francisco de Vitoria, la consolidación del seminario permanente “Cristianismo y cambio de época”, y el inicio de la Escuela para la Formación de Laicos, en respuesta a la necesidad de “un laicado mejor preparado para asumir responsabilidades pastorales en la Iglesia y en la sociedad”.
Además, adelantó el lanzamiento de una experiencia inmersiva en lengua y cultura española destinada a sacerdotes de habla no española que estudian en la UESD, iniciativa que se realiza en colaboración con la Vicaría del Clero. “Todo ello —dijo— busca hacer de San Dámaso un verdadero hogar intelectual y espiritual, donde profesores y alumnos vivan el estudio con sentido vocacional, sabiendo que su tiempo de formación es parte esencial de su misión eclesial.”

La lección inaugural del curso, titulada “Anunciar el Evangelio de Jesucristo en los límites humanos”, fue impartida por el profesor Juan Carlos Carvajal Blanco, catedrático de Evangelización y Catequesis y vicerrector de Ordenación Académica. En su exposición, el profesor Carvajal reflexionó sobre la condición limitada del ser humano, recordando que “somos desde que nacemos seres finitos, marcados por la caducidad y la fragilidad”. Señaló que la evangelización, a veces, olvida esa realidad limítrofe y, sin embargo, es precisamente ahí donde el Evangelio se hace más necesario. Inspirado en la llamada del Papa Francisco a ir a las “periferias existenciales”, Carvajal mostró cómo la experiencia del límite puede convertirse en apertura al misterio de Dios.
Añadió que el cristiano está llamado a acercarse al sufrimiento con misericordia, “enjugando los rostros del límite con el lienzo de la caridad, como hizo la Verónica con Cristo camino del Calvario”. Desde la contemplación de Cristo que asume y redime el sufrimiento humano, propuso una evangelización entendida no como conquista, sino como presencia compasiva, capaz de acompañar al hombre en sus límites para mostrarle que Dios ya habita en ellos. “Evangelizar en los límites humanos —afirmó— significa anunciar que ningún sufrimiento ni miseria quedan fuera del alcance de la gracia”.

Finalmente, tomó la palabra el Gran Canciller, quien expresó su gratitud a toda la comunidad universitaria y animó a comenzar el curso «con la mirada puesta en el Evangelio y los pies en la tierra». Subrayó que la universidad «no solo da títulos», sino que «es un espacio para generar procesos intelectuales, culturales, de formación humana y espiritual». Pidió mantener viva la atención a los pobres y a quienes sufren, así como la conciencia de servir a la Iglesia en lo que más necesita hoy. Recordó que en la universidad «nos preparamos para servir a la Iglesia en lo que necesita hoy» e invitó a no desfallecer en «despertar el deseo de ser misioneros».
El acto concluyó con un ambiente de comunión y alegría por el nuevo curso, en el que profesores, alumnos y personal renovaron su compromiso con la búsqueda de la verdad y el servicio a la Iglesia.
