Fe, clase, comunidad y memoria atravesaron el diálogo con la escritora y periodista Ana Iris Simón en la segunda sesión del ciclo «El problema de Dios en la cultura y la sociedad españolas», integrado en la serie La Facultad de Teología en diálogo. El encuentro ofreció un retrato poco habitual en la conversación pública: el de una autora joven, procedente de una tradición familiar no creyente y anticlerical, que narra con naturalidad un itinerario real —hecho de herencias, preguntas y experiencia— hasta el encuentro con Jesucristo.
Una conversación a tres voces
La sesión, celebrada el 25 de febrero de 2026, fue presentada y moderada por Ignacio Carbajosa, Decano de la Facultad de Teología, con la participación de la Hna. Carolina Blázquez (profesora de la UESD y responsable de la Cátedra de Vida Consagrada) y del estudiante Jacobo Vázquez (último curso de Teología). El formato —ágil y cercano— combinó perfil biográfico, diálogo temático y un breve turno de preguntas del público.
Desde la introducción se subrayó el interés del encuentro: Ana Iris Simón representa una generación que empieza a romper moldes sociológicos que identificaban la fe cristiana con un determinado sector ideológico o una capa social concreta. Su presencia en el ciclo confirmó, además, la intuición de fondo que lo inspira: la pregunta por Dios sigue apareciendo en la cultura contemporánea, a veces por caminos inesperados.
“Feria”: vergüenza de clase, memoria y gratitud
La conversación se articuló en buena parte a partir de Feria (2020), obra que proyectó públicamente a la autora y que, según se comentó, sorprende por su tono de memoria joven y su capacidad para tocar experiencias compartidas. Ana Iris explicó que el libro nació como un encargo editorial, pero que fue transformándose en el proceso: “descubrí cuánta gente interviene en un libro”, dijo, subrayando el peso del editor, los libreros y las mediaciones concretas.
Uno de los ejes más vivos fue el de la clase social como realidad también cultural, no solo económica. La autora recordó la vergüenza que durante años sintió al hablar de sus abuelos feriantes, una vergüenza asociada a códigos culturales y a la presión por encajar en un ideal de “respeto” y “clase media”. Con el tiempo, esa herida se convirtió en clave para mirar el país: en lo personal —la transmisión familiar— y en lo colectivo —la pérdida de mundo, de comunidad y de sentido.
Entre dos mundos: “mi amiga está en el cielo con Jesús”
En la parte final del diálogo biográfico, Ana Iris relató con humor y franqueza el peso de la religiosidad popular en su infancia y adolescencia. Contó que su abuela —“la persona que más quería en el mundo”— fue la primera que la acercó a Dios, hasta el punto de que decidió hacer la comunión “para disgusto” de su padre. Entre risas, reconoció incluso que, siendo niña, comulgó más de una vez sin estar bautizada: “me escapaba a misa… y el cura me daba la comunión; tampoco me preguntaba más”.
Ese recuerdo le permitió describir su crecimiento “entre dos mundos”: el de una familia que negaba a Dios y el de una fe popular vivida con sencillez. Con los años, añadió, también ha aprendido a mirar de otro modo figuras familiares antes juzgadas con dureza, como un tío abuelo misionero que entregó su vida en Nicaragua: “de mayor he descubierto el valor de ese legado… durante años fui muy injusta”.

El encuentro con Cristo: “no puedes hacerte la loca”
Uno de los momentos más intensos llegó cuando la Hna. Carolina preguntó por el paso de “afirmar que Dios existe” a “encontrarse con Él”. Ana Iris respondió con pudor, pero con claridad: su conversión —dijo— no fue una idea ni una conclusión, sino un encuentro con Jesús en un momento de profunda oscuridad personal.
Relató que, justo antes de escribir Feria, en un tiempo “muy malo”, sintió de forma nítida una presencia concreta: “estaba en un punto de la habitación”. No vio nada, insistió, pero tuvo una certeza total. Su primera reacción fue el enfado: “¿qué haces aquí si yo no te he llamado?”. Y concluyó con una frase que marcó la sesión: “cuando se te da una certeza tan grande… ya no puedes desobedecer: no puedes hacerte la loca”.
Identidad, consumo y pérdida de los rituales
En el tramo central del encuentro, Jacobo Vázquez propuso un tema que conectó con varios textos de la autora: la identidad contemporánea como producción y consumo, y el debilitamiento de lo comunitario. Ana Iris habló de la pérdida de rituales —religiosos y civiles— que marcaban el tiempo y daban espesor a la vida común. En su lugar, señaló, el calendario lo marca el consumo: “que lo marque Zara” más que la comunidad.
Desde ahí abordó una consecuencia que considera decisiva: “nuestra identidad es lo que producimos y lo que consumimos”. Viajes, trabajos y experiencias convertidas en capital simbólico pueden terminar generando vacío: “un viaje a Tailandia… no va a ser nunca suficiente”. Ese vacío, añadió, ayuda a entender parte del cansancio contemporáneo y también la búsqueda —a veces confusa— de algo verdaderamente excepcional.
Tradición, heridas y una España que empieza a “decodificarse”
Otro bloque importante giró en torno a la tradición y a la polarización española. La autora explicó con sencillez cómo ciertas heridas históricas se transmiten, pero también cómo cambian las generaciones: “yo no tengo los prejuicios que tiene mi padre… y las hijas de mis primos, menos”. Afirmó que la necesidad de tradición reaparece, entre otras cosas, por una razón cultural muy concreta: muchas personas ya no saben leer su propio mundo simbólico.
Puso ejemplos gráficos: visitar el Museo del Prado y no saber quién es San Sebastián; ver una piedad y titularla “Señora con hombre muerto en brazos”. No como burla, sino como síntoma de una pérdida de lenguaje y de memoria cultural que, según dijo, golpea especialmente a quienes no tienen recursos para compensarla.
“Quiero lo que ellos tienen”: el papel de la Iglesia
En el turno final, a una pregunta del público sobre el lugar de la Iglesia en su camino de fe, Ana Iris respondió desde su experiencia reciente: lo primero fue quitarse prejuicios y descubrir una realidad muy distinta de la caricatura. Habló de comunidades pequeñas y pobres que, sin buscar reconocimiento, “dan su vida por el otro y encima están contentos”. Su frase fue directa: “yo quiero ser así algún día; quiero lo que ellos tienen”.
También compartió una preocupación muy personal: cómo transmitir la fe a sus hijos sin haber contado con referencias previas cercanas. Junto a la cuestión tecnológica y la fragilidad de los más jóvenes —mencionó con preocupación el aumento del sufrimiento psicológico en edades tempranas—, situó ahí uno de sus grandes desafíos como madre.
Próxima sesión: ciencia y literatura
El ciclo «El problema de Dios en la cultura y la sociedad españolas» concluirá el miércoles 5 de mayo con el físico y novelista Juan José Gómez Cadenas, que abordará la cuestión desde una perspectiva científica y literaria.
