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10 de octubre de 2026

La quinta sesión del Nivel I, celebrada el sábado 10 de octubre bajo el título «Ungidos por el Espíritu, testigos de Jesucristo», da continuidad a un itinerario que comenzó en febrero y que busca renovar la formación de los agentes de pastoral de la Archidiócesis de Madrid. De los 31 participantes de la experiencia piloto, 24 continúan este curso una propuesta que prepara ya su futura extensión a las vicarías en 2027-2028.

La UESD acogió el pasado sábado 10 de octubre la quinta sesión del Nivel I del nuevo proyecto de formación diocesana de la Archidiócesis de Madrid, una iniciativa que tiene como finalidad redescubrir y revitalizar la identidad bautismal de los cristianos como fundamento de su participación en la misión evangelizadora de la Iglesia.

Bajo el título «Ungidos por el Espíritu, testigos de Jesucristo», este nuevo encuentro ha supuesto la reanudación de un itinerario que comenzó a desarrollarse durante el curso 2025-2026 mediante una experiencia piloto de cuatro sesiones. Aquella primera fase, concebida para comprobar la idoneidad de los contenidos y del método formativo antes de su implantación diocesana, concluyó con una valoración muy positiva por parte de los participantes y permitió introducir mejoras en la propuesta.

La continuidad del grupo constituye uno de los primeros indicadores de esta buena acogida. De las 31 personas que realizaron las cuatro sesiones experimentales el curso pasado, 24 han decidido continuar este año con la formación, que comprende un total de diez encuentros.

Juan Carlos Carvajal, vicerrector de Ordenación Académica de San Dámaso y coordinador del Equipo del Nivel I, considera que esta respuesta confirma la valoración favorable de los participantes, tanto del contenido de las sesiones como de la pedagogía mistagógica que caracteriza el proyecto.

La iniciativa entra así en una nueva etapa, que combina la continuidad de quienes participaron en su fase experimental con la preparación de un nuevo grupo llamado a conocer y asumir el método formativo para contribuir a su desarrollo en las distintas vicarías de la Archidiócesis durante el curso 2027-2028.

Un proyecto para renovar la formación de los agentes de pastoral

El Nivel I forma parte del nuevo marco de formación de laicos impulsado por la Archidiócesis de Madrid, que pretende ofrecer una propuesta articulada y de referencia para quienes participan en la vida y en la misión de la Iglesia, especialmente aquellos que desempeñan responsabilidades en parroquias, comunidades, asociaciones, movimientos y delegaciones diocesanas.

El proyecto está estructurado en tres niveles complementarios: un primer nivel de formación bautismal, un segundo nivel de formación teológico-pastoral básica y un tercero orientado a la formación pastoral específica, vinculada a los diferentes ámbitos de acción eclesial.

En este marco, el Nivel I tiene un carácter «fundante». Su objetivo no consiste simplemente en proporcionar unos conocimientos elementales sobre la doctrina cristiana, sino en ayudar a los participantes a tomar una conciencia renovada de la gracia recibida en el Bautismo y de las consecuencias que tiene para su vida personal, comunitaria y evangelizadora.

Como explicó Juan Carlos Carvajal al comienzo de la experiencia piloto, la propuesta pretende «sacar a la luz y promover en los participantes el don bautismal, fuente de la identidad cristiana y origen de la participación en la misión evangelizadora de la Iglesia».

Desde esta perspectiva, la formación parte de una convicción fundamental: la vocación bautismal no constituye una realidad secundaria ni un acontecimiento limitado al pasado, sino el fundamento permanente de la identidad cristiana. Redescubrir este don permite comprender de manera más profunda la pertenencia a la Iglesia, la llamada a la santidad y la responsabilidad de participar activamente en el anuncio del Evangelio.

Una quinta sesión centrada en la unción del Espíritu Santo y la misión

La quinta sesión, celebrada este sábado, ha dado continuidad a ese recorrido con una reflexión sobre la unción bautismal y la acción del Espíritu Santo en la vida de los cristianos.

Bajo el título «Ungidos por el Espíritu, testigos de Jesucristo», el encuentro ha situado en el centro de la formación una de las dimensiones fundamentales de la identidad bautismal: la participación de los creyentes en la unción de Cristo y su llamada a ser testigos del Evangelio en medio del mundo.El cuadernillo preparado para la jornada articula el desarrollo de esta reflexión en torno a una celebración inicial, el diálogo comunitario, la profundización teológica y un momento conclusivo de oración y envío.

La celebración de apertura propone un lucernario centrado en la invocación del Espíritu Santo, con el encendido progresivo de siete velas que evocan sus dones y su presencia en la historia de la salvación. A través de las distintas invocaciones, los participantes son invitados a reconocer la acción del Espíritu desde la creación hasta Pentecostés, pasando por las figuras del Antiguo Testamento, el Bautismo de Jesús y la vida de la Iglesia.El momento celebrativo está acompañado por la proclamación del Evangelio de san Lucas (4,16-21), en el que Jesús, en la sinagoga de Nazaret, hace suyas las palabras del profeta Isaías: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido».

Este pasaje constituye el núcleo de la reflexión propuesta para la sesión. La unción no aparece como un privilegio destinado a permanecer en la esfera de la experiencia individual, sino como un don que configura al creyente con Cristo y lo orienta hacia una misión concreta. Del mismo modo que Jesús se presenta como el Ungido y Enviado del Padre, los bautizados están llamados a reconocer que la gracia recibida los impulsa a anunciar el Evangelio, servir a los demás y dar testimonio de su fe.

La propuesta insiste, por tanto, en la relación inseparable entre identidad y misión: ser ungido por el Espíritu implica también ser enviado. La vida cristiana no puede entenderse únicamente como una experiencia interior, sino que está llamada a manifestarse en la caridad, en la comunión eclesial y en el compromiso concreto con las personas y las circunstancias de cada día.

De la celebración a la vida: una pedagogía mistagógica

Uno de los elementos centrales de esta quinta sesión, como de todo el itinerario, es la aplicación del método mistagógico. Esta pedagogía parte de los signos litúrgicos y de la experiencia creyente para conducir progresivamente hacia una comprensión más profunda del misterio cristiano y de sus consecuencias para la vida. A diferencia de otros modelos formativos centrados principalmente en la exposición de contenidos, el itinerario propone comenzar por la experiencia celebrativa. A partir de ella, los participantes reflexionan personalmente, comparten lo vivido en pequeños grupos y reciben posteriormente una propuesta teológica que les ayuda a interpretar y profundizar en esa experiencia.

El cuadernillo de la quinta sesión plantea que el diálogo se desarrolle siguiendo la dinámica de la «conversación en el Espíritu», caracterizada por la escucha atenta, el respeto a las aportaciones de los demás, el silencio y la búsqueda compartida de aquello que el Espíritu suscita en la vida de cada persona. Las cuestiones propuestas invitan a los participantes a examinar cómo viven realmente su condición de bautizados y ungidos por el Espíritu, a quiénes se sienten llamados a servir en su entorno y qué decisiones concretas pueden ayudarles a dar un testimonio más visible de su fe.

No se trata, por tanto, de responder a un cuestionario de conocimientos, sino de confrontar la propia existencia con la Palabra escuchada y celebrada, para descubrir de qué manera la identidad bautismal se expresa en las relaciones personales, en la participación en la comunidad cristiana y en el servicio a los demás. La propuesta teológica que acompaña esta reflexión profundiza en la promesa del Espíritu Santo, su presencia en la vida de la Iglesia y su acción en cada bautizado. El itinerario conduce desde el reconocimiento de la unción recibida hasta el discernimiento de la llamada a la misión y la necesidad de vivir como testigos de Jesucristo.

El material contempla asimismo un momento final de oración y envío, acompañado de un signo con óleo perfumado que remite a la unción bautismal. Este gesto permite expresar de forma visible una de las convicciones centrales de la jornada: la identidad cristiana es un don recibido que está llamado a hacerse presente mediante el testimonio y el servicio.

Una valoración que confirma la importancia de redescubrir la identidad bautismal

La reanudación del itinerario llega después de una evaluación especialmente positiva de las primeras cuatro sesiones, cuyos resultados permiten comprender mejor el alcance de esta propuesta formativa. Según comenta Juan Carlos Carvajal, la práctica totalidad de los participantes manifiesta que la formación ha contribuido significativamente a redescubrir y revitalizar su identidad bautismal.

Uno de los cambios más relevantes que reflejan las respuestas es la manera de comprender el propio Bautismo. Lejos de considerarlo únicamente un sacramento recibido en la infancia o un acontecimiento situado en el pasado, los participantes han llegado a reconocerlo con mayor profundidad como una realidad viva y permanente que fundamenta su existencia cristiana.

La formación ha favorecido también una conciencia renovada de la filiación divina, de la pertenencia a la Iglesia y de la vocación personal recibida en el Bautismo. Muchos participantes destacan que esta nueva comprensión les ayuda a reconocer cómo su condición de bautizados ilumina las decisiones y circunstancias de la vida cotidiana, las relaciones personales, el compromiso eclesial y la misión evangelizadora.

Otro de los aspectos significativos es el redescubrimiento de la dimensión comunitaria de la fe. Las respuestas ponen de manifiesto que el itinerario ha ayudado a comprender que la identidad bautismal no se vive de forma aislada, sino en el seno del Pueblo de Dios y en comunión con los demás cristianos. La evaluación confirma así uno de los objetivos fundamentales del proyecto: favorecer que los participantes no solo amplíen sus conocimientos sobre la fe, sino que interioricen de manera más profunda el significado de su vocación cristiana y descubran sus consecuencias en la vida personal y comunitaria.

Una formación que integra celebración, oración, diálogo y reflexión

La valoración global realizada por los participantes es también extraordinariamente positiva. Las respuestas describen la experiencia como enriquecedora, profunda, bien estructurada, espiritualmente fecunda y relevante para la vida pastoral.

Entre los elementos más apreciados figura precisamente la novedad de la metodología mistagógica. Los participantes destacan que la formación supera el modelo exclusivamente académico o doctrinal para ofrecer una experiencia más integral, en la que los contenidos teológicos se encuentran estrechamente vinculados con la celebración, la oración, la reflexión personal, el diálogo y el compromiso cristiano.

Esta articulación constituye uno de los rasgos distintivos del itinerario. La celebración litúrgica no se plantea como un elemento introductorio o complementario a una clase, sino como el punto de partida desde el cual se desarrolla toda la formación. Los signos y la Palabra proclamada permiten evocar el don recibido, mientras que el diálogo comunitario favorece que cada persona reconozca cómo ese don se hace presente en su propia historia. La posterior profundización teológica ayuda a interpretar lo vivido a la luz de la fe de la Iglesia y ofrece elementos para comprender con mayor claridad sus implicaciones personales, comunitarias y pastorales.

Las valoraciones recogidas destacan que este proceso favorece la interiorización de la fe y la revisión de la propia vida, al tiempo que despierta una conciencia más profunda de la vocación bautismal. A ello se suma la experiencia de comunión que se genera entre los participantes. La posibilidad de compartir vivencias, inquietudes y reflexiones con personas procedentes de distintos ámbitos de la Iglesia diocesana permite reconocer la diversidad de experiencias y sensibilidades presentes en la comunidad eclesial y descubrir, al mismo tiempo, la unidad de la vocación cristiana. La permanencia de 24 de los 31 participantes iniciales constituye, en este sentido, un dato especialmente significativo para los responsables del proyecto, que ven en esta continuidad una confirmación práctica del interés despertado por los contenidos y por el método.

El horizonte de 2027-2028: llevar la formación a las vicarías

Junto a la continuidad del grupo que participó en la experiencia piloto, el proyecto contempla ahora un nuevo paso decisivo para su futuro desarrollo en la Archidiócesis de Madrid.

Según ha avanzado Juan Carlos Carvajal, próximamente se iniciará esta misma formación mistagógica con otro grupo de participantes presentados por los vicarios. Su incorporación responde a un objetivo que va más allá de recibir personalmente los contenidos del itinerario: se busca que conozcan y asimilen el método mistagógico y adquieran la preparación necesaria para poder desarrollar posteriormente esta formación en las distintas vicarías.

El horizonte previsto es el curso 2027-2028, cuando estos participantes podrán contribuir a extender la propuesta a otros ámbitos de la diócesis.

Esta nueva etapa permitirá avanzar desde una experiencia inicial de carácter experimental, desarrollada con un grupo reducido de voluntarios, hacia un modelo formativo con capacidad de implantación más amplia. Las sesiones celebradas hasta ahora han servido para comprobar el valor de la propuesta, escuchar las aportaciones de quienes la han vivido y realizar los ajustes necesarios para preparar su futuro.De este modo, la UESD continúa colaborando con la Archidiócesis de Madrid en un proyecto que busca renovar la formación de los agentes de pastoral desde sus fundamentos, poniendo en el centro la identidad bautismal y la vocación evangelizadora de todos los cristianos.

La quinta sesión, centrada en la unción del Espíritu Santo y el testimonio de Jesucristo, expresa precisamente ese horizonte. La formación no termina en la adquisición de conocimientos ni en la experiencia personal de quienes participan en ella, sino que está orientada a impulsar una vivencia más consciente de la fe y una participación renovada en la misión de la Iglesia.

Tras la positiva acogida de su primera fase y con la perspectiva de llegar a las vicarías en los próximos cursos, el itinerario de Formación Diocesana de Nivel I continúa consolidándose como una propuesta al servicio de la vida y de la misión evangelizadora de la Archidiócesis de Madrid.