Un signo de esperanza
El pasado jueves 21 de noviembre se cumplían 60 años de la aprobación del Decreto Unitatis Redintegratio en el marco de la celebración del Concilio Vaticano II. Fue el primer documento oficial de la Iglesia sobre el Ecumenismo. Con motivo de este aniversario se celebró en nuestra Universidad san Dámaso una Jornada Ecuménica titulada “El camino ecuménico de la Iglesia Católica a los 60 años de Unitatis Redintegratio”, organizada por el Departamento de Teología Dogmática.
La Jornada comenzó, tras los saludos y palabras de acogida por parte del Decano de la Facultad de Teología, con una conferencia impartida por D. Adolfo González Montes. La exigencia de una seria autocomprensión teológica para poder participar con identidad y aportar rigor al diálogo ecuménico fue una de las ideas claves de su discurso. En este sentido, partiendo de la comprensión eclesiológica católica fue ahondando en las relaciones de la Iglesia Católica tanto con en el Consejo Ecuménico de las Iglesias como en los diálogos bilaterales con las Iglesias Ortodoxas o las otras Comunidades de la Reforma. Fue un verdadero ejercicio de ecumenismo teológico que terminó seguido de algunas preguntas sobre las próximas celebraciones ecuménicas a lo largo del año 2025.
En un segundo momento, respondiendo a lo que en Unitatis Redintegratio se llama “La práctica del Ecumenismo”, se ofreció una mesa redonda en la que había un representante del ecumenismo espiritual, el Hermano Jean Marie de la Comunidad de Taizé; del ecumenismo teológico, el Profesor Juan Sánchez Núñez del Seminario Evangélico Unido de Teología (SEUT) y, por último, María José Borrego, miembro del Movimiento del Focolar, como representante del Ecumenismo de la Caridad o de la Vida.
Entre los participantes en la Jornada hubo miembros también de la Iglesia Ortodoxa de Constantinopla y de Iglesia Ortodoxa Rumana, así como el Delegado de Ecumenismo de la Diócesis de Madrid y algunas representantes de la Asociación laica consagrada Misioneras de la Unidad. De este modo, tanto por las temáticas como por los participantes, la Jornada en sí se convirtió en un signo de confirmación de este camino ecuménico recorrido en la Iglesia a favor de la reconciliación entre los cristianos y en un signo de esperanza hacia la unidad.








Al día siguiente se pudo participar en una oración organizada por la Delegación de ecumenismo del Arzobispado de Madrid en la parroquia Santísimo Redentor en Madrid.


