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El pasado sábado 18 de abril, en sesión matutina, tuvo lugar en la UESD la tercera sesión del itinerario formativo sobre la vocación bautismal, enmarcado en el proceso evangelizador que la Archidiócesis de Madrid quiere impulsar en los próximos años. Esta propuesta corresponde al nivel primero de dicho proceso y, tras varias sesiones ya celebradas, continúa consolidándose con una participación creciente y una valoración muy positiva por parte de los asistentes.

Los participantes destacan, en primer lugar, el clima de cercanía y participación, que favorece que las personas se sientan implicadas y a gusto. Pero, sobre todo, subrayan que estas sesiones les están permitiendo profundizar en la fe de un modo vivo y personal, gracias a una dinámica que combina experiencia, celebración y reflexión. Se trata de un enfoque claramente mistagógico, que parte de lo vivido —especialmente en el ámbito litúrgico— para abrir posteriormente a una propuesta teológica que ilumina esa experiencia.

Uno de los momentos más significativos de la jornada fue el signo celebrado en torno al cirio pascual, que sirvió como hilo conductor de toda la sesión. En un ambiente inicialmente oscuro, los participantes accedieron en silencio al espacio celebrativo portando pequeñas velas apagadas. A partir del cirio encendido, cada uno fue recibiendo la luz hasta iluminar progresivamente toda la asamblea, en un gesto sencillo pero profundamente expresivo. Como recoge el material de la sesión, la luz simboliza la gracia de Dios que se nos da gratuitamente, nos precede y nos acompaña, y que estamos llamados no solo a recibir, sino también a compartir con los demás.

La sesión, dirigida por el profesor Ángel Castaño, se desarrolló bajo el título “La luz que disipa las tinieblas: la gracia y la fe”, profundizando en el significado de la gracia como don de Dios y en la fe como una luz que transforma la mirada del creyente. En este contexto, se insistió en que la fe no puede reducirse a un mero conocimiento, sino que es una experiencia que afecta a toda la persona, permitiéndole ver la realidad con una nueva profundidad y descubrir en ella la presencia de Dios.

Tras la celebración inicial, los participantes se reunieron en pequeños grupos para dialogar a partir de su propia experiencia. Este momento permitió abordar cuestiones muy concretas —como las “tinieblas” personales, las luces recibidas en la vida o la vivencia comunitaria de la fe— y favoreció un clima de escucha y discernimiento. De este modo, la formación no se limita a la transmisión de contenidos, sino que busca que cada persona reconozca la acción de Dios en su vida y aprenda a vivir su vocación bautismal de manera más consciente.

El itinerario concluirá el próximo 23 de mayo, en una jornada de mañana y tarde que tendrá un carácter especialmente significativo. En ella, los participantes podrán realizar una valoración global de la experiencia y proponer mejoras de cara a la posible implantación del proyecto en el conjunto de la diócesis.

Esta iniciativa se configura así como una experiencia piloto con clara vocación de continuidad, en la que la Universidad San Dámaso colabora activamente como espacio de formación y encuentro. Su propuesta —que integra liturgia, teología y vida— apunta a un objetivo fundamental: ayudar a redescubrir la vocación bautismal como fuente de sentido, misión y esperanza, capaz de iluminar la vida personal y comunitaria en el contexto actual.