La Facultad de Filosofía de la UESD celebró la jornada académica “El cuerpo en la encrucijada. Gnosticismo, tecnociencia y relacionalidad”, organizada por el grupo de investigación “Hermenéutica, técnica y gnosticismo: la persona y sus desafíos”. El encuentro supuso una reflexión interdisciplinar sobre la comprensión del cuerpo humano en el contexto actual, marcado por la tecnociencia, el transhumanismo y las nuevas formas de concebir la identidad.
Una apertura centrada en la cuestión del cuerpo y la identidad
José Antúnez, decano de la Facultad de Filosofía, inauguró la jornada subrayando la actualidad del tema y la necesidad de repensar la noción de cuerpo en un mundo que oscila entre su negación espiritualista y su manipulación técnica. Tras sus palabras de bienvenida y una breve oración, Alicia Rodrigo Fernández, coordinadora del grupo de investigación, presentó a José Luis Villacañas, catedrático emérito de la Universidad Complutense de Madrid, que impartió la conferencia titulada “Vencer la gnosis invencible”.
Villacañas propuso una reflexión de fondo sobre el significado filosófico y cultural del gnosticismo, entendido no solo como un fenómeno histórico de los primeros siglos del cristianismo, sino como una actitud permanente del pensamiento occidental: el rechazo del cuerpo, de los límites y de la historia concreta en favor de una salvación puramente interior, intelectual o técnica. Según explicó, esta pulsión gnóstica reaparece bajo múltiples formas en la modernidad y alcanza una nueva expresión en la época contemporánea a través de la inteligencia artificial, la tecnociencia y las promesas de emancipación total del sujeto.
El profesor analizó cómo la gnosis representa un fastidio ante el cuerpo y una desconfianza hacia lo institucional, rasgos que, a su juicio, se reproducen en ciertos discursos actuales que idealizan la autoconciencia y la autorreferencialidad. Inspirándose en autores como Helmuth Plessner, Husserl, Heidegger, Weber y Kant, mostró que la autoconciencia, cuando se absolutiza, puede volverse destructiva, “una forma de autodevoración que deconstituye al ser humano al separarlo de su corporeidad y de la comunidad”. Por el contrario, afirmó, solo cuando la autoconciencia se abre al otro y a la dimensión generativa de la vida puede reconstruirse como conciencia de comunión.
Villacañas introdujo asimismo una lectura antropológica y teológica del pensamiento de San Agustín, subrayando cómo la experiencia cristiana de la interioridad no conduce al aislamiento, sino a la apertura a Dios y a los demás: “La interioridad no es encierro, sino lugar de encuentro”, señaló. En este sentido, contrapuso la lógica gnóstica del dominio al pensamiento cristiano de la encarnación, donde el cuerpo y la historia se revelan como espacios de gracia y transformación. El ponente concluyó recordando que la tarea del pensamiento contemporáneo pasa por “reconciliar la autoconciencia con la carne”, es decir, por recuperar una visión de la persona que una el conocimiento, la vulnerabilidad y la responsabilidad.
La conferencia suscitó un rico coloquio en torno al totalitarismo, el alma y la libertad, y al modo en que las concepciones antropológicas actuales reproducen formas de gnosticismo secularizado.

Mesa redonda I: Cuerpo, gnosticismo y tecnociencia
La primera mesa redonda, moderada por Alicia Rodrigo, exploró la relación entre cuerpo, técnica y conocimiento desde una perspectiva filosófica y ética. José Antúnez, en su ponencia “El misterio del cuerpo”, recuperó la noción de Gabriel Marcel del cuerpo como “misterio” frente a la tentación moderna de tratarlo como “problema” o “objeto manipulable”. Apoyándose en Hans Jonas, el ponente subrayó la necesidad de una metafísica del organismo que reconcilie la técnica con la interioridad de la vida y denunció la visión tecnocrática que reduce el cuerpo a materia disponible, vaciándolo de su significado simbólico y espiritual.
Cristián Borgoño (Pontificia Universidad Católica de Chile) abordó después el tema “Transhumanismo: ¿inmortalidad virtual?”, donde analizó críticamente el proyecto del mind upload o transferencia de la mente a soportes digitales, como paradigma del ideal transhumanista de superación del cuerpo. A través de ejemplos como el episodio San Junípero de la serie Black Mirror, mostró cómo esta propuesta supone una secularización del deseo de inmortalidad y una concepción dualista de la persona que ignora la dimensión encarnada de la conciencia. Desde una lectura inspirada en Jonas, Damasio y Guardini, defendió que la técnica no puede reemplazar la vulnerabilidad del cuerpo sin perder lo que hace posible la experiencia humana: la relación con el mundo, con los otros y con Dios. “La auténtica mejora —afirmó— no consiste en escapar de la carne, sino en reconciliarse con ella”.
Por su parte, el Juan Jesús Gutiérrez Carrasco (Universidad Pontificia Comillas) cerró la sesión con la ponencia “Del cuerpo despreciado al cuerpo modificado: técnica y tentación gnóstica”. El profesor Gutiérrez argumentó que la tecnociencia contemporánea ha transformado el antiguo desprecio gnóstico por el cuerpo en una voluntad de rehacerlo y dominarlo, generando una “tentación de omnipotencia” que borra los límites de la naturaleza humana. Describió tres paradigmas de esta mutación: el cuerpo cíborg, que amplía las capacidades humanas a costa de someterlas a la lógica del rendimiento y el mercado; el cuerpo digital, que tiende a sustituir la presencia encarnada por una identidad virtual desligada de la materia; y el cuerpo genéticamente editado, que plantea dilemas éticos sobre los límites de la intervención humana en la vida. Apoyándose en el pensamiento de Hans Jonas, Gutiérrez insistió en que la técnica moderna exige una ética del límite y del cuidado, fundada en la conciencia de la fragilidad del cuerpo como lugar de responsabilidad. “El límite —recordó citando a Jonas— no es una derrota, sino condición del sentido”.

Mesa redonda II: Cuerpo, gnosticismo y relacionalidad
La sesión vespertina, moderada por Juan Jesús Gutierro, abordó la segunda dimensión temática de la jornada: la relacionalidad, entendida como modo de superar la soledad gnóstica y la desconexión contemporánea.
Abrió la mesa Marek Raczkiewicz, profesor de la UESD, con la ponencia “¿Tumba o templo?”. Partiendo de la tradición patrística y del pensamiento teológico de San Pablo, Raczkiewicz recordó que el cristianismo ha concebido siempre el cuerpo no como prisión del alma, sino como lugar de presencia de Dios y de comunión. El ponente propuso recuperar esta visión sacramental del cuerpo como “templo del Espíritu Santo”, frente a las tendencias culturales que lo reducen a objeto de consumo o de dominio. Su intervención subrayó que la corporeidad no es un obstáculo para la espiritualidad, sino su condición misma, y que solo una comprensión integradora del cuerpo puede sostener una antropología verdaderamente cristiana.
El segundo turno correspondió a Álvaro Roca, de la Universidad Francisco de Vitoria, quien presentó la ponencia “Concordancias sobre una carne aparente en el docetismo y en las gender theories”. Roca mostró los paralelismos entre el docetismo de los primeros siglos y ciertas corrientes contemporáneas de pensamiento de género, en las que el cuerpo es considerado una construcción o una mera apariencia modificable. Según explicó, tanto el docetismo como el transhumanismo actual comparten una dificultad para asumir la encarnación, es decir, para reconocer la unidad entre la identidad personal y la corporeidad. El ponente defendió la necesidad de una antropología que recupere la dignidad del cuerpo sexuado como expresión de la persona y como condición de la relación con los demás.
A continuación, Gregorio Aboin, profesor de la UESD y ESCUNI, expuso “¿Relacionados o conectados? Intersubjetividad humana en clave gnóstica”, en la que analizó los efectos de la cultura digital sobre la experiencia relacional. Aboin distinguió entre la mera “conexión” técnica y la verdadera “relación” interpersonal, advirtiendo que la comunicación digital tiende a sustituir la presencia por la simultaneidad, debilitando la capacidad de encuentro. Frente a la tentación gnóstica de reducir la relación humana a intercambio de información, propuso recuperar una intersubjetividad encarnada, donde el cuerpo y la palabra sean lugares de reconocimiento mutuo.
Cerró la mesa Alicia Rodrigo Fernández con la ponencia “Comprensión neognóstica del cuerpo y la sexualidad. ¿Hay alternativa al desarraigo?”. Rodrigo analizó cómo ciertas corrientes contemporáneas reinterpretan la sexualidad desde una clave neognóstica, desvinculando el deseo y la identidad de la realidad corporal. Frente a esta disociación, propuso una antropología del arraigo, en la que el cuerpo sea comprendido como don, vínculo y mediación de sentido. Según la ponente, “solo quien se reconoce encarnado puede amar verdaderamente”, y por ello la recuperación del cuerpo es también la recuperación de la relacionalidad y de la trascendencia.
El coloquio final permitió entrelazar las aportaciones de ambas mesas y subrayó la necesidad de una reflexión integral sobre el cuerpo humano, que conjugue la racionalidad técnica con la sabiduría de la fe. Los participantes coincidieron en que el desafío actual no es superar el cuerpo, sino reconciliarse con él, reconociendo en la vulnerabilidad y en la interdependencia rasgos esenciales de la condición humana.
Una reflexión interdisciplinar sobre el sentido del cuerpo
La jornada concluyó con el agradecimiento a los ponentes y al público participante. El grupo de investigación “Hermenéutica, técnica y gnosticismo: la persona y sus desafíos” reafirmó su compromiso con la investigación filosófica sobre la persona en la era de la tecnociencia. Con encuentros como este, la Facultad de Filosofía de la UESD consolida su papel como espacio de diálogo entre fe y cultura, ofreciendo una reflexión serena, crítica y actual sobre el misterio del cuerpo y el sentido de lo humano.
