La UESD celebró una jornada académica con motivo del 60 aniversario de la declaración Nostra Aetate, uno de los textos fundamentales del Concilio Vaticano II para comprender la relación de la Iglesia con las religiones no cristianas y, de modo especial, con el pueblo judío. Bajo el título “A los 60 años de la declaración Nostra Aetate: pasado, presente y futuro de la relación judeocristiana”, el encuentro, organizado por la Facultad de Teología y el Centro de Estudios Judeocristianos, reunió a representantes del ámbito académico, religioso e institucional para reflexionar sobre el camino recorrido desde la promulgación del documento conciliar y sobre los desafíos actuales del diálogo entre judíos y cristianos.
Una jornada en continuidad con el Concilio Vaticano II
La jornada fue inaugurada por el rector, Nicolás Álvarez de las Asturias, quien dio la bienvenida a los ponentes y asistentes subrayando la importancia que tienen en la casa los actos orientados a profundizar en las enseñanzas del Concilio Vaticano II. Destacó especialmente la relevancia de la relación con el pueblo judío, tanto por la historia de España como por la labor que desde hace años desarrolla el Centro de Estudios Judeocristianos en Madrid, ayudando a comprender el patrimonio común que comparten judíos y cristianos y que sigue siendo fuente de enriquecimiento mutuo.
El encuentro fue presentado y moderado por Manuel Aroztegi, quien recordó que Nostra Aetate no puede entenderse únicamente como un documento diplomático, sino como una respuesta a una necesidad profundamente teológica. En este sentido, el acto se planteó como una oportunidad para revisar el significado histórico del texto, analizar su impacto en la teología contemporánea y profundizar en los retos actuales del diálogo judeocristiano.
El “antes y después” desde una mirada judía
La primera intervención corrió a cargo del rabino Moisés Chicurel Franco, quien ofreció una reflexión desde su experiencia como rabino sefardí. Su ponencia partió del reconocimiento de la complejidad histórica de las relaciones entre el pueblo judío y el cristianismo, marcadas durante siglos por tensiones, desconocimiento y episodios dolorosos. Frente a ese pasado, subrayó el carácter decisivo de Nostra Aetate como punto de inflexión que hace posible una nueva etapa.
Desde una lectura del mandamiento “amarás a tu prójimo como a ti mismo”, propuso superar las identidades construidas por oposición al otro y avanzar hacia una relación fundada en lo que se comparte: la referencia a Dios, la responsabilidad por el mundo y la vocación de construir vínculos de cuidado mutuo. En esta línea, advirtió del riesgo de que el diálogo judeocristiano se reduzca a una alianza circunstancial y defendió la necesidad de una unión más profunda, basada en una conciencia común y en el reconocimiento positivo de la otra tradición.

Redescubrir la raíz judía de la Iglesia
A continuación, Elio Passeto, Superior de la Congregación de Nuestra Señora de Sión en Israel, centró su intervención en el significado teológico de Nostra Aetate y en su recepción en la vida de la Iglesia. Recordó el contexto del Concilio Vaticano II y explicó que el número 4 de la declaración, dedicado a la relación con el pueblo judío, tuvo un proceso de elaboración complejo pero acabó convirtiéndose en uno de los textos más fecundos del Concilio.
Subrayó que la declaración permitió redescubrir una verdad esencial: la Iglesia nace en un contexto judío y no puede comprenderse a sí misma sin esa raíz. Jesús, María y los apóstoles pertenecen al pueblo judío, y la novedad cristiana solo puede entenderse plenamente desde ese horizonte. En este sentido, insistió en que Nostra Aetate no crea una teología nueva, sino que recupera elementos fundamentales que habían quedado oscurecidos, recordando que la Iglesia no puede olvidar que ha recibido la revelación a través del pueblo de Israel.
Asimismo, señaló que, aunque los avances en estos 60 años han sido importantes, el proceso está lejos de haberse completado y requiere un mayor desarrollo en la formación, la catequesis y la vida pastoral, especialmente para que estas enseñanzas lleguen más allá del ámbito académico.
La recepción en el magisterio reciente
La tercera intervención, a cargo de Marcos Aparicio, se centró en la recepción de Nostra Aetate en el pontificado del papa Francisco. Su exposición destacó tanto los gestos como las palabras del Papa, subrayando que el diálogo judeocristiano no se sostiene solo en documentos, sino también en el encuentro personal.
En continuidad con sus predecesores, Francisco ha insistido en dos aspectos fundamentales: el reconocimiento de las raíces judías del cristianismo y el rechazo absoluto de toda forma de antisemitismo. Aparicio recordó algunos de sus gestos más significativos —como sus visitas a Tierra Santa, a la sinagoga de Roma o a Auschwitz— y explicó cómo estos expresan una línea coherente con la enseñanza conciliar.
Desde el punto de vista doctrinal, destacó la afirmación de la irrevocabilidad de la alianza de Dios con Israel y el rechazo de la teología de la sustitución, subrayando que la relación entre judaísmo y cristianismo tiene un carácter singular, distinto del que la Iglesia mantiene con otras religiones. También señaló tareas pendientes como profundizar en el diálogo teológico, fortalecer la formación y ofrecer un testimonio común en cuestiones éticas y sociales.

Un diálogo abierto: retos actuales
El encuentro concluyó con un diálogo abierto que permitió abordar cuestiones especialmente relevantes para el momento actual. Entre ellas, se planteó si el diálogo judeocristiano ha alcanzado un grado suficiente de desarrollo o si sería necesario un nuevo impulso semejante al de Nostra Aetate. Las respuestas coincidieron en señalar que ya existe un amplio desarrollo doctrinal, pero que el verdadero reto está en su recepción efectiva, especialmente en el ámbito pastoral y educativo.
Se subrayó la necesidad de trasladar este trabajo a las parroquias, a la catequesis y a la formación ordinaria de los fieles, donde todavía persiste un notable desconocimiento. También se abordó la cuestión del antisemitismo y la dificultad de hacer llegar el mensaje del diálogo a la sociedad, insistiendo en la importancia tanto de las iniciativas institucionales como del testimonio personal y la cercanía humana.
Una tarea abierta para el presente y el futuro
La jornada puso de manifiesto que, sesenta años después de su promulgación, Nostra Aetate sigue siendo un texto decisivo y plenamente vigente. Su recepción no está cerrada, sino que continúa abierta como un camino que exige profundización teológica, desarrollo pastoral y compromiso personal.
Con este encuentro, la UESD reafirma su implicación en el diálogo judeocristiano y en la transmisión de una enseñanza conciliar que sigue iluminando la relación entre la Iglesia y el pueblo judío, invitando a seguir avanzando en el conocimiento mutuo, el respeto y la colaboración.