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En el marco del acto académico celebrado con motivo de la fiesta de Santo Tomás de Aquino, la UESD hizo entrega de la Medalla de Plata de la Universidad a cinco miembros de su comunidad que cumplen veinticinco años de dedicación y servicio a esta casa. El reconocimiento quiso expresar el agradecimiento institucional a quienes, “con entrega constante y silenciosa, han sostenido la vida académica e institucional de la universidad durante un cuarto de siglo”, tal como se subrayó en la presentación del homenaje. La UESD rindió así homenaje a tres profesores y dos miembros del Personal de Administración y Servicios, cuya fidelidad diaria, competencia profesional y compromiso con la formación de generaciones de alumnos constituyen un verdadero testimonio de vocación y pertenencia. Recibieron la Medalla de Plata los profesores Antonio Ciudad Albertos, Manuel José Crespo Losada y Alfonso Lozano Lozano, así como Celinda García Fernández y Ana Gómez Hernández, del Personal de Administración y Servicios.

En nombre de los homenajeados, Manuel José Crespo Losada pronunció un discurso de agradecimiento que comenzó en latín, en un gesto cargado de simbolismo académico, para continuar en español con una intervención marcada por la memoria agradecida y la reflexión sobre la misión universitaria.

Desde su experiencia personal, evocó un recorrido vital y profesional en el que se entrelazan la docencia, la investigación y la vida familiar, recordando a profesores, colegas y responsables académicos que marcaron su trayectoria. Más allá del recuerdo biográfico, subrayó que estos veinticinco años solo se comprenden desde la acción providente de Dios y desde la conciencia de servicio compartida: “sería ingrato no sentirnos agradecidos por lo que el Señor nos ha deparado al calor de esta institución”.

En su reflexión final, destacó que la UESD nace para servir a la Iglesia desde su propia identidad eclesial, y que quienes forman parte de ella —profesores, personal y alumnos— están llamados a vivir su trabajo como algo más que una tarea profesional. En este sentido, animó especialmente a los estudiantes a comprender el estudio como una forma concreta de servicio, recordando que “no hay misión sin formación” y que la mesa de estudio puede convertirse en un verdadero altar donde ofrecer el tiempo y el esfuerzo al servicio del bien común y de la Iglesia.

Tras el acto, algunos de los homenajeados compartieron brevemente lo que estos veinticinco años han significado para ellos. Para Alfonso Lozano Lozano, uno de los aspectos más significativos ha sido la estabilidad y fecundidad del trabajo docente: un espacio que permite “un trabajo sistemático con la verdad y su comunicación”, así como una confrontación continua con los alumnos que se vive como un auténtico regalo y un camino de libertad interior.

Desde el ámbito del Personal de Administración y Servicios, Ana Gómez Hernández expresó su profunda satisfacción por formar parte de la UESD, destacando no solo la dimensión académica, sino la calidad humana y la cercanía de las personas que han pasado por la universidad a lo largo de estos años. En una línea similar, Celinda García Fernández compartió la emoción de quien ha crecido junto a la institución desde muy joven, subrayando que en la UESD no solo ha encontrado un lugar de trabajo, sino también una familia y compañeras convertidas en amigas.

Por su parte, el profesor Antonio Ciudad Albertos definió su paso por la universidad como una “experiencia preciosa”, que le ha permitido descubrir una segunda vocación, la de profesor, profundamente unida a su ministerio sacerdotal. Según explicó, la docencia le ha ayudado a ser más riguroso y mejor preparado, mientras que su vocación sacerdotal le ha permitido desarrollar una especial cercanía y empatía con los alumnos.

La entrega de las Medallas de Plata se convirtió así en un momento especialmente significativo dentro del acto académico de Santo Tomás de Aquino, poniendo de relieve que la vida universitaria se sostiene gracias al trabajo perseverante de quienes, día a día y durante años, hacen posible la misión formativa, investigadora y eclesial de la UESD.

Un reconocimiento que quiso ser, ante todo, un gesto público de gratitud y una invitación a seguir viviendo el servicio universitario como vocación, fidelidad y entrega al servicio de la Iglesia y de la sociedad.