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Como cada año, la UESD ha vuelto a vivir uno de esos días señalados que trascienden lo meramente académico para convertirse en auténtica experiencia de comunidad: el Torneo Deportivo del Rector. Entre las 13:00 y las 18:00, alumnos de distintos cursos se dieron cita en una jornada en la que el deporte, la convivencia y el buen ambiente fueron los verdaderos protagonistas.

Desde primeras horas de la tarde ya se percibía un ambiente especial en el campus: grupos de alumnos organizándose, camisetas deportivas, risas, saludos entre compañeros y ese aire de expectación propio de los días que prometen algo más que rutina. Poco a poco, el espacio se fue llenando de vida, con partidos simultáneos, corrillos de conversación y un ir y venir constante de participantes y espectadores.

Tal y como resume Inés Blasco, de 4º de Teología, “nos reunimos para compartir una tarde de diversión, buena barbacoa y crear comunidad”, una frase que recoge bien el espíritu de un encuentro que, año tras año, se consolida como uno de los momentos más esperados del calendario universitario.

Una comunidad que se construye también fuera del aula

Más allá de los partidos y la competición, el torneo volvió a demostrar que la vida universitaria no se limita a las clases, sino que se fortalece en estos espacios de encuentro. En ellos, alumnos que normalmente no coinciden pueden compartir tiempo, conversación y experiencias, generando vínculos que enriquecen la formación personal y comunitaria.

“Es un día distinto, en el que te das cuenta de que formamos algo más que una clase o una facultad”, comentaba una alumna mientras animaba a su equipo desde la banda. Otro estudiante añadía: “Aquí todos somos compañeros, independientemente del curso o del grupo. Eso es lo que hace especial este torneo”.

Entre partido y partido, no faltaban los momentos de descanso a la sombra, las conversaciones improvisadas o incluso los comentarios tácticos entre risas. Algunos repasaban jugadas, otros simplemente disfrutaban del ambiente. “Al final vienes por el fútbol o el baloncesto, pero te quedas por la gente”, comentaba otro alumno con una sonrisa.

Este ambiente de cercanía y sencillez es, sin duda, uno de los mayores valores de la jornada: un espacio donde la competitividad queda siempre en segundo plano frente al compañerismo, el respeto y la alegría compartida. Se respiraba un clima de auténtica convivencia universitaria, donde todos encontraban su lugar, ya fuera jugando, animando o simplemente participando del ambiente.

Un esfuerzo conjunto que hace posible la jornada

Detrás del desarrollo fluido del torneo hay un importante trabajo previo de organización. En esta edición, los delegados asumieron la coordinación del evento con el objetivo de implicar cada vez más a toda la universidad. Aun así, como reconocen los propios alumnos, el papel de la Secretaría General y de los equipos de administración e informática ha sido fundamental para que todo saliera adelante.

A ello se suma la labor silenciosa pero imprescindible de los voluntarios, que hicieron posible que todo funcionara durante la jornada. “Qué hubiéramos hecho sin sus frutos secos para mantenernos en pie…”, comentaba con humor Inés, poniendo en valor esos pequeños detalles que marcan la diferencia en un día largo e intenso.

También ha sido clave la colaboración de la propia UESD, así como de distintos grupos y participantes, que con sus aportaciones han contribuido a crear un ambiente verdaderamente cuidado. “Hasta este año no me había dado cuenta del mucho trabajo y cariño que conlleva organizar algo así”, reconocía Inés, reflejando una realidad que muchas veces pasa desapercibida.

No faltaron tampoco esos gestos discretos que sostienen la jornada: quien ayuda a recoger, quien acerca agua a los jugadores, quien anima desde fuera o quien simplemente está pendiente de que todo vaya bien. “Se nota que hay mucha gente detrás que lo hace posible”, comentaba otro alumno, subrayando ese esfuerzo compartido.

Deporte con emoción hasta el final

En el plano deportivo, la jornada ofreció momentos de gran intensidad y emoción. Se disputaron competiciones de fútbol, baloncesto y voleibol —este último con categoría femenina—, con una participación amplia y entusiasta.

El baloncesto fue uno de los platos fuertes, con un partido especialmente vibrante entre Madrid y Getafe. Como explica Guillermo Navarro, delegado de 3º, el encuentro se resolvió “en los últimos minutos con dos tiros decisivos”, en un final muy ajustado que mantuvo la emoción hasta el último segundo. La tensión se notaba tanto en la pista como fuera de ella, con compañeros siguiendo cada jugada y celebrando cada canasta.

En fútbol, el torneo siguió un formato de fase de grupos y eliminatorias, con equipos diversos que aportaron dinamismo y competitividad. La final, disputada entre el Seminario de Madrid y el de Getafe, terminó con victoria para este último por 3-1. Más allá del marcador, lo que muchos destacaban era el ambiente: “Hay ganas de ganar, claro, pero siempre con respeto y buen humor”, señalaba un alumno tras el partido.

El voleibol, por su parte, sigue creciendo año tras año, especialmente gracias a la participación femenina. “Poco a poco cada vez somos más y es una verdadera alegría poder celebrarlo todos juntos”, afirmaba Inés, reflejando una evolución positiva que enriquece el conjunto del torneo.

Las celebraciones, los ánimos desde fuera del campo y los aplausos tras cada partido contribuían a un clima en el que cada encuentro era vivido intensamente, pero siempre desde la deportividad.

La barbacoa: tradición, encuentro y celebración

Si hay un elemento que se ha convertido ya en seña de identidad de este día es la barbacoa, auténtico punto de encuentro y descanso entre partidos. Organizada por Diego junto con el equipo de mantenimiento e informática, volvió a ser uno de los momentos más valorados por los asistentes.

El olor de la parrilla acompañó buena parte de la jornada, atrayendo a jugadores y espectadores por igual. No faltaron los comentarios elogiosos hacia la calidad de la comida, especialmente la panceta y la butifarra, que algunos describían entre risas como “¡puro bocato di cardinale!”.

Las mesas se convirtieron en lugares de encuentro donde se mezclaban conversaciones, risas y anécdotas del día. “Puedes perder el partido, pero si la barbacoa está bien, el día ya merece la pena”, bromeaba un alumno, reflejando el tono distendido del momento.

“Al final, lo mejor es poder sentarte, comer algo y hablar con gente con la que normalmente no coincides”, comentaba otro alumno, poniendo de relieve el valor relacional de estos espacios, donde el tiempo parece detenerse por un momento.

Un torneo que sigue creciendo

El torneo concluyó con la entrega de premios, en la que se reconoció a los equipos ganadores: el equipo neófitas en voleibol, el Seminario de Getafe en fútbol y el Seminario de Madrid en baloncesto. La entrega, sencilla pero significativa, estuvo acompañada de aplausos, felicitaciones y ese ambiente de satisfacción compartida tras una jornada intensa.

Sin embargo, más allá de los resultados, lo que permanece es la experiencia compartida. Un día que refuerza el sentido de pertenencia, que invita a mirar al otro como compañero y que recuerda que la vida universitaria se construye también en estos momentos sencillos pero profundamente significativos.

La sensación al final de la tarde era clara: cansancio físico, sí, pero también alegría, gratitud y ganas de repetir. “Te vas cansado, pero con la sensación de haber vivido algo que merece la pena”, resumía un alumno al recoger sus cosas.

Y quizá ahí esté la clave de este torneo: en ser, año tras año, un espacio donde la UESD se reconoce a sí misma como comunidad viva, donde cada edición suma nuevas experiencias y donde el deporte se convierte en un lenguaje común que une, integra y construye.