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Davide Tomaselli, profesor de la Facultad de Literatura Cristiana y Clásica San Justino de la UESD, ha publicado en El Debate un artículo en el que reflexiona sobre el valor insustituible de la presencia física en la educación, especialmente en un contexto marcado por el desarrollo de la inteligencia artificial y la creciente digitalización de la enseñanza.

El texto nace de una experiencia personal vivida por el autor durante una exposición cultural. Al finalizar una visita guiada, la directora de un museo italiano se acercó a él para agradecerle su explicación y le dijo: «Cuando te vi explicar, me di cuenta de que lo hacías con el cuerpo». Aquella observación, unida después a la lectura de la encíclica Magnifica humanitas, llevó al profesor Tomaselli a preguntarse qué significa realmente enseñar con la propia presencia.

A partir de esa intuición, el artículo plantea una cuestión especialmente actual: qué puede ofrecer un profesor que no pueda proporcionar la inteligencia artificial. Tomaselli reconoce que la IA es capaz de transmitir una gran cantidad de información en pocos segundos, pero subraya que hay algo que no puede sustituir: la conmoción ante la belleza de lo que se enseña, el asombro compartido, la pasión por la realidad y la comunicación viva que se produce a través de una voz, una mirada, un gesto o una presencia concreta.

En este sentido, el profesor de San Dámaso recuerda que enseñar no consiste únicamente en transmitir contenidos, sino en introducir al alumno en una experiencia de conocimiento. Lo expresa como un verdadero “cuerpo a cuerpo”: una relación en la que maestro y discípulo comparten tiempo, espacio, búsqueda y apertura a la verdad. Para sostener esta reflexión, el artículo pone en diálogo la enseñanza del papa León XIV en Magnifica humanitas con la tradición clásica y cristiana.

Tomaselli acude, en primer lugar, a Platón, señalando la importancia que el filósofo griego concedía a la oralidad y a la convivencia entre maestro y alumno para acceder a las cuestiones más decisivas. A continuación, se detiene en una carta de san Ireneo de Lyon, en la que el Padre de la Iglesia recuerda no solo las palabras de su maestro Policarpo de Esmirna, sino también sus gestos, su modo de vivir, el lugar donde se sentaba y hasta el aspecto de su cuerpo. Para el autor, este testimonio muestra que el verdadero maestro no comunica solo ideas, sino que encarna aquello que enseña.

El artículo concluye subrayando que esta dimensión encarnada de la enseñanza es particularmente importante en la transmisión del cristianismo. La fe cristiana no se comunica como una información abstracta, sino como una vida que pasa “de rostro a rostro, de mirada a mirada, de corazón a corazón”. En el fondo, señala Tomaselli, esta lógica se encuentra en el centro mismo del cristianismo: Dios ha querido hacerse visible y cercano en Cristo para que el ser humano pudiera conocerlo viendo y oyendo.

Con esta publicación, el profesor Davide Tomaselli ofrece una reflexión de gran actualidad sobre la misión educativa, la presencia del maestro y el valor de una enseñanza que no se reduce a datos, sino que acontece en el encuentro vivo entre personas.

Aquí el enlace al artículo:

https://www.eldebate.com/religion/20260707/carne-maestra-cuerpo-cuerpo-educacion-tiempos-ia_436868.html