José Antúnez, decano de la Facultad de Filosofía de la UESD, ha publicado en Alfa y Omega el artículo “Hantavirus: sistema de referencia al desnudo”, una reflexión en la que, a partir de la reciente crisis sanitaria vinculada al hantavirus, propone volver la mirada hacia una cuestión esencial: cómo nos situamos ante el otro, especialmente cuando aparece el miedo.
En su texto, Antúnez parte de una constatación profundamente humana: vivir y actuar junto a otros es una realidad que nos engrandece, nos permite construir en común y sacar lo mejor de nosotros mismos. Sin embargo, advierte de que las situaciones de crisis pueden revelar con facilidad la fragilidad de nuestras miradas y hacer que olvidemos lo más básico: que el prójimo debe ocupar el centro de nuestro sistema de referencia.
El artículo reconoce el temor que despierta la palabra “virus”, especialmente después de la experiencia de la COVID-19. Pero el decano de Filosofía subraya que lo verdaderamente humano y cristiano no consiste en dejarse dominar por el miedo, sino en afrontarlo “con racionalidad y verdad, con corazón y humanidad”. En este sentido, alerta contra los discursos que convierten el miedo en motor de reacción social, porque, aunque pueda parecer libre, termina cegando la mirada y reduciendo nuestra capacidad de juicio.
La crisis del hantavirus sirve así como punto de partida para una reflexión más amplia sobre la responsabilidad personal y social. Antúnez recuerda el agradecimiento expresado por León XIV al pueblo canario por su acogida a los afectados del barco del hantavirus, y destaca la actitud de quienes, en medio de la incertidumbre y la polémica, supieron ver antes que nada a personas necesitadas de atención y cuidado.
Para el autor, el episodio no debe leerse desde claves ideológicas o intereses contrapuestos, sino desde una pregunta más honda: qué hacemos ante el rostro de quien sufre. “Mi sistema de referencia queda al desnudo ante este barco y cada rostro”, afirma en el artículo. La crisis, por tanto, no solo interpela a las instituciones o a los responsables sanitarios, sino también a cada persona, a su modo de mirar, de juzgar y de responder.
Antúnez insiste en que no se trata de ingenuidad ni de despreciar las medidas de seguridad necesarias. Al contrario, considera imprescindible actuar con rigor, transparencia y responsabilidad. Pero advierte de que el miedo, incluso cuando existe un riesgo real, no puede justificar la indiferencia ni la huida ante quien necesita ayuda. La respuesta verdaderamente humana exige unir prudencia y cuidado, verdad y compasión, responsabilidad sanitaria y reconocimiento de la dignidad de cada persona.
En esta línea, el decano de la Facultad de Filosofía propone recuperar lo que denomina el “sistema de referencia prójimo”: una forma de situarse ante la realidad que no parte del cálculo ideológico, del interés propio o de la reacción emocional, sino del reconocimiento del otro como alguien cuya humanidad me concierne. Para quienes tienen a Jesús como referencia, señala, este servicio debería ser aún más claro: vivir desde el prójimo significa acoger en la propia humanidad la de cualquier otro.
El texto recoge también la pregunta evangélica “¿Y quién es mi prójimo?” y recuerda la respuesta de Benedicto XVI: “Cualquiera al que pueda ayudar”. A partir de ahí, Antúnez resume dos criterios esenciales para el abrazo al otro en su dignidad: que sea cualquiera, sin restricciones, y que esté en nuestra mano ayudarle.
La reflexión concluye con una llamada a las sociedades a no abandonar el principio prójimo como fundamento de la vida común. Cuando una comunidad sustituye ese centro por el miedo, la ideología o la indiferencia, se desconecta de aquello que permite construir auténticos bienes comunes. Por eso, el artículo invita a redescubrir lo humano como fuente de unidad, futuro y esperanza compartida.
En palabras del propio Antúnez, una sociedad solo será auténtica si descubre y redescubre lo humano y lo comparte. Desde esa convicción, el decano se suma al agradecimiento de León XIV al pueblo canario y concluye con un reconocimiento explícito a quienes, ante la crisis, vencieron el miedo con humanidad: “¡gracias pueblo canario!”.