La UESD, a través de su Cátedra de Teología de Vida Consagrada, ha celebrado del 29 de junio al 2 de julio las IV Jornadas de formación teológico-espiritual para la Vida Consagrada, que en esta edición han llevado por título “El don de la virginidad”.
Las jornadas, dirigidas por la Carolina Blázquez Casado, directora de la Cátedra, han querido ofrecer un espacio de reflexión, formación y comunión eclesial para profundizar en la riqueza espiritual, teológica y antropológica de la virginidad consagrada. La propuesta ha estado dirigida tanto a quienes se encuentran en etapas iniciales de formación como a quienes viven procesos de formación permanente dentro de la Vida Consagrada.
El título elegido para esta edición tenía una intención precisa: presentar la virginidad no sólo como una opción de vida o una exigencia ascética, sino ante todo como un don recibido. Desde esta perspectiva, la virginidad consagrada nace del amor mismo de Dios, un amor virgen que se entrega gratuitamente y que capacita a la persona para responder con una entrega total, libre y fecunda. La vocación a la virginidad aparece así no como una renuncia estéril, sino como una forma plena de amar, arraigada en el misterio de Cristo y abierta al servicio de la Iglesia y del mundo.
Durante cuatro días, de 10:00 a 13:00 h., distintos profesores ofrecieron una reflexión progresiva sobre el tema, articulando la dimensión bíblica, cristológica, antropológica y espiritual de la virginidad consagrada.

La primera jornada, celebrada el lunes 29 de junio, estuvo a cargo de Carlos Granados, dcjm, con la ponencia “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón”. Su intervención ofreció una aproximación bíblica al tema, mostrando cómo la virginidad está presente en el proyecto salvador de Dios desde el inicio y cómo todo el Antiguo Testamento, orientado hacia Cristo, permite reconocer figuras, anuncios y preparaciones de este don. La virginidad fue presentada así en relación con la alianza, la responsabilidad ante Dios y la orientación total del corazón hacia el Señor.
El martes 30 de junio, Samuel Sueiro Expósito, cmf, profundizó en la dimensión cristológica con la ponencia “Seguir a Cristo Virgen”. En ella se presentó a Cristo Virgen como respuesta filial al amor recibido del Padre. Desde esta clave, la virginidad consagrada no se entiende en primer lugar como una realidad funcional o disciplinar, sino como participación en el modo filial de amar de Cristo, que recibe todo del Padre y se entrega enteramente a Él y a los hermanos.
La tercera jornada, el miércoles 1 de julio, tuvo un enfoque más antropológico. M. Prado González Heras, osa, intervino con la ponencia “Una nueva fecundidad”, en la que abordó cómo la virginidad consagrada lleva a plenitud lo humano. Desde la condición filial de la persona, se mostró cómo el amor virgen no es ajeno a la estructura más profunda del ser humano, sino que expresa una forma de gratuidad, donación de sí y capacidad de generar vida. Esta fecundidad no se mide sólo desde categorías biológicas, sino desde la capacidad de engendrar vida espiritual, comunión, esperanza y testimonio.

El jueves 2 de julio, Teresa Barrera Cruz cerró el itinerario formativo con la ponencia “Aprendizajes para vivir la virginidad consagrada”. La jornada estuvo dedicada a la necesidad de educar toda la humanidad para aprender a amar desde esta vocación peculiar. Se ofrecieron claves para orientar los dinamismos de la persona —en la relación consigo misma, con los demás y con Dios— de manera que expresen con verdad y transparencia el don recibido. La virginidad consagrada fue presentada, en este sentido, como un camino que requiere formación, madurez afectiva, integración personal y apertura constante a la gracia.
Las jornadas concluyeron con la celebración de la Eucaristía, signo de la dimensión de comunión que ha querido estar presente en todo el encuentro. Además de su carácter académico, la iniciativa ha favorecido la relación entre distintas formas de Vida Consagrada, subrayando la importancia de caminar juntos desde la riqueza de los diversos carismas. La participación ha sido especialmente significativa. Las jornadas contaron con más de 70 inscripciones, entre ellas varias comunidades de vida contemplativa. Estuvieron representadas más de diez comunidades contemplativas, entre ellas Carmelitas, Agustinas, Oblatas de Cristo Sacerdote, Franciscanas y Clarisas. Presencialmente participaron entre 30 y 40 personas, pertenecientes a más de 20 institutos de Vida Consagrada.
Estas IV Jornadas han puesto de relieve la importancia de ofrecer espacios de formación teológica y espiritual que ayuden a pensar la Vida Consagrada desde la profundidad de la fe y desde los desafíos actuales de la Iglesia. En este sentido, la Cátedra de Teología de Vida Consagrada de San Dámaso se consolida como un ámbito de encuentro intercongregacional, reflexión académica y comunión eclesial. La reflexión sobre “El don de la virginidad” ha permitido redescubrir esta vocación como camino de entrega, fecundidad y testimonio. En una Iglesia llamada a vivir cada vez más desde la comunión y la sinodalidad, estas jornadas han mostrado que los distintos carismas no son realidades aisladas, sino dones al servicio del único Cuerpo de Cristo. La virginidad consagrada aparece así como una palabra viva para la Iglesia y para el mundo: una forma de amar que remite al amor primero de Dios, anticipa la plenitud del Reino y hace visible, en la historia, la posibilidad de una vida enteramente entregada.
