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Con motivo de la celebración de santo Tomás de Aquino el 28 de enero, el profesor de Filosofía de la UESD David Torrijos ha compartido en una entrevista con Alfa y Omega algunas claves sobre el significado de este santo como patrono de las universidades y sobre la actualidad de su legado intelectual. Torrijos sitúa la figura del Aquinate en el nacimiento de la universidad medieval y subraya que su aportación no fue únicamente la de un gran autor, sino la de un maestro capaz de enseñar con claridad y método en un momento en el que la institución universitaria estaba todavía en sus primeros pasos: “en el tiempo en que santo Tomás de Aquino era maestro, la universidad estaba, en cierto modo, recién inventada”.

En sus declaraciones, el profesor de la UESD destaca especialmente la forma de pensar y de enseñar de santo Tomás, marcada por la búsqueda de lo esencial y por un orden que ayuda a comprender. A su juicio, una de sus grandes virtudes fue saber “encontrar el nervio de la razón en las cosas” para poder explicarlas “con el orden más adecuado”. Esa capacidad se traduce, además, en un estilo pedagógico que sigue siendo ejemplar para el ámbito académico: “ser muy claro, conciso, no repetirse y organizar bien los contenidos”. No se trata solo de cualidades formales, sino de una manera de abordar el conocimiento que hace posible transmitirlo con rigor y con verdadera intención formativa.

Torrijos señala que, en el contexto universitario, estas virtudes cobran un valor particular porque santo Tomás no es recordado únicamente como un pensador brillante, sino como alguien que supo articular una síntesis capaz de sostener la reflexión cristiana a lo largo del tiempo. En la entrevista, lo expresa con una fórmula especialmente significativa: “fue capaz de enseñar la teología para siempre”. Esa fecundidad, explica, no nace de una búsqueda de originalidad entendida como ruptura, sino de un trabajo intelectual orientado a comprender y expresar con fidelidad lo recibido.

De hecho, el profesor plantea una idea muy sugerente: a veces se espera que un gran pensador sea revolucionario en el sentido moderno del término, pero en santo Tomás ocurre algo distinto. “A veces pensamos que un gran pensador tiene que inventar algo realmente revolucionario”, afirma, y sin embargo su grandeza consiste en otro tipo de profundidad: “tenía el gran deseo de transmitir lo que había recibido” —de la Sagrada Escritura, los Padres de la Iglesia y la filosofía griega— “de la manera más comprensible y racional posible”. Y es precisamente esa actitud, en apariencia “poco innovadora”, la que acaba dando lugar a una aportación verdaderamente nueva: “eso, que parece una gran apuesta por la no originalidad, acaba resultando bastante novedoso”.

El profesor de la UESD, que también forma parte de la Pontificia Academia de Santo Tomás de Aquino, subraya que el Aquinate no se limitó a reunir materiales, sino que alcanzó una comprensión capaz de ordenar y clarificar. En este sentido, destaca que no se trata de “recopilar” sin más, sino de un auténtico ejercicio intelectual: “logró entenderlos y hacerlos entender bien”. Comprender, añade, no es solo saber más, sino saber relacionar y dar profundidad: “ese esfuerzo de entender significa conectar una cosa con la otra” y alcanzar “una visión nueva, más profunda y aguda”.

Las palabras de David Torrijos, recogidas en Alfa y Omega, invitan así a volver a mirar a santo Tomás de Aquino como referencia para la vida universitaria: no solo por su talla como teólogo y filósofo, sino por su manera de enseñar, su rigor sereno y su capacidad de iluminar el pensamiento desde un orden que hace posible comprender. En un tiempo que reclama claridad intelectual y formación sólida, su figura sigue ofreciendo un modelo valioso para quienes viven la universidad como lugar de búsqueda de la verdad y de servicio a la Iglesia y a la sociedad.

Aquí el enlace a la noticia completa de Alfa y Omega:

https://alfayomega.es/santo-tomas-es-patrono-de-las-universidades-porque-sin-pretensiones-lo-explico-todo/