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La formación, que se desarrolla durante los meses de verano, prepara a los alumnos para iniciar en octubre sus estudios universitarios en español y facilita su incorporación a la vida académica, pastoral y cotidiana en España

La UESD celebra una nueva edición de su curso intensivo de español, una iniciativa destinada a los estudiantes internacionales que se incorporarán el próximo mes de octubre a las distintas titulaciones de la Universidad y que necesitan adquirir previamente los conocimientos lingüísticos necesarios para seguir las clases, comprender los materiales académicos y desenvolverse con autonomía en su vida diaria. El curso comenzó hace unos años, siendo impartido inicialmente por la profesora Ana María Navarrete. Tomó el relevo Isabel Ibarra García, que continúa vinculada a esta iniciativa, y cuenta este año con la incorporación de María García Ramos al equipo docente.

En la edición de este año participan veinte estudiantes procedentes, en su mayoría, de diferentes países del continente africano. Entre ellos se encuentran alumnos originarios de la República Democrática del Congo, Angola, Mozambique, Nigeria, Tanzania, Burundi y Costa de Marfil. En otras ediciones han participado también estudiantes procedentes de la India y de Estados Unidos, lo que convierte cada verano el aula en un espacio marcado por la diversidad cultural, lingüística y humana. Las lenguas maternas predominantes en el grupo de este año son el francés y el inglés, mientras que el portugués tiene una presencia menor que en convocatorias anteriores. Esta diversidad supone un reto añadido para los estudiantes, que deben comenzar a comunicarse en una lengua nueva al mismo tiempo que se adaptan a un país, unas costumbres y una realidad académica distintas.

La mayor parte de los participantes son sacerdotes con diferentes años de experiencia pastoral. El grupo cuenta también con un seminarista, un perfil que suele estar presente cada año en el curso. En ediciones anteriores han participado asimismo jóvenes estadounidenses que realizaban un año de reflexión y convivencia comunitaria en España. Todos ellos comparten un mismo objetivo: adquirir en pocas semanas una base sólida de español que les permita comenzar el curso académico con las mayores garantías posibles. A partir de octubre deberán asistir a clases impartidas íntegramente en español, leer textos especializados, realizar trabajos, participar en seminarios y afrontar exámenes en una lengua que, para muchos, era prácticamente desconocida antes de su llegada.

Una formación intensiva y orientada a la vida real

El curso comenzó el 1 de julio y se prolongará durante tres meses. Durante este periodo, los alumnos trabajan contenidos correspondientes principalmente a los niveles A1 y A2 del Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas. El objetivo inicial es que alcancen una competencia comunicativa básica que les permita presentarse, hablar de sí mismos, explicar de dónde vienen, describir a su familia, contar aspectos de su ciudad o país de origen y mantener conversaciones sencillas.

La enseñanza no se limita, sin embargo, al aprendizaje de vocabulario o de estructuras gramaticales. Las profesoras tratan de preparar a los estudiantes para las situaciones concretas que encontrarán durante su estancia en España: utilizar el transporte público, acudir al médico, realizar gestiones administrativas, hacer compras, pedir indicaciones, comprender horarios o expresar una necesidad cotidiana. Muchos de los alumnos llegan a Madrid apenas uno o dos días antes del comienzo de las clases. Por este motivo, el curso se convierte también en un primer espacio de acogida y acompañamiento. Las dudas que surgen en el aula no son únicamente lingüísticas, sino también culturales y prácticas. Los estudiantes preguntan por expresiones que escuchan en la calle, por costumbres españolas, por el funcionamiento de determinados servicios o por situaciones que han vivido desde su llegada.

De este modo, las clases les permiten aprender español y, al mismo tiempo, comprender mejor el entorno en el que van a vivir durante los próximos años. La lengua se presenta así no solo como una materia académica, sino como una herramienta fundamental para integrarse, relacionarse con otras personas y afrontar con confianza su nueva etapa.

El español al servicio de la misión pastoral

Una de las características propias del curso es su adaptación al perfil de los estudiantes y a las tareas que muchos de ellos desarrollarán durante su estancia en España. La formación tiene muy presentes tanto sus futuros estudios como la labor pastoral que realizarán en parroquias, comunidades religiosas y otras realidades eclesiales.

Desde el primer día, los alumnos leen cada mañana un fragmento del Evangelio en español. Esta práctica permite trabajar la comprensión lectora, la entonación y la pronunciación, pero responde también a una necesidad muy concreta: prepararlos para proclamar la Palabra de Dios en las celebraciones litúrgicas. Las profesoras escuchan individualmente a los estudiantes, corrigen los errores más frecuentes y les ofrecen indicaciones para que puedan leer de manera más clara y comprensible. Día tras día, los alumnos ganan seguridad, mejoran su fluidez y se familiarizan con un vocabulario que utilizarán habitualmente en su vida pastoral.

El curso busca, por tanto, que el español que aprenden tenga una aplicación inmediata. No se trata únicamente de superar un nivel lingüístico, sino de disponer de las herramientas necesarias para comunicarse con las comunidades a las que servirán, acompañar a las personas, mantener conversaciones, participar en reuniones y desarrollar con normalidad su ministerio. Esta orientación práctica se extiende al conjunto de las clases. Las actividades, los textos y las situaciones de comunicación se eligen teniendo en cuenta el contexto académico, eclesial y cotidiano en el que vivirán los alumnos.

Un ritmo exigente y una gran motivación

El carácter intensivo del programa exige constancia y un considerable esfuerzo personal. Aprender una lengua en tres meses resulta una tarea compleja, especialmente cuando los estudiantes deben asimilar cada día nuevos contenidos y comenzar a utilizarlos inmediatamente fuera del aula. Las jornadas lectivas requieren concentración, estudio y trabajo continuado. Además de asistir a clase, los alumnos deben repasar vocabulario, practicar las estructuras gramaticales, mejorar la expresión oral y acostumbrarse progresivamente a escuchar español en distintos contextos y con diferentes velocidades.

La necesidad de comenzar sus estudios universitarios en octubre supone una responsabilidad añadida. Los participantes saben que, en pocas semanas, tendrán que comprender las explicaciones de los profesores, tomar apuntes, leer obras académicas y comunicarse con sus compañeros en español. Esta circunstancia genera una cierta presión, pero también constituye una importante fuente de motivación. Las docentes destacan precisamente el esfuerzo, la disposición y la actitud de los estudiantes. Se trata de alumnos muy conscientes de la importancia del curso, que trabajan intensamente y aprovechan las oportunidades de aprendizaje. Su interés no se limita al aula: procuran escuchar, preguntar y poner en práctica lo aprendido en sus conversaciones y actividades diarias.

Aunque ningún curso de unas pocas semanas puede garantizar el dominio completo de una lengua, la experiencia de años anteriores muestra que los estudiantes alcanzan al final del verano una base suficiente para comenzar el curso académico con mayor seguridad y continuar progresando durante el año.

Un aula convertida en espacio de encuentro

Tras las primeras semanas de formación, los alumnos han comenzado ya a formar un grupo unido. A pesar de proceder de países distintos, hablar lenguas maternas diferentes y tener trayectorias personales diversas, comparten las mismas dificultades y el mismo deseo de aprender. En las clases surgen conversaciones y pequeños debates que muestran cómo los estudiantes van ganando confianza para expresarse. Al principio, cada palabra requiere un esfuerzo; poco a poco, empiezan a construir frases más amplias, a formular preguntas, a explicar sus opiniones y a ayudarse mutuamente.

Esta convivencia constituye uno de los principales valores de la experiencia. El aula se convierte en un lugar de encuentro entre culturas, sensibilidades y formas distintas de vivir la fe y el ministerio sacerdotal. Cada estudiante aporta su historia, la realidad de su país y la experiencia de las comunidades de las que procede. El aprendizaje del español se desarrolla así en un ambiente de colaboración y compañerismo. Los avances de cada alumno son también celebrados por el grupo, mientras que las dificultades se afrontan de manera compartida. En este contexto, la lengua común que están aprendiendo se transforma progresivamente en un vínculo de comunicación y fraternidad.

El comienzo de una nueva etapa

Para muchos de los participantes, el curso intensivo representa su primer contacto con la UESD y el inicio de una nueva etapa de su formación. Durante estos meses conocen el entorno universitario, se familiarizan con los espacios y comienzan a comprender la dinámica académica que encontrarán en octubre. Más allá del aprendizaje lingüístico, el curso les ofrece la oportunidad de sentirse acogidos desde su llegada y de establecer los primeros lazos con quienes serán sus compañeros. Les permite también afrontar de manera gradual el cambio que supone trasladarse a otro país y comenzar unos estudios superiores en una lengua diferente.

Cuando inicien las clases ordinarias, todavía tendrán mucho que aprender y deberán continuar mejorando su español. Sin embargo, llegarán a las aulas con una primera experiencia de la Universidad, un grupo de personas conocidas y unas herramientas lingüísticas básicas para poder desenvolverse. El curso intensivo de español constituye, de este modo, una preparación académica, humana y pastoral. Durante tres meses, los estudiantes no solo aprenden una nueva lengua: comienzan a construir el puente que les permitirá participar plenamente en la vida universitaria, integrarse en su nuevo entorno y desarrollar la misión para la que han venido a España.